Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Importar sí Importa
Eduardo García Gaspar
20 junio 2012
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Se llamaba Gayo Plinio Cecilio Segundo (23-79). Más conocido como Plinio el Viejo. Un romano, escritor y militar.

Durante su vida, en Yemen existía una sociedad muy rica.

Al menos eso pensaba él. ¿Por qué? La respuesta es fascinante.

De los yemeníes dijo el romano que exportaban productos propios, entre los que destacaban incienso y mirra, pero también productos de su mar y de sus bosques.

Muy bien, no hay problema, se sabe hasta el cansancio que el comercio ayuda a la prosperidad.

Pero Plinio añade algo a lo anterior. Dice que en Yemen son ricos porque venden al exterior y no comprar nada del exterior.

Como consecuencia, debemos suponer, se queda en el país todo el oro y la plata que se reciben por las exportaciones. Ya que no hay importaciones, se piensa, la nación acumula esos metales y, de esta manera, se vuelve rica.

Esa manera de pensar en la riqueza sigue vigente. Si usted recuerda al millonario tío del Pato Donald, tenía él un edificio que era una caja fuerte muy grande, de una sola habitación de varios pisos de altura, en la que estaban todos sus billetes y todas sus monedas.

La noción tiene un nombre, se llama Mercantilismo. Consiste en tratar de exportar lo máximo posible y de importar lo mínimo posible.

De esta manera, se piensa, la nación se enriquece acumulando dinero y metales preciosos. El problema, por supuesto, es que no se pueden comer esos metales, ni beber los billetes, ni hacer casas con ellos.

Para lo que sirven esos billetes y metales es para comprar comida, bebida, materiales de construcción y demás. Acumular oro, en sí mismo, no tiene sentido. Lo tiene cuando se compra lo que se necesita con ese oro.

Para entenderlo mejor, una vez me explicaron eso con la imagen de un avaro. Tiene él una vida miserable, llena de penas y limitaciones. La tiene al mismo tiempo que posee una cuantiosa fortuna que podría remediar mucho de sus males.

Me parece que la lección es clara: acumular dinero por acumularlo no tiene sentido. Si un país exporta bienes entonces, con esos ingresos, puede importar bienes. El resultado será una mejor vida para todos.

El tema bien vale una segunda opinión porque en toda campaña electoral, uno o más de los candidatos hablan de esto. Y generalmente habla con yerros.

Equivocan sus conceptos y vuelve a remontarse a la mentalidad de Plinio el Viejo. Hablan de limitar las importaciones, de proteger a la industria nacional y los empleos que ella tiene. Hablan de autosuficiencia, de independencia nacional. Obtienen, demasiadas veces, aplausos con esto.

Véalo a nivel personal, usted mismo. Usted trabaja haciendo algo que otro compra. En realidad usted está exportando algo, su trabajo y el resultado de su trabajo, el que sea. Es una exportación personal.

La hace porque necesita importar lo que usted no produce, o le costaría demasiado producir. Vamos, usted compra cerveza porque le es más barato que producirla en su propia casa. Exactamente lo mismo se hace a nivel nacional.

Las personas de un país venden productos producidos por ellos a quien quiera comprarlos, sean nacionales o extranjeros. Y lo hacen porque con el resultado de esas exportaciones podrán importar bienes que necesitan. Así se vive mejor.

Si usted es un partidario del proteccionismo, si quiere ser lógico, tendría que producir el queso que usted come (incluyendo la vaca).

Mi temor en las campañas electorales es el uso de falsedades en las promesas de los candidatos. Una de ellas es muy notable, el apelar a sentimientos nacionalistas pidiendo cerrar importaciones.

No tiene sentido, pero es una idea que tiene siglos, como lo demuestra esa idea del romano. Impedir importaciones lleva a una vida menos próspera: los bienes serán más caros y de menor calidad.

En la superficie, es atractiva la idea de que exportar sin importar produce riqueza. En realidad, no lo es.

Piense en el rey Midas, el hombre con más oro en el mundo y, sin embargo, murió de hambre. Cualquiera puede imitarlo, basta con que no gaste el dinero que gana. Acumulará mucho dinero, pero vivirá miserablemente.

Exportar es algo que importa e importar es otra cosa que también importa. Hacer una cosa sin la otra es artificial. Está en contra de la libertad humana y, sin embargo, eso es lo que piden muchos políticos.

Post Scriptum

En realidad, la historia del rey Midas muestra que imploró al final que se le quitara el don de convertir las cosas en oro después de convertir a su hija en una estatua. Terminó aprendiendo que hay cosas que valen más que ese metal.

En un análisis económico sencillo, el don de convertir las cosas en oro habría producido una reducción en el precio del metal. Se hubiera necesitado más oro para comprar la misma cantidad de bienes.

En el fondo, se trata del llamado error de M. Montaigne, según el que quien vende gana y quien compra pierde. Llevado esto a comercio internacional, la nación que exporta gana y la que importa pierde. La idea es errónea pues noo considera que quien compra también gana con el bien adquirido.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras