Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Imagen Irreal, Voto Real
Eduardo García Gaspar
8 mayo 2012
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un proceso de decisión que tiene su gracia.

Me refiero a cómo llegar a la decisión de votar por alguien.

Cada cabeza es un mundo y algunos mundos son muy peculiares.

Uno de esos procesos es digno de examinar siquiera un poco.

El proceso de decisión de voto por medio un cúmulo de primeras impresiones vagas.

En su esencia, el proceso de decidir por medio de impresiones es coleccionar una serie variada de sensaciones, apariencias y efectos primeros, que llevan a la construcción personal de un candidato, el que sea.

Es el votante quien, con su imaginación, termina viendo lo que quiere ver, armando un rompecabezas con esas piezas sueltas. Es un acto de construcción de una imagen ficticia y sublime.

Este proceso de decidir reuniendo impresiones primeras puede reconocerse. Por ejemplo, se acepta o rechaza al candidato dependiendo de su apariencia personal, de la casa en la que vive, del auto que maneja, de cómo se comportó en un debate.

Nada básico, ni central, todo accesorio e irrelevante. También es reconocible por las palabras que usa para describir a los candidatos.

Por ejemplo, si se simpatiza con un candidato, se usan calificativos como estos: preparado, profundo, amable, sensible, conocedor, leído, luchador, convencido, congruente, con valores y preocupaciones sociales, y otros similares.

Lo notable de estas impresiones es su vaguedad extrema. Suena casi a discurso en un funeral, cuando el fallecido se convierte en alguien admirable aunque haya sido un pillo.

El proceso de decisión de voto por impresiones y percepciones acumula calificativos genéricos que acomoda a gusto personal, formando una imagen que poco tiene que ver con el candidato real.

Si ser coherente es bueno, entonces el candidato debe serlo, anque lo sea en algo equivocado. Lo mismo sucede con otros calificativos: experimentado, versado, humilde, intelectual, práctico, honesto, lo que sea.

La imagen positiva creada por el ciudadano mismo es artificial. No corresponde a la realidad. Más aún, es refractaria a la realidad. Quien ha decidido su voto por medio de impresiones sueltas y acomodadas a su gusto rechaza todo lo que sea contrario a la imagen fabricada por él.

Ningún argumento es capaz de devolverlo al plano real. Sus impresiones han creado al candidato ideal y él se ha declarado su acólito.

El padecimiento empeora cuando el que ha creado una imagen por impresiones tiene contacto con el candidato. Por ejemplo, cuando va a una reunión en la que el candidato da un discurso. Será capaz de gritar como si estuviera en un partido de futbol.

Peor aún, si el candidato le habla personalmente, la persona abandona totalmente la realidad: ¡Ha confirmado que él es el salvador del país!

Es un problema, en el fondo, de ingenuidad. El candidato es una persona astuta, hábil en el cultivo de admiradores, diestro en crear impresiones, hábil en decir a la persona lo que ella ansía escuchar, maliciosa al ocultar sus intenciones.

El candidato está en el negocio de la persuasión y es un profesional del convencimiento. Es capaz de cautivar al que se le ponga enfrente.

El proceso de decisión de voto por impresiones primeras es superficial y fallido. Por ejemplo, cuando califica positivamente a un candidato diciendo que es coherente, nunca pone atención en qué forma esa coherencia.

Si dice que el candidato tiene valores, jamas dice qué valores tiene. Si dice que es leído, no se molesta en averiguar qué libros realmente ha leído. Olvida el gran factor que es el las ideas políticas del gobernante.

Ignora su ideología, sus ideales, sus creencias, su historia pasada. Todo lo que importa es lo aparente, la impresión general superficial. Si se admira que sea sensible ante la pobreza, eso será suficiente para alabarlo. Jamás se le ocurrirá al ingenuo preguntar cuáles serán las medidas concretas que tomará para combatirla.

El candidato podrá ser estatista y partidario del gobierno grande, lo que el ingenuo negará porque se lo ha dicho el candidato mismo en un discurso. Si el candidato se equivoca terriblemente, el ingenuo ignorará el error. Se ha transformado en un fan incondicional viviendo en un mundo de impresiones.

Esto puede sucederle a toda persona, desde grandes empresarios hasta al más humilde trabajador. Todo lo que requiere es perder habilidades de prudencia y sentido común.

Sin tener valores políticos más o menos desarrollados, el ingenuo se vuelve presa fácil de las primeras impresiones. Sucede, es real, es desafortunado.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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