Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Estado de Bienestar: Una Defensa
Leonardo Girondella Mora
10 septiembre 2012
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Los derechos humanos son una buena idea —una de las más loables en las que pueda pensarse. Dan, en su conjunto, un valor único y grande a cada persona individual, igual para todos sin excepción.

Significan, en su fondo, libertad para el ser humano: libertad de trabajo, de iniciativa, de pensamiento y formación, de creencias y expresión.

Suponen, además, que el ser humano es uno con capacidad de razonar y decidir entre varias posibles alternativas de acción.

Resulta muy desafortunado que la idea de los derechos humanos haya sido politizada —peor aún, aprovechada deslealmente para ser usado como una justificante de un tipo de gobierno, el intervencionista.

Esta prostitución de los derechos humanos es lo que explico a continuación.

&&&&&

La manera en la que se han politizado los derechos humanos es la siguiente: ha sido creado un concepto nuevo, de apariencia novedosa, que da la apariencia de ser un adelanto en los derechos humanos —ese concepto nuevo ha sido llamado “derechos humanos de segunda generación”.

Es como un Derechos Humanos 2.0 —un adelanto, una mejora, con la que en la superficie todos estarán de acuerdo, o casi todos. La politización no es percibida con facilidad hasta que se atiende a la definición de esos derechos de segunda generación.

La definición dice que son de segunda generación los que obligan a los gobiernos a proveer con recursos y bienes materiales a las personas de manera que pueda cumplirse con esos derechos —si, por ejemplo, se dice que el existe el derecho a la cultura, entonces de manera automática se obliga al gobierno a regalar cultura a la gente.

Otro ejemplo más cotidiano, el de un gobierno en cuyas leyes se decreta el derecho a la educación preprimaria. En este caso, el derecho obliga al gobierno a proveer el servicio gratuito de ese nivel educativo. Lo mismo aplica en otros casos, como el derecho a la salud, el derecho al trabajo y demás.

En lo que sigue examino el significado y consecuencias de la noción de derechos de segunda generación y sus consecuencias.

• No hay manera de realizarlos en la práctica que por medio de la intervención estatal —en su definición misma está la noción del gobierno actuando como satisfactor de esos derechos. Se trata, por tanto, de justificar un estado de bienestar y hacerlo desvirtuando el significado original de los derechos humanos.

• No hay manera de realizarlos en la práctica si el gobierno no cuenta con una cantidad extraordinaria y creciente de recursos que toma de los agentes productivos. Solamente retirando recursos a esas personas es posible que el gobierno satisfaga esos derechos añadidos.

Esto tiene un problema de límites: los recursos no son nunca suficientes para hacer realidad esos derechos de segunda generación.

Cada nueva adición de un derecho eleva el presupuesto de gasto público que sólo puede ser cubierto por medio de impuestos y préstamos —los que llevan la tendencia a acumular todos los recursos en el gobierno.

• Se inhibe e incapacita a la competencia en la proveeduría de esos servicios. Al controlar, por ejemplo, la educación el gobierno carece de incentivos para mejorarla y su calidad se reduce —siendo México un ejemplo notable de esa consecuencia.

Lo mismo sucederá con otros servicios que signifiquen la realización de tales derechos —por ejemplo, los servicios de salud tenderán a ser de menor calidad, con mayores esperas, mayores gastos y menores adelantos.

• Los derechos de segunda generación presentan oportunidades ideales para el corporativismo: grupos organizados serán los que reciban los beneficios y no quienes realmente necesitarían las prestaciones.

• Los derechos de segunda generación tuercen la noción original de los derechos humanos reales que tienen como propósito original defender la libertad de las personas y les hacen perder esas libertades por el aumento del poder estatal.

Los derechos humanos originales defienden a la persona frente al poder del estado y los derechos de segunda generación hacen a las personas dependientes del estado —un resultado perverso.

Los derechos humanos originales suponen que la persona es libre y esa libertad debe ser respetada por los gobiernos —en cambio los derechos de segunda generación suponen que la persona no tiene esa libertad y debe sujetarse a las decisiones estatales.

&&&&&

Lo que he hecho es analizar una noción políticamente correcta, la de los derechos humanos de segunda generación —encontrado que son una propuesta débil, de consecuencias negativas y que se aprovecha deslealmente para justificar la opinión de quienes defienden al estado de bienestar.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Derechos Humanos. También en ContraPeso.info: Estado de Bienestar.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras