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Europa: la Desordenada Derecha
Selección de ContraPeso.info
16 mayo 2012
Sección: POLITICA, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acto Institute el amable permiso de publicación. La idea central del escrito es examinar la situación actual de la derecha y de la izquierda en Europa.

Mucho puede cambiar en cinco años.

En 2007, Nicolas Sarkozy, un hombre que forjó su reputación como un ministro del Interior, dinámico y sin complicaciones, fue considerado por muchos como la mejor oportunidad de Francia, en una generación, para romper con las políticas económicas hiper-intervencionistas del país y con el asfixiante monopolio de la izquierda en la vida cultural francesa.

Ahora, sin embargo, Sarkozy ha sido descartado por el electorado francés en favor de uno de los más secos de los socialistas políticos de carrera y burócratas que jamás haya ascendido a puestos importantes en Europa.

En cierto sentido, no hay nada sorprendente acerca de la desaparición de Sarkozy. Sus primeros años como presidente fueron consumidos por los dramas al estilo de una telenovela de su revuelta vida privada.

La inclinación de Sarkozy a comportarse como el más torpe de los nuevos ricos durante una recesión económica importante, enajenó sin necesidad a miles de votantes en Francia. En términos políticos, su programa de reformas resultó ser minimalista y totalmente inadecuado para preparar a Francia a vivir en una economía global.

El lugar de Sarkozy en la historia y el regreso al poder de la izquierda en Francia refleja, sin embargo, una tendencia europea más amplia: una crisis de identidad y de propósitos que, en la actualidad, afecta a gran parte de la centro-derecha europea.

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Cualquier análisis objetivo de la “no-izquierda” en Europa indica con rapidez la profundidad de sus problemas.

En Italia, la centro-derecha está tratando de sacudirse el legado escandaloso sin final que la liga con Silvio Berlusconi.

El 22 de abril, casi la mitad del electorado de tendencia derechista en Francia votó por el Frente Nacional de Marine Le Pen: un movimiento que rivaliza con la izquierda en su abrazo del proteccionismo y otras políticas económicas intervencionistas.

Al otro lado del Rin, los socios menores del gobierno de coalición de Angela Merkel, los Demócratas Libres, que son pro-negocios, son tan impopulares que pueden no alcanzar el límite del 5% requerido en la próxima elección federal alemana para estar representados en el Bundestag.

Es cierto que el ligeramente conservador Partido Popular de España ha llegado recientemente al poder. Pero el PP fue elegido principalmente porque los socialistas estaban totalmente desacreditados.

Mientras el líder del PP, Mariano Rajoy, ha seguido las medidas de austeridad de su predecesor, su gobierno todavía tiene que poner en práctica una liberalización económica sustantiva (la austeridad y la liberalización son cosas muy diferentes).

Lo mismo podría decirse de gobierno conservador de Gran Bretaña.

Más de un comentarista ha sugerido que los conservadores de David Cameron parecen ser esclavos de su socio de coalición, los Liberales Demócratas (a menudo descritos como una parodia de la izquierda urbana que bebe cafe-latte).

En verdad, es difícil pensar en algo que sea especialmente conservador o de libre mercado en la mayoría de las políticas de Cameron. Los golpes recibidos por los conservadores en todo el país en las elecciones municipales recientes se han atribuido en parte al enojo de los votantes conservadores por las claramente no-conservadoras posiciones tomadas por la administración de Cameron.

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Las razones de esta confusión generalizada sobre la derecha europea son, en parte estructurales.

Muchos de los sistemas electorales europeos están diseñados para evitar que cualquier partido gobierne por derecho propio. Muchos partidos de centro derecha, en consecuencia, tienen coaliciones con grupos de izquierda. Esto debilita su capacidad para desafiar las políticas sociales y económicas de las izquierdas.

Las tendencias a la tibieza se acentúan por el hecho de que la política europea está dominada, hasta un punto inimaginable, incluso para los estadounidenses que no residen en Chicago, por políticos de carrera.

Los políticos europeos de centro-derecha están, como consecuencia, incluso más concentrados en llegar y mantenerse en el poder que sus colegas estadounidenses.

Eso significa que son muy adversos al riesgo cuando se trata de desafiar el status quo europeo —como ser ligados a las propuestas de reforma económica de fondo o a enfrentar la hegemonía intolerante de la izquierda que domina las instituciones educativas europeas.

Un problema mucho más profundo que enfrenta la centro-derecha europea es, sin embargo, su ineficacia intelectual.

Con esto no quiero decir que no hay conservadores europeos intelectualmente convencidos y partidarios del libre mercado. De hecho, hay buena cantidad de de esas personas. Su impacto en la vida pública, sin embargo, es mínimo.

Tal ineficacia tiene varias causas.

En primer lugar, la mayoría de los think-tanks europeos que no son de izquierda están explícitamente asociados con partidos políticos existentes y, por lo general, son financiados por el gobierno. Por tanto, la voluntad de la gente que allí trabaja para criticar a su propia posición por no tener principios conservadores es limitada, si no inexistente —lo que no sucede en los EEUU.

Un segundo factor paralizante es el grado en el que la mayoría de los intelectuales europeos y los partidos de centro-derecha (especialmente los de origen cristiano demócrata) se han comprometido a promover la Unión Europea en su modalidad actual.

El problema es que muchos de los supuestos, las estructuras y las políticas asociadas con la UE han tomado un carácter decididamente de centro-izquierda. Muchos políticos de centro- derecha terminan defendiendo posiciones a las que de otro modo podrían oponerse, porque son consideradas como “la” visión pro-europea.

Un efecto colateral de estos problemas es que muchos de la derecha en Europa, preocupados por Bruselas o hartos de la tibieza y el arribismo de los principales partidos de centro-derecha, terminan votando por los movimientos nacionalistas, a pesar de tener fuertes reservas sobre este tipo de grupos a menudo con tendencias xenófobas.

No todos los que votaron por el Frente Nacional de Le Pen son instintivamente anti-inmigrantes o proteccionistas feroces. Es sólo que pocos pueden ver otras maneras de mostrar su descontento con varias políticas de la UE o con el mantenimiento del statu quo que se asocian con los partidos establecidos de centro-derecha.

Los obstáculos para la revitalización de la derecha de Europa son, pues, considerables. Aquí, sin embargo, hay dos sugerencias concretas para un camino a seguir.

La primera es que la derecha de Europa muestre visiones de una Europa que representen una alternativa seria a la mentalidad que hoy domina a la UE, que es jerárquica, burocrática, obsesionada con la igualdad y secular en extremo.

No hay ninguna razón por la que pensar en el futuro de Europa deba limitarse al ghetto del modelo actual. En efecto, si existen alternativas constructivas a la forma actual de la UE y no se articulan, se incrementará la probabilidad de que más europeos, por mera frustración, se vayan a los extremos de izquierda y derecha.

Un segundo paso para los pensadores y líderes políticos europeos que no son de izquierda, sería pasar menos tiempo creando contactos y tejiendo redes, y más tiempo sumergidos en las obras del fundador principal del conservadurismo moderno occidental, Edmund Burke.

En los escritos de Burke, descubrirían una serie de ideas que representan una alternativa poderosa a la socialdemocracia y a las las posiciones más que anodinas adoptadas por la mayoría de los partidos europeos de centro-derecha.

Burke fue, después de todo, un crítico feroz de la centralización promovida por la Revolución Francesa, un promotor de la economía de Adam Smith, un expositor implacable de la corrupción del gobierno, un abogado de las sociedades civiles fuertes, y un defensor de la libertad constitucional contra el exceso de poderosos príncipes y burócratas jacobinos.

En pocas palabras, las ideas de Burke desafían a las principales características de la gris realidad Europea de hoy, pero sin adoptar ninguna de las partes más odiosas de la agenda de la extrema derecha.

Pero , como sea que la no-izquierda europea decida actuar, el ascenso y la caída de Nicolas Sarkozy debe recordarles que el éxito político de largo plazo debe implicar algo más que ganar un puesto con el propósito de ligeramente impedir que la izquierda europea consiga todo lo que quiere.

Como Burke escribió: “El verdadero peligro es cuando la libertad es mordisqueada poco a poco, por conveniencia, y parte por parte.”

Entender esa verdad —más una fuerte dosis de fortaleza intelectual y agallas— darán muchos resultados en la restauración de la fortuna de la derecha en toda Europa.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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