Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Falsas Esperanzas
Selección de ContraPeso.info
25 septiembre 2012
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta una idea del Rev. Robert A. Sirico. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

El título original de la columna es The Collapse of Europe’s Welfare State Exposes its False Hopes —Is America Next? (El Colapso del Estado de Bienestar en Europa exhibe sus falsas esperanzas —¿Sigue Estados Unidos?)

A medida que la crisis de la zona del euro se profundizó en la primavera y el verano, los medios de comunicación emitieron informes cada vez más desgarradores sobre los que se llamaron “suicidios económicos”.

Un hombre de 52 años, agente de bienes raíces en la ciudad de Vicenza, en el norte de Italia, se ahorcó en un patio de escuela. Esto fue días después de que más de cien viudas marcharan en Bolonia para señalar las “muertes” de numerosos italianos llevados al suicidio debido a la crisis económica.

En Grecia, un farmacéutico jubilado de 77 años de edad, en el centro de Atenas se pegó un tiro, cerca del edificio del Parlamento, dejando tras de sí una nota que lamentaba las medidas de austeridad que temía lo dejarían “buscando entre la basura para comer”. También en Atenas, un hombre de 60 años de edad y su madre de 90 saltaron desde el tejado de un edificio de apartamentos, un suicidio doble.

Ahora en su quinto año de recesión, Grecia ha visto cómo su tasa de suicidio —una de las más bajas de Europa —aumentó más de un 22% de 2009 a 2011. Otros informes tratan la misma tendencia mortal y desesperada en España e Irlanda.

Ahora bien, tenemos que ser cuidadosos con estos reportes de medios noticiosos. Mi trabajo pastoral me dice que la gente puede llegar a tales extremos por causas trágicas y temores que a veces no podemos imaginar. Cuando la gente pierde la esperanza, la muerte puede verse más aceptable.

Estos suicidios puede ser “económicos” o pueden no serlo. Pero una cosa es clara para mí: la crisis de la zona del euro es una de las causas de sufrimiento real, de pérdida de esperanza, y la sienten más profundamente aquellos con menos capacidad para protegerse a sí mismos y a sus seres queridos —los pobres, los ancianos jubilados, el esforzado propietario de un negocio pequeño de barrio, la familia joven que está comenzando.

Son estas las personas de quienes Jesús habla como “estos hermanos míos más pequeños.” (Mateo, 24:40)

Pero no son las muy criticadas medidas de austeridad las que impulsan a la gente a estos extremos trágicos. La raíz es mucho más profunda. Y fundamentalmente se trata de la gran mentira en el corazón del estado de bienestar que todo lo abarca con sus falsas promesas de eterna seguridad y de libertad para vivir sin necesidad.

El estado del bienestar y sus defensores nos querrían hacer creer que tienen una solución política para un mundo donde la escasez y miseria humana todavía dominan.

Esta falsa esperanza es a lo que el Papa Juan Pablo II quería llegar en su encíclica Centesimus Annus de 1991. Él dijo que

“el Estado asistencial provoca la pérdida de energías humanas y el aumento exagerado de los aparatos públicos, dominados por lógicas burocráticas más que por la preocupación de servir a los usuarios, con enorme crecimiento de los gastos”.

Tuvo toda la razón 20 años antes de la inevitable crisis fiscal que se extendió por París, Roma, Atenas, Madrid y Bonn y paralizó a los una vez petulantes arquitectos de la UE como una “superpotencia de estilo de vida”. Nunca perdieron ellos la oportunidad de burlarse de los valores desalmados del “capitalismo anglosajón” (una frase que siempre se usó como peyorativo). Sin embargo, su “estilo de vida” resultó ser una trampa.

¿No le parece extraño a nadie que ninguno de los reportes de los medios de comunicación hablen de “suicidios económicos” de capitalistas de camarilla, altos burócratas de la UE, o líderes de sindicatos? Aparentemente ellos hicieron sus caudales en el abrevadero público y no ven la necesidad de saltar desde tejados y puentes.

Cuando Juan Pablo II publicó Centesimus Annus, también estaba hablando directamente a los EEUU, con su propia crisis del estado del bienestar. Lo nuestro [en EEUU] puede no estar tan avanzado en su patología fiscal y social como en la zona del euro, pero la enfermedad es igualmente grave. Por desgracia, nuestra cultura política disfuncional y maliciosa parece absolutamente inadecuada para la tarea en cuestión.

Estamos viendo las últimas vueltas de la carrera electoral [estadounidense]. Los candidatos están ofreciendo enfoques marcadamente diferentes acerca del gasto gubernamental en rápido crecimiento, inflados déficits presupuestarios, impuestos y derechos. Sin embargo, ambas partes saben que la trayectoria de estas tendencias es simplemente insostenible, incluso en EEUU.

