Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
En Lugar de San Valetín
Eduardo García Gaspar
17 febrero 2012
Sección: LEYES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un tema nuevo en la política mexicana.

Quizá en muy pocas partes del mundo ha sido tratado como parte de un gobierno. Tiene que ver con la moral, la ética, o como quiera usted llamarle.

Al final de cuentas es la determinación de lo bueno y de lo malo. De cómo debemos tratarnos, mal, bien, con amor, con odio.

No es un tema de escasa importancia, al contrario. Presenta sus problemas serios.

Sobre todo el de definir qué es lo bueno, lo moralmente aceptado (y lo malo y reprobable).

Una de las soluciones es obvia, o al menos ahora nos lo parece: lo bueno es lo que va de acuerdo con la naturaleza humana, lo que permite su realización, su propósito esencial. No está nada mal.

Pero hay un problema, el de definir la naturaleza humana. Un campo en el que hay opciones (que tomé de Morris, T. (1999). Philosophy for Dummies (1 ed.). IDG Books).

• Una de ellas es la de tomar a Dios y los mandatos que nos ha revelado, en especial el amarnos. Esos mandatos son buenos para nuestra naturaleza. No es una opción a desechar, ni siquiera por los ateos. Los Diez Mandamientos son un buen ejemplo de la sabiduría de esta opción.

• Hay otra posibilidad. La de mandatos morales creados por los seres humanos por vivir en sociedad. Por ensayo y error, fueron creándose reglas éticas que llevan a una mejor convivencia. Es como una especie de contrato moral aprobado por todos. Es curioso que en lo general coincidan con los mandatos de Dios.

• No para allí la cosa. Usted puede definir al ser humano como un buscador de placeres que evita dolores. Y entonces surge una especie de búsqueda utilitaria general. Esta mentalidad es la que justifica dañar a unos pocos si con ello se beneficia a un número mayor. Ya no se parece en nada al contrato moral ni a los mandatos divinos.

• También, puede usted volverse filosófico y ponerse a razonar sin acudir ni a Dios, ni a contratos, ni a utilidad material. De aquí salen ideas como la de comportarse de la manera en la que uno quisiera que se comportaran todos. No está mal. Es lo que manda tratar al resto como quisiéramos ser tratados. Curioso que también se parezca a los mandatos divinos.

• Hay una opción posible más, la de tomar la idea de la supervivencia de la especie y de allí derivar principios morales basados en la biología. Debo confesar que no me convence porque tiene una visión demasiado limitada a lo evolutivo. Pero es otra de las posibilidades.

• Finalmente, existe otra opción, la de las virtudes en su concepto filosófico derivado de la razón. No hay aquí influencia religiosa, ni del contrato moral. Se trata del cultivo de las cosas que hacen florecer al ser humano. Es lo que hemos escuchado: buscar la verdad, la belleza, la bondad, la espiritualidad.

¿Complicado el asunto? Por supuesto. No hay respuestas fáciles.

Hay opiniones y teorías que pueden contradecirse. Y, sin embargo, existe un aspecto optimista, el de un cierto acuerdo sobre lo que es mal al ser humano. En eso hay buenas coincidencias, que son como acuerdos mínimos aprovechables.

Aceptamos que matar y robar es malo, de lo que derivamos otros mandatos, como lo reprobable que es mentir. Más aún, de allí derivamos leyes decretadas por gobiernos.

Y es entonces donde entramos al tema que bien vale una segunda opinión.

Las leyes humanas, el derecho decretado por un gobierno, la constitución de un país y lo que de ella salga tienen un origen superior: el de la moral, o la ética, eso que se piensa es bueno para la naturaleza humana.

Esto es un centro neurálgico fantástico, porque impide a los gobiernos emitir leyes en contra de esa moral. Una ley que permita el asesinato iría en contra de la esencia humana.

Si usted desaparece a la moral o a la ética, todas las leyes gubernamentales tendrían un camino libre y sin frenos. La autoridad podría decretar lo que sea. Ninguna ley podría ser calificada como injusta, ninguna.

Y esto es precisamente lo que puede estar sucediendo ahora mismo en México con uno de los candidatos y su propuesta de dar al gobierno la responsabilidad del amor, es decir, de la moral y la ética.

Cuando el amor es decretado por la autoridad, la primera víctima es el mismo amor. No pude él ser sujeto de decretos, ni de leyes humanas.

Es, sí, sujeto de la moral, de la religión, de cada persona. Jamás del gobierno que es él fuerza y coerción.

El amor es voluntario y libre, no legal y forzado. Usar al amor en una plataforma política es un sucio truco de marketing. Es eso y nada más que eso, poner a un candidato dentro de una postal como San Valentín y esperar ingenuidad en el votante.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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