Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Falsas y Dañinas
Leonardo Girondella Mora
28 agosto 2012
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Con esos calificativos, Bertrand Russell describe a las religiones —en una parte de su escrito ¿Por qué no soy cristiano?

Lo escrito por Russell dice así:

Pienso que todas las grandes religiones del mundo […] son tan falsas como dañinas. Es evidente, como cuestión lógica que, ya que discrepan entre sí, no más que una de ellas puede estar en lo cierto. Con muy pocas excepciones, la religión que acepta un hombre es la de la comunidad en que vive, lo que hace obvio que la influencia del ambiente es lo que lo ha llevado a esa religión.

El párrafo es usado con frecuencia por quienes sostienen puntos de vista similares —y lo usan, obviamente, para apoyar su posición. En lo que sigue examino el significado de esa cita, la que contiene varios elementos.

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Primero, afirma que “Pienso que todas las grandes religiones del mundo […] son tan falsas como dañinas”.

Es una aseveración doble que se refiere a (1) las grandes religiones son engañosas, es decir, no verdaderas; y (2) todas las religiones son nocivas, es decir, tienen efectos negativos.

No necesariamente todas las religiones son falsas —cabe la posibilidad de que una de ellas sea la verdadera, o bien la posibilidad de que algunas de ellas contengan elementos verdaderos. La afirmación de que todas son falsas es demasiado general, muy poco científica y en exceso amplia.

Una mente curiosa y disciplinada no puede negar absolutamente a toda creencia religiosa.

Dice la cita de Russell que, también, todas las grandes religiones son nocivas. Interpreto esto como el tener efectos dañinos en las personas —como llevarlas a cometer faltas que dañan a otros y a las personas mismas. Esto puede ser puesto en tela de juicio.

Primero, no hay remedio, debe reconocerse que han existido casos numerosos en los que las religiones han producido dolores y males —pero eso no ha sido la regla general, también ha habido numerosos casos en los que las religiones han producido grandes bienes. La realidad es más compleja de lo que afirma esa cita.

Existe otra variable con mayor poder de explicación: no la religión en sí misma, sino la mentalidad de fanatismo negativo. Esta mentalidad intransigente no sólo se da entre personas religiosas, también entre quienes no lo son y en campos de creencias personales —los nihilistas y los anarquistas son ejemplos de eso. K. Marx era un fanático de sus teorías y una persona opuesta a la religión.

El fanatismo real e intransigente es una mejor explicación para los daños que producen las creencias personales —aceptando que en algunas personas ese fanatismo puede tener un origen religioso.

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Segundo, afirma que “Es evidente, como cuestión lógica que, ya que [las grandes religiones] discrepan entre sí, no más que una de ellas puede estar en lo cierto”.

Hay también claridad en esta idea, la que sostiene dos ideas: (1) todas las religiones divergen una de otra, es decir, disienten entre sí; y (2) debido a lo anterior, sólo una podría ser la verdadera religión.

¿Difieren? Por supuesto, entre ellas existen diferencias notables —pero al mismo tiempo entre ellas hay grandes coincidencias sobre lo que debe ser el comportamiento humano. La situación, por tanto, es algo más compleja de lo que Russell describe.

Las grandes religiones contienen elementos comunes que son admirables y por supuesto, tienen también diferencias enormes —esto complica la afirmación general de Russell y la hace poco exacta.

Por ejemplo, podría ser que varias de esas religiones contengan elementos comunes y verdaderos, o comunes y falsos. Incluso podría ser que ninguna fuera real y verdadera, negando la afirmación de Russell.

De entre esas religiones, la que se profesa es aquella que la persona piensa que es la real y auténtica —por la razón que sea— y, de allí se deriva un panorama de creencias personales distintas el que no debe confundirse con la realidad.

Si una religión es la verdadera, ella lo es con independencia de lo que cada quien piense.

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Tercero, dice que “Con muy pocas excepciones, la religión que acepta un hombre es la de la comunidad en que vive, lo que hace obvio que la influencia del ambiente es lo que lo ha llevado a esa religión”.

La idea es clara: la regla general que determina la religión que una persona profesa es la que domina en la sociedad en la que se vive.

La afirmación tiene un elemento positivo al reconocer la influencia que tiene el medio en el que se nace y la religión que se profesa —es imposible negar eso.

Mi tesis, sin embargo, es que el medio ambiente no es la única variable de influencia, lo que puede probarse con facilidad enorme: si el medio ambiente en el que se nace fuese la única variable que dicta a la religión profesada, no existiría ninguna de las grandes religiones, se seguiría teniendo las religiones locales nacidas en la prehistoria.

Quiero decir, como antes, que hay más complejidad en la realidad de la que percibe Russell. El Cristianismo no podría haberse propagado, como tampoco el Budismo, ni el Islamismo, ni el resto.

Hay en las religiones una variable adicional de conversión, algunas veces de gran envergadura —como sucedió, por ejemplo, con el Protestantismo. Las misiones cristianas en China, por ejemplo, muestran la existencia de otras variables.

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Al explorar lo anterior, he querido mostrar que esa cita tan usada de B. Russell por parte de quienes atacan a las religiones aprovechando las cualidades de un gran filósofo, no consideran que en la realidad hay más complejidad que la que aparece en esa cita.

Me parece un aprovechamiento desleal de la fama de B. Russell el tomar una cita y usarla como prueba de lo que ellos opinan.

Nota del Editor

Hace poco, Girondella examinó otra parte de la cita de Russell.

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Razonamiento y en ContraPeso.info: Vacío Religioso.

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