La Oficina de Presupuesto del Congreso acaba de publicar un informe que invoca el “precipicio fiscal” que los EEUU debe maniobrar en enero a menos que se eviten una serie de aumentos de impuestos y recortes presupuestarios que entrarán en vigor ese mes. Por otra parte, las últimas estimaciones para Obamacare muestran que costaría a los contribuyentes estadounidenses más de 2 billones de dólares en su primera década, y comenzarán con unos 18 diferentes aumentos de impuestos.

Pero todavía estamos esperando una”conversación adulta” sobre el presupuesto que el presidente Obama pidió el año pasado. Si existe alguna duda acerca de eso, véase el recibimiento que ha tenido el representante Paul Ryan desde que aceptó el boleto republicano como candidato a la vicepresidencia con Mitt Romney.

Ryan, presidente del Comité de Presupuesto de la Cámara, ha ofrecido una propuesta detallada para 2013. El plan, “tiene como objetivo reducir el déficit federal de diez años a 3.13 billones a través de medidas que incluyen un límite en el gasto federal discrecional de 1,029 billones.” Él “desmantelaría” Obamacare.

El enfoque estaría “sobre los recortes en el gasto federal —excepto en defensa nacional— con el objetivo de reducir el gasto en 5 billones y equilibrar el presupuesto para 2040″.

La respuesta a esto ha sido la denigración, el ataque a la persona y una campaña con revueltas y mentiras acerca de sus motivos. Y eso es sólo lo que ha hecho la gente de la iglesia. Su comprensión de la doctrina católica sobre las cuestiones sociales, en particular la consideración especial de la Iglesia por los pobres, ha sido puesta en duda por la izquierda.

Un grupo de demócratas católicos ha denunciado que el plan de Ryan “sería destrozar la red de seguridad compasiva de nuestra nación” al “destripar” los programas de asistencia social. Apoyaron ellos las políticas de la administración Obama por su “incansable enfoque en la seguridad económica de familias de clase media”.

Por supuesto, este es exactamente el tipo de lenguaje que escuchamos de las élites europeas por décadas, mientras construían su “superpotencia estilo de vida” de papel maché.

No necesito entrar en los pormenores de las doctrinas Católicas Romanas sobre la enseñanza social. Sin embargo, debo señalar que la preocupación por los pobres da prioridad a las consideraciones que exigen que las autoridades locales —incluso la familia, y grupos vecinales— actúen como “los primeros en responder” a las situaciones de necesidad.

Esta es la gran tensión que experimenta hoy la Iglesia entre los “defensores de la justicia social”, que señalan a la solidaridad con los pobres, y los partidarios de subsidiariedad que impulsan al gobierno limitado, la caridad privada y la iniciativa personal.

No sorprende que el cabildeo de la “justicia social” generalmente cae en el poder del gobierno y las soluciones del estado de bienestar como el instrumento para lograr sus fines.

Ryan, por desgracia, tiene una conversación unidireccional sobre la reforma de derechos (entitlement reform), la responsabilidad fiscal y la reforma de un código fiscal para incentivar, no castigar, el espíritu empresarial y la prosperidad económica.

Por otro lado, el presidente Obama describe a Ryan como el “líder ideológico” de los republicanos que impondrá una “economía de arriba abajo” en los estadounidenses de clase media.

Tenemos que hacer algo mejor que esto antes de 6 de noviembre. Estamos en una carrera hacia el abismo fiscal. Nuestro derrochador gasto gubernamental, el débil crecimiento económico y la estancada creación de empleos son una combinación tóxica.

Debemos dejar a estas falsedades acerca de la “destrozada red de seguridad” y las insinuaciones imperdonables que la fe cristiana de Paul Ryan es, de alguna manera, defectuosa.

Porque si fallamos en esto, serán “estos hermanos míos más pequeños” en EEUU los que más sufrirán. Su desesperación y la desesperanza será el precio que todos pagamos por no tomarnos el tiempo para tener esa “conversación de adultos”.

Nota del Editor

La situación descrita por el Rev. Sirico contiene un sentido de gran urgencia. Por dos razones. Una la tendencia insostenible de las finanzas públicas de los EEUU, que de continuar así producirán una repetición de la situación europea actual. La otra, quizá más desesperante, la incapacidad de hablar sobre esto como adultos.

Esto último, me parece, no es un fenómeno particular de ese país. Les sucede a todos los gobernantes en todas partes. Es su terquedad invencible en sus creencias ideológicas a las que acomodan la realidad y cuando no pueden, recurren al ataque personal y la mentira descarada.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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