Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es la Peor Noticia
Eduardo García Gaspar
26 marzo 2012
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Los gobiernos que tienen como misión hacer felices a sus gobernados terminan siempre haciéndolos infelices.

Es una regla política que apunta que la felicidad de la gente no es una meta gubernamental.

La felicidad es un concepto tan personal que debe ser dejado en manos de cada quien, no en manos burocráticas.

Un caso explica esto.

Vayamos a Bután, el país asiático (al norte de Bangladesh). En ese reino, sin salida al mar, en 1990 se hizo algo notable: fueron expulsadas cien mil personas por ser de una etnia diferente a la local.

Fue reportado que esta medida incrementó la felicidad general de la población. Un caso extremo, pero muestra el peligro de hacer que el gobierno sea el responsable directo de la felicidad de sus gobernados.

En ese caso sucedió algo que ilustra el peligro del que hablo. Sí, los habitantes de Bután aumentaron su felicidad, según se reporta, pero eso fue a costa de la infelicidad de esos cien mil.

Es reprobable a todas luces. La felicidad de la mayoría no puede justificar el sacrificio de otros. Pero eso es lo que sucede cuando el gobierno se hace cargo de la felicidad colectiva, la vuelve felicidad mayoritaria y sacrifica minorías.

Esto es lo que creo que bien merece una segunda opinión.

Si un gobernante se hiciera cargo de hacer felices a todos los ciudadanos, tendría que conocerlos a todos personalmente, uno por uno. La razón de esto es que no hay dos personas iguales y por lo mismo no hay dos felicidades iguales.

Es absurdo pensar en un gobierno que piense que a Pedro le gustaría esto, pero a Pablo lo otro y a Juana esa otra cosa, y a Jacinta no le gusta lo mismo que a Luis.

Ya que no puede conocer a todos individualmente, la única posibilidad que tiene el gobernante es imaginar él lo que la gente quiere para ser feliz. Ya no es la felicidad real e individual la que cuenta, sino lo que sea que crea el gobernante.

Pero tampoco puede el gobernante llegar a una idea de felicidad general para todos, pensará en términos de grupos o colectividades, entre los que elegirá prioridades.

Según los gustos personales del gobernante, podrá prioridades a los grupos que él ha creado y a quienes intentará hacer felices de acuerdo con lo que él imagina.

El resultado de hacer esto es doble: a sus prioridades impondrá la felicidad que él piensa les conviene y a los grupos no prioritarios estará dispuesto a dañarlos sin con ello cree que se logra la felicidad de los otros.

Un efecto de la mentalidad del gobernante que busca la felicidad de sus gobernados está ilustrada en las ideas de la lucha de clases: para hacer felices a unos es necesario hacer infelices a otros y eso es bueno y admirable, dicen.

Los sistemas de apartheid son similares. Los de sumisión femenina también. Y todos nacen de esa idea del gobierno encargado de la felicidad del ciudadano.

Hay otra manera mejor de enfrentar el problema. Aceptemos que el gobernante realmente está interesado en que sus gobernantes sean todo los felices que se pueda.

En lugar de hacerse él cargo directamente de su felicidad, lo que puede hacer es tratar de lograr las condiciones más propicias para que cada persona haga lo que pueda para ser feliz.

Este sistema tiene la ventaja de que no se impone una felicidad unitalla para todos, lo que de seguro no será del agrado de todos. Tampoco discrimina ni divide a la sociedad.

En el sistema anterior, el gobernante impone por la fuerza la felicidad que él cree que les es conveniente. Pero en este mejor sistema, no hay imposiciones, cada quien es libre de intentar ser feliz a su manera.

Y es un sistema mejor por otra razón: tiene una regla central básica y muy simple. Es la regla de que el logro de mi felicidad no puede dañar el logro de la felicidad del resto.

Aquí no hay grupos beneficiados ni dañados, no hay que conocer uno por uno a los ciudadanos, no se corre el riesgo de imponer felicidades que no gustan. No está mal.

Mi punto es el de colocar un aviso de alarma cuando usted y yo nos encontremos con un político que haga promesas que tengan como objetivo directo el hacernos felices. No hay peor noticia que ésa.

El resultado neto final será el de hacernos infelices. El pero gobernante que existe es ese que cree saber qué nos hará felices, porque él se equivoca de todas, todas.

Post Scriptum

La idea central ha sido antes tratada por F. Bastiat: nadie tiene el derecho de imponer sobre otro lo que él considera es una mejor vida; si las personas son todas iguales en términos de sus derechos, la única posibilidad es dejarlas libres para que cada quien haga esfuerzos y logre en todo lo que pueda la felicidad que él quiere.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras