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Izquierda: Guerra Con la Historia
Selección de ContraPeso.info
24 abril 2012
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

¿Qué tiene en común un revolucionario de origen argentino, comunista cubano, ejecutado en la selva boliviana hace 45 años, con un pequeño pueblo en la costa oeste de Irlanda?

Aparte de tenues conexiones ancestrales, la respuesta es nada. Sin embargo, intentos recientes de inventar esa asociación han dado un ejemplo más de la continua determinación de la izquierda para encubrir la historia.

En febrero de este año, el Concejo de la ciudad de Galway, Irlanda, anunció planes para construir una estatua del Che Guevara para “honrar a uno de los suyos” (una de las abuelas del Che nació en Galway).

No pasó mucho tiempo, sin embargo, antes de que varios líderes de negocios irlandeses, periodistas y, finalmente, el Presidente del Comité de Relaciones Exteriores expresaran su indignación ante la decisión del Concejo.

¿Por qué, se preguntaban, en Galway se erige un monumento a alguien que mató personalmente a varias personas, sin siquiera la pretensión de juicios?

¿Por qué se honra a un hombre que estuvo al frente de uno de los períodos más brutales de opresión del régimen de Castro, incluyendo encarcelamientos arbitrarios y ejecuciones sumarias?

La reacción inicial de la izquierda irlandesa fue negar estos hechos y lanzar ataques ad hominem. Cuando eso fracasó, produjeron racionalizaciones extraordinarias que rayaban en lo absurdo. Un columnista, por ejemplo, escribió:

“Sí, el Che fue cruel y fanático y matón a veces, ¿pero era él un asesino? No, no en el sentido de un asesino en serie, o asesino del hampa. Era una de esas raras personas que están preparados para ir más allá de las limitaciones éticas pasadas, incluyendo su propia conciencia, y lograr un mayor bien haciendo cosas terribles”.

Al parecer, el asesinato no es realmente asesinato si se justifica por “un bien mayor.”

No debemos, sin embargo, ser sorprendidos por este tipo de respuestas. Son el reflejo de un patrón.

Hacer que franceses contemporáneos intelectuales de izquierda, por ejemplo, reconozcan el genocidio ideológico desatado en la Vendée por la Revolución