Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Ensueño Electoral
Eduardo García Gaspar
4 enero 2012
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La apariencia es muy engañosa, muy engañosa.

Tiempos electorales, como ahora en México, presentan el aspecto positivo de una renovación de gobierno, un cambio pacífico de autoridades.

No está nada mal, al contrario. La mayoría elegirá un nuevo gobierno.

Esa es la fachada. Una especie de portada de buen ver y agradable a la vista, que a todos gusta. Es la democracia, se nos dice, y eso todo lo resuelve.

La verdad es que no. Bajo ese exterior tan atractivo, los votos bien pueden estar seleccionado no tanto un nuevo gobierno, sino el nuevo tipo de despotismo bajo el que se vivirá.

¿Una exageración? No, en realidad, las votaciones democráticas de muchas partes son al final de todo el conteo de votos que llevará al poder a un gobierno opresor, de entre las opciones opresoras que se disputaron el poder en las elecciones.

Mi punto es un tanto avinagrado: las elecciones mexicanas, en 2012, presentan sólo alternativas de gobiernos excedidos.

El tema bien vale una segunda opinión para mostrar el lado menos amable de las elecciones políticas.

Cuando los partidos y sus candidatos se presentan como soluciones a todo problema, como fabricantes de remedios garantizados, como restauradores de sociedades ideales, es entonces cuando más debe temerse al despotismo oculto en las elecciones.

La verdad es que nadie en este mundo tiene el poder que esos partidos y candidatos suponen.

Nadie es la solución de todos los problemas, nadie tiene el remedio absoluto para instaurar una sociedad justa, nadie posee el conocimiento que todo puede resolver. Nadie. Y, sin embargo, eso es precisamente lo que promueven los candidatos en sus promesas electorales.

Es realmente asombroso que eso prometan. Es inconcebible que eso sea creído por buena parte del electorado.

De allí mi miedo al despotismo implícito en las elecciones de una democracia. Los candidatos prometen crear sociedades ideales, justas, prósperas, verdaderas utopías, que sólo serán posibles en caso de ser elegidos.

No exagero, uno de los candidatos mexicanos ha prometido un sistema político amoroso (!). Bajo todas esas promesas, se encuentra la clave del asunto: todo lo prometido será posible si tal o cual es elegido y dotado del poder necesario para establecer su sueño personal.

La cosa puede ser vista en dos planos.

Primero, el plano atractivo, el de las promesas electorales. Todos los candidatos prometen solucionar problemas, crear progreso, resolver pobreza, tener justicia… lo que a usted se le ocurra, eso prometen. Hasta cifras de crecimiento y de creación de empleos.

Pero el segundo plano es el más revelador. Todo eso que prometen puede lograrse con una condición obligatoria: debe el candidato elegido tener todo el poder para aplicar sus ideas, para implantarlas sin límites ni obstáculos. Este es el componente déspota al que me refiero y que suele pasar desapercibido.

Las promesas electorales ocultan la realidad. Los electores se distraen y confunden viendo candidatos en campaña, creyendo que su tarea es elegir al que les dé la mejor impresión general.

Las campañas electorales adormecen las conciencias de las personas, les hacen pensar que efectivamente si tal o cual candidato llegara al poder, el país cambiaría milagrosamente… si se le dejara actuar sin frenos.

Ese ese actuar sin frenos lo que queda oculto en el sueño electoral que reduce la prosperidad del país a la elección de un nuevo gobernante. Ese nuevo gobernante llega al poder envuelto en un manto que le hace verse como el salvador de los oprimidos, el redentor de la nación y el fundador de un nuevo orden milagroso. ¿Quién se opondría a las ideas de tamaño personaje?

Esto es lo que digo que está mal, lo que oculta al despotismo implícito del plano atractivo de las promesas electorales.

El electorado, en buena parte, vota entre opciones que sólo representan variaciones en la intensidad del despotismo que se ejercerá. Todas eses opciones son variaciones de un mismo tema, el del gobierno crecido, caro, excedido, que habiendo prometido todo, termina pudiendo hacer muy poco.

Y el electorado, desilusionado con los resultados, comenzará en las siguientes elecciones un nuevo ciclo de ilusión electoral que con ingenuidad pensará que cambiando al gobernante, dándole todo el poder, ahora sí todo será mejor.

Ha sido dicho que el regreso del PRI a la presidencia sería un peligro, lo mismo que se dice del PRD y del mantenimiento del PAN en la presidencia. Tienen razón: no importa quién llegue a la presidencia, siempre será un peligro para las libertades de los ciudadanos. Esos tres partidos sólo difieren en la intensidad de su idea de hacer crecer al gobierno aún más.

Post Scriptum

Dadas las promesas electorales escuchadas hasta ahora, los tres principales partidos políticos mexicanos, presentan sólo variaciones sobre un gobierno que debe ser más grande, que debe tener más responsabilidades, que debe crecer. No existe en el país una sola opción que sea distinta.

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