Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Eso Que no se Encontró
Eduardo García Gaspar
4 junio 2012
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


En momentos de encuestas de opinión, suele colocarse toda la atención en los hallazgos.

Aunque en ciertas ocasiones resulta más interesante lo que no se encuentra en la investigación.

Uno de estos casos es la encuesta sobre lo que los mexicanos quieren del presidente mexicano.

Encontraron, por ejemplo, que era más importante la experiencia (80%) que el nivel de estudios (20).

Poco más de la mitad, valoran que el presidente conozca a la gente y poco menos de la mitad, que sea un hombre preparado y culto. Otro rasgo deseado es el de ser realista y eficaz, con metas claras.

Por supuesto, se valora también la honestidad y que sea eficaz para hacer que el país crezca. Esto de un presidente eficaz fue especialmente valorado en segmentos de ingresos bajos. En segmentos más altos, la honestidad fue más valorada.

En fin, se trata de una serie de rasgos que se juzgan valiosos, en distinto grado, para el futuro presidente.

Lo que creo que bien merece una segunda opinión es el apuntar lo que no se encontró en esa investigación.

Para destacarlo, primero, debo enfatizar esa idea de que sea un presidente eficaz, que tenga metas claras, sea realista y fortalezca la economía. Esto muestra una mentalidad pragmática que busca resultados específicos en el desempeño de la economía del país.

¿Cómo? La investigación muestra que no importa mucho con tal de que se logren buenos resultados económicos. No hay en esa investigación, según se reportó, nada que indique que a las 803 personas entrevistadas les importe la mentalidad del presidente, sus creencias, su posición política.

Da la apariencia de que no se da importancia a si el presidente es socialista o liberal, conservador o progresista.

Nada de eso parece ser relevante. Lo que importa es que dé resultados. Por supuesto, importa y mucho que los gobernantes produzcan buenos resultados, que tengan administraciones eficientes.

No lo dudo, pero si es digno de notar la ausencia de la faceta ideológica del presidente. Da la impresión de que no importa.

Quizá sea que el electorado mexicano no tiene desarrolladas creencias políticas. Sin tener valores que definan posiciones personales en el espectro político, es muy lógico que sólo se ponga atención en los resultados.

O quizá sea que el electorado es meramente pragmático y que no le importe si el país siga siendo socialista o se convierta en liberal, con tal de tener una economía fuerte.

O, puede ser más probable, que el electorado esté acostumbrado a una mentalidad política única, el intervencionismo estatal, al que considera una constante en todos los candidatos. Habiendo crecido y sido educado en una sociedad que alaba la intervención estatal, el electorado no percibe otras posibilidades que las de una sociedad fuertemente intervenida por el gobierno.

Si esto es así, entonces el voto se decide por la impresión que causa cada candidato en cuanto a su capacidad para dar resultados.

Esto es algo que me he encontrado una y otra vez en conversaciones sobre el tema. En ellas la atención principal se centra en la aptitud percibida para fortalecer a la economía y remediar el problema del crimen. Nada o casi nada se habla de la orientación ideológica de los candidatos.

Un caso muy claro es el del candidato del PRD, claramente un socialista, partidario de un gobierno aún más grande que gaste aún más y se haga responsable de la felicidad de las personas. Aunque esta ideología sea vieja y fracasada, eso no parece importar entre sus fans, que sólo ponen atención en la supuesta capacidad para cambiar al país.

Los otros dos candidatos, mucho menos extremos en esta inclinación socialista, sin embargo caen en la misma vertiente, la de ofrecer al electorado favores gubernamentales.

Y es que no hay mucho más que hacer en una campaña electoral en un país dominado por la cultura de que tener más gobierno es lo mejor que puede suceder.

La investigación que comento es fascinante por esas dos cosas, lo que mostró y lo que no mostró.

Mostró a un electorado deseoso de resultados reales en prosperidad nacional. Pero también mostró un electorado con pocos principios políticos, sin inclinación ideológica.

Un electorado así, desafortunadamente, será más dúctil a las promesas imposibles y a las metas irrealizables. Será engañado con gran facilidad.

Post Scriptum

El tema puede ser visto de manera esquemática:

• Si buena parte del electorado sí tiene creencias previas que signifiquen una posición ideológica personal, su voto estará en buena proporción determinado por la coincidencia o el rechazo de la posición ideológica de cada candidato.

En este caso, los debates y discusiones tratan con detalle las ideas sostenidas por los candidatos, especialmente de la liberales versus socialistas y la de conservadores versus progresistas.

• Si, por el contrario, buena parte del electorado no tiene creencias políticas que signifiquen una posición ideológica personal, su voto será determinado por la impresión que cada candidato logre en cuanto a su capacidad para dar buenos resultados.

En este caso, los debates y discusiones se canalizan a promesas de cambio y mejora que cada candidato hace. Lo que da pie a una inercia interventora estatal: “el progreso será posible si fulano de tal impone sus ideas en el país”.

También, en este caso, los candidatos rehuyen definirse dentro de un espectro ideológico. Rehusan declararse socialistas o liberales, progresistas o conservadores, porque esas etiquetas significan muy poco entre la gente común.

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