Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Eso No Puede Repartirse
Leonardo Girondella Mora
19 enero 2012
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


En las tiempos electorales los gobernantes afilan su ingenio retórico y usan expresiones destinadas a tener un atractivo universal —como el reparto de la riqueza.

La frase es usada con frecuencia a pesar de no tenerse una buena idea de su significado.

Por ejemplo, en un acto reciente de campaña se reportó que “López Obrador subrayó que si se establece en México una verdadera democracia, un gobierno del pueblo y para el pueblo, entonces la riqueza de la Nación se va a distribuir…”.

Lo que quiero hacer en lo que sigue es examinar esa idea, la del reparto de la riqueza —y lo hago en puntos que espero aclaren su significado.

• La percepción común de todos —o casi todos— es entender a la riqueza como algo sólido, visible, posible de contar y partir. Una cosa que es posible guardar en una habitación, que puede ser atesorado, acumulado. Algo como una fortuna que se puede tocarse y transferirse de un lado a otro, o al menos dividirse.

• Esa percepción general tangible de la riqueza ha variado en el tiempo —hubo momentos en los que era la tierra un equivalente de riqueza y en la tierra se ponía toda la atención. Hubo otros en los que se creía riqueza a lo metálico, oro y plata, creyendo que en ellos estaba depositada la riqueza.

Otros tiempos creyeron que la riqueza eran los recursos naturales, especialmente el petróleo —y que una nación era rica sólo por el hecho de contar con esos recursos en abundancia. Igualmente, otras épocas pensaron que la riqueza era abrir plantas productoras de electricidad, o tener ferrocarriles, o fundidoras.

Todas estas ideas, por diferentes que sean, son similares en un sentido: son posibles de tocar, ver, dividir, contar, acumular.

La tierra puede verse, el oro puede contarse, el petróleo contarse, las fábricas acumuladas. Pero además, pueden dividirse, repartirse —la conclusión es obvia: sí, la riqueza puede repartirse, llega a pensarse, puede distribuirse, que es precisamente lo que prometen los gobernantes.

• No hay, me parece, promesa más atractiva que la de dar gratuitamente —de allí que sea el reparto de riqueza un tema continuo en la política. El gobernante propone un mecanismo sencillo, tomar la riqueza de algún lugar, digamos tierras, y dividirlas. Toma esa llamada riqueza de su propietario y la divide entre otros.

• La única manera de poder dividir y repartir la riqueza es suponer que ella sea eso sólido, visible, posible de contar y partir en trozos —que sea algo externo, existente por sí mismo, como el oro. Pero si se demostrara que la riqueza no es eso externo, divisible, repartible, todo cambiaría.

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Llego así a mi punto y que es proponer que la riqueza no es algo externo, ni puede ser tocado, ni dividido —no es oro, ni tierras, ni petróleo. La riqueza no es una cosa tangible, ella está dentro de las personas: son sus ideas, sus iniciativas, las implementaciones, todo eso que toma lo ya existente y le da valor.

Un ejemplo: el petróleo de nada vale sin una idea de qué hacer con él, de cómo usarlo, procesarlo, modificarlo —y todas esas acciones están dentro de la persona, son sus ideas y sus proyectos. Nada de esto puede ser repartido, dividido, distribuido.

Esta es la razón por la que las distribuciones de la riqueza, como la propuesta por López Obrador y muchos otros, fracasan.

Confunden ellas la riqueza, por ejemplo, tierras, y las reparten sin considerar que la riqueza está en la mente de la persona que emplea ese bien mejor que otros —las tierras terminan en manos del que no tiene ideas para darles valor, para convertirlas en algo productivo.

• Una modalidad del reparto de la riqueza es la de imponer impuestos altos a los ingresos mayores: el fondo recolectado se reparte de diferentes maneras a otros, pero cayendo en la misma confusión —la de creer que el dinero es riqueza cuando es simplemente algo tangible, no riqueza en sí misma.

Cuando se hace esto, las distribuciones fracasan por el mismo motivo —con un efecto colateral adicional, el obstaculizar a la persona que tiene ideas para tomar cosas y volverlas útiles.

• La riqueza se crea y genera, por eso no puede ser repartida —porque el poder para generarla no existe fuera de la persona, sino entro de ella.

En resumen, he tratado de demostrar que la frase “repartir la riqueza” es una mentira —podrán repartirse los resultados de las iniciativas de las personas, pero no el poder para tenerlas e implantarlas.

Addendum

Hay en estas consideraciones un aire que recuerda al cuento de la gallina de los huevos de oro —creer que esos huevos son riqueza es una confusión, la riqueza está en la gallina misma que comiendo ciertos alimentos es capaz de convertirlos en algo valioso. Los huevos podrán repartirse, pero no la gallina que moriría en el intento.

Nota del Editor

Una anécdota contada por un amigo cuenta que un cierto pintor huyó de su país y al pasar por la aduana le fueron retenidos los cuadros que él había pintado: en la aduana se retuvo lo que se pensaba era riqueza, pero se dejó pasar a quien verdaderamente lo era.

Quiero añadir una idea que está en Gilder, G. (1985). El espíritu de la libre empresa. México: Lasserpress mexicana: quienes crean la mayor parte de la riqueza son los emprendedores y de esa creación vive el resto, especialmente los políticos. Gobernantes, intelectuales de izquierda, dictadores, todos ellos se sorprenden al ver que los recursos en sí mismos sirven de nada cuando son repartidos.

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