Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Grandes Aspiraciones
Leonardo Girondella Mora
27 noviembre 2012
Sección: RELIGION, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


La defensa de la libertad —si ella es sólida y razonada— necesita guías que orienten a esa posibilidad de actuar, pensar y hacer. Necesita algo que le dé sentido y propósito a la libertad.

De todas las guías que buscan dar dirección a la libertad, la más conocida es la de los Diez Mandamientos —cuyo contenido he examinado en dos entregas anteriores, en orden inverso al que se presentan.

Comencé por el décimo y el noveno hace un par de meses, seguí con el octavo y el séptimo —y ahora exploro el sexto y el quinto, los que establecen lo siguiente:

5. No matarás.

6. No cometerás actos impuros.

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El quinto mandamiento, que manda a no matar, es una declaración breve en contra de actos que atentan contra la vida: homicidio, suicidio, eutanasia, aborto —que son muy claros. Pero también, significa algo más amplio.

No es difícil entender que implica también el estar en contra del lastimar y dañar a otros, como en actos criminales de secuestro, tortura, venganza y en general del deseo del mal de otros. Pero no sólo prohibe el lastimar a terceros —de su espíritu puede concluirse que también está en contra del daño que la persona se cause a sí misma.

El quinto mandamiento, al declararse en contra de lo anterior, también hace una declaración en sentido opuesto —está a favor de la vida humana, de la ayuda a los demás, del respeto, la compasión, la paz y en general conductas bondadosas entre las personas.

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El sexto mandamiento, que manda no cometer actos impuros, tiene también esas dos partes —la de estar en contra de ciertas conductas y, por necesidad lógica, estar a favor de otras.

El sexto mandamientos está en contra de la lujuria, la pornografía y en general el abuso de la sexualidad —la masturbación, la infidelidad conyugal, la homosexualidad, la violación, las uniones libres. Es lo conocido como pasiones desordenadas de la carne.

El sexto mandamiento está a favor de lo opuesto —el dominio sobre los apetitos, la templanza, la fidelidad conyugal, la sexualidad integral, la unión de los sexos y en general, el control sobre esas pasiones desordenadas. En esto cabe el amor fiel, la promesa matrimonial, la castidad y la virginidad.

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Ambos mandamientos rigen la libertad humana, dándole una dirección sustentada en el valor de la persona —su vida y su dignidad. Es un mandato general de respeto e incluso devoción por la persona en sí misma.

Es obvio que al considerar a la persona como valiosa en sí misma, se determine que atentar contra la vida propia y ajena, sea negativo. No tendría sentido que, por ejemplo, se considerara digna a la persona y, al mismo tiempo, no reprobar el secuestro, o el asesinato.

Los dos mandamientos en su interpretación más básica establecen mínimos de conducta personal, guiados por ese respeto a otros y a sí mismo. En su interpretación más amplia, llevan a establecer ideales de conducta personal, significando la bondad de tratar a otros y a uno mismo con dignidad: compasión, ayuda y en general, amor.

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Mientras que habrá acuerdos en lo general con lo establecido por el quinto mandamiento —el de no lastimar a otros—, con el sexto es de esperar desacuerdos al establecer que no deben cometerse actos impuros, acciones que en específico consideren poner límites a la actividad sexual.

Ciertamente existe un choque ético en ese sexto mandamiento —una colisión entre dos mentalidades muy opuestas que pueden explicarse brevemente.

• Partiendo del enorme valor que los Diez Mandamientos dan a la persona, resulta lógico que para ella tengan grandes aspiraciones y pidan no sucumbir a acciones que degradan ese valor. Muy en específico, resulta a los Diez Mandamientos algo muy odioso el que las personas se usen unas a otras como objetos de placer.

No es que se prohiba el sexo entre las personas, sino que el sexo resulta ser algo indebido cuando entre las personas no exista un amor comprometido de largo plazo —de donde se explica el valor del matrimonio y la procreación.

• La otra mentalidad es contraria a lo anterior. Ella admite al sexo sin que exista amor, ni compromiso, ni una intención de procreación —el sexo, para esta manera de pensar, es una actividad placentera que es propia del ser humano y que no debe ser limitada.

Esta mentalidad no valora, como la otra, el control sobre los instintos y las pasiones —al contrario, considera que deben dejarse libres porque no hacerlo es algo antinatural.

Mi impresión es que entre esas dos mentalidades hay un abismo gigante que es el que produce una diferencia sustancial en sus puntos de partida.

Los Diez Mandamientos suponen gran valor y enorme dignidad de la persona —y ello obliga a encontrar un gran principio rector de la libertad, que no puede ser otro que el tratarse con amor. Esto permite comprender lo malo de matar, pero también de tratar a otros como proveedores de sexo.

Cuando no se presupone esa enorme dignidad en todas las personas, el amor no tiene ya sentido y comienzan a admitirse actos inaceptables de otra forma —como el sexo libre sin amor comprometido, el aborto, la eutanasia y demás. Cuando no se piensa que el ser humano tiene el más grande valor, dejan de considerarse las acciones que aspiran a altos ideales.

Addendum

Creo que debo añadir la justificación por la que los Diez Mandamientos tienen ese punto de partida, el de asignar a la persona humana un valor intrínseco muy alto —lo que se debe a ser una creación de Dios mismo, a su semejanza.

Esta es una gran diferencia con la otra mentalidad que considera al ser humano un improbable accidente biológico sin mucho sentido ni propósito.

La colección de columnas sobre este tema está en ContraPeso: Diez Mandamientos.

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