Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Exigiendo Tomates
Eduardo García Gaspar
16 mayo 2012
Sección: DERECHOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


El tema fue de tecnología. Específicamente de Internet.

Se apuntó la necesidad de contar con banda ancha en todas partes, a precios bajos.

Pero todo pasó otro plano. Tener esa banda era más, era un derecho social del siglo 21.

No sólo eso, debía estar plasmado en la constitución, como se dijo en el debate presidencial hace poco.

No es un suceso aislado. Sucede con frecuencia.

Sigue un proceso conocido: encuentre usted algo deseable para todos, como Internet de banda ancha, y transfórmelo en un derecho que sea parte de una ley. De esta manera se crean nuevos derechos a diario, como el de tener una vida sexual sana, o el viajar como turista.

El resultado de eso es tener una siempre creciente lista de derechos. Derechos que en realidad son reclamos y que, más aún, ignoran responsabilidades. Responsabilidades que son la otra cara de los derechos.

Me explico con ese ejemplo de Internet de banda ancha.

Por principio, es claro que tenerlo a un precio reducido es algo bueno. Pero considerarlo un derecho es hacer un brinco demasiado grande.

Para tener banda ancha es necesario, primero, que exista, que alguien cree el servicio. Mejor aún, que varios lo ofrezcan y compitan entre sí. Es un asunto de crear oferta y facilitar esa creación.

Una ley puede reconocer que existe ese derecho a banda ancha, pero si su oferta se impide u obstaculiza, de nada sirve la ley. Igual que si se tiene en la ley el derecho a comer, que de nada servirá si no se producen alimentos. Un pequeño detalle que suele pasar desapercibido por parte de los promotores de la lista creciente de derechos.

En seguida, hay otro pequeño detalle, el de adquirir ese servicio de banda ancha. Si alguien ya lo ofrece, queda el comprarlo y poder usarlo. Nada es gratis en esta vida.

Usted tendrá el derecho a usar esa banda ancha, pero si yo soy el que la ofrece, le diré que me tiene que pagar un precio. Si usted no lo paga, lo siento, pero no se lo daré. Así es la vida.

Puesto de otra manera. Usted tiene derecho a usar esa banda ancha si se cumplen dos condiciones.

  • Una es que alguien cree ese servicio.
  • Dos, que usted pague por él.

Y así se concreta ese derecho de uso, especialmente por haberme pagado. Es el mismo derecho que usted tiene para beber cerveza, siempre que haya pagado el precio de la bebida. No es complicado de entender.

Una ley que establezca el derecho a usar banda ancha es tan innecesaria como otra que establezca el derecho a comer o beber o tener casa. Por supuesto que existen esos derechos si se dan esas dos condiciones, que existan esos bienes y que usted pague por ellos.

Entonces, la ley defenderá ese derecho sólo en el sentido de que nadie se lo impida. Por eso se castiga el robo de la cerveza que usted compró.

Todo eso es lo que hace en extremo curioso el caso de proponer que Internet sea un derecho social del siglo 21. Es palabrería pura, eso que llamamos rollo.

Sería lo mismo hablar del derecho a escuchar a Mozart. Escúchelo todo lo que quiera, pero antes usted tiene que hacer un pago de algún tipo a alguien que produjo ese bien. No hay de otra.

Sospecho que quien habla así, de la banda ancha como un derecho social, no comprenda bien cómo funciona este mundo.

Me da la impresión que quiera que ese servicio se dé gratis a todos. Sería formidable, pero así se olvida del pequeño detalle: producir esa banda ancha necesita trabajo y capital, lo que tiene un costo que debe recuperarse. Sin eso, nadie produciría nada. Ni usted ni yo ni nadie.

Digamos, por ejemplo, que el comer tomates es declarado como un nuevo derecho social en la constitución. Todos aplauden. Se considera que el país ha dado un paso adelante en la justicia social.

Sin embargo, nadie va a comer tomates si alguien no los produce primero. Sin tomates cultivados, sólo podría comerse el papel en el que la ley se escribió (y eso si alguien produjo el papel y las tintas).

Para tener el derecho a comer tomates alguien los cultiva primero y, luego, usted le paga para adquirir esos tomates y, entonces sí, usted tiene el derecho a comerlos. Aunque puede optar por un truco sucio: hacer que el gobierno compre esos tomates y se los regale reclamando un derecho social.

Hacer esto ya no es tener derecho al tomate o a la banda ancha, es pasar a otros el costo de la compra de esos bienes.

Post Scriptum

Este derecho propuso el candidato a la presidencia en México, G. Quadri. Un suceso llamativo porque no produjo reacción alguna excepto el considerar que ese derecho es bueno y debe existir.

En el fondo, lo que existe es una libertad personal para intercambiar bienes propios sin que eso sea impedido.

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