Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Equidad, Elecciones, Efectos
Eduardo García Gaspar
12 abril 2012
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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Es un problema de espontaneidad versus rigidez. De fuerza contra libertad.

Todo comienza con un mandato, según se reportó: una obligación de cuota femenina en las elecciones mexicanas de 2012.

Concretamente, 40% de los candidatos deben ser mujeres. Si no se cumple, todos los candidatos serán anulados. Incluyendo a los hombres.

Eso estableció el Instituto Federal Electoral, basado en la ley: si no hay ese porcentaje de candidatas, todos los candidatos del partido afectado serán cancelados.

Un problema serio si acaso los partidos no tienen esa cantidad de mujeres que desean ser candidatas. Un problema no teórico, sino real.

Varios partidos, de maneras diversas, lo expresaron. Por la razón que sea, no hay mujeres suficientes con intenciones de ser candidatas.

En fin, un choque entre la realidad y la ley, entre una intención y la verdad. Por las razones que sea, la política no atrae a suficientes mujeres.

¿El origen de la situación? Una mentalidad mal dirigida, que intenta evitar la discriminación femenina. Lo intenta por medios forzados, las cuotas obligatorias de su sexo.

Y, también, una realidad obstinada que se empeña en no obedecer las intenciones de algunos. Más un efecto imprevisto, las “juanitas”: mujeres que permiten cumplir la cuota femenina, pero renuncian para dar su puesto a un hombre, que siempre fue el candidato real.

En fin, si los partidos respetan el mandato, harán algo: cancelarán el registro de hombres candidatos, a quienes reemplazarán con mujeres candidatas. De hecho lo están haciendo o ya lo hicieron, según se reporta. Fascinante situación, que bien merece una segunda opinión.

Intentemos ser más o menos racionales, una tarea difícil para un gobernante.

¿Quiere alguien que existan mujeres en puestos públicos? Perfecto, no es una mala idea, al contrario. Para lograrlo, se tiene una opción razonable: evitar la discriminación abierta de mujeres que quieran ser candidatas. Todos tienen la misma oportunidad, hombres y mujeres.

Hay, por supuesto, otra opción, esa de la cuota forzada de mujeres. Podría ser una proporción menor, digamos de 25%, si se sabe que no hay muchas de ellas con deseos de ser candidatas. O puede ser mayor, del 40 o 50%, un mandato que será aplaudido, pero difícil de cumplir si no hay suficientes… como está sucediendo.

Este tipo de problemas, peor aún, altera la calidad de los políticos y del gobierno. Un ciudadano medianamente razonable busca el primer lugar, como gobernante, a uno con ciertas cualidades. Querrá un candidato honesto, experimentado, conocedor, lo que usted quiera.

Que sea hombre o mujer, es lo de menos.

Visto de otra manera, para intentar corregir un problema, el de la discriminación femenina, se produce una serie de efectos colaterales no previstos: los partidos tienen dificultades para cumplir con la cuota, se deja de considerar la calidad del candidato, se cometen injusticias en contra de candidatos preparados, se favorecen candidatos con menos méritos.

El mandato de cuotas femeninas crea situaciones potenciales injustas: candidatos preparados de buen nivel pueden ser cancelados por el hecho de ser hombres, un acto discriminatorio en reversa.

Es decir, para corregir una situación de discriminación se hace un apartheid hacia la otra dirección. No tiene sentido. Una mujer con bajas calificaciones, por el hecho de ser mujer, reemplazaría a un hombre mejor preparado.

No es un tema nuevo, pero ha sido poco tratado por razones de corrección política. Quien habla de lo malo que es tener cuotas obligatorias de mujeres suele ser objeto de lis insultos estándares del caso.

Más aún, situaciones como ésta son objeto de estudios serios, son la materia prima de la Teoría de Consecuencias no Intencionales.

Ella estudia los casos en los que se realiza una acción con las mejores intenciones que se puedan tener y, a pesar de esos deseos, la acción empeora el problema que quería remediar creando problemas de otro tipo, no previstos.

Nadie está en contra de evitar la discriminación femenina. Pero el tratar de remediarla con una solución que fuerce a los partidos a un cierto porcentaje de candidatas mujeres es una muy mala idea.

Mala por tener efectos colaterales que podían haber sido previstos por casi cualquiera. Un problema de terquedad supina.

Post Scriptum

La noticia fue reportada por Mexico Institute’s Election Guide.

Hay más sobre el tema general en ContraPeso.info: Efectos no Intencionales.

Un caso extremo ayuda a entender esto. Suponga usted que se fuerza a los hospitales a tener 40% de mujeres doctoras en cada especialidad. La medida será aplaudida por algunos ingenuos, pero de inmediato emergerá la realidad: no hay suficientes neurocirujanas para cumplir con la cuota.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Equidad, Elecciones, Efectos”
  1. Alejandro Dijo:

    Vaya, normalmente no opino tanto en un sitio, pero usted me lo ha puesto difícil (por lo bueno de los temas). Al punto, me pregunto ¿por qué queremos combatir un problema, como este de la discriminación, usando una versión reeditada de la Ley del Talión? Usar “discriminación positiva” crea un efecto no deseado porque no se ataca el problema real, sino que se usa la misma conducta en sentido contrario que sólo genera un choque de trenes y lo que es peor, refuerza una conducta indeseada (la discriminación). Lo ideal es combatir la causa, no los efectos. Felicidades por sus artículos.





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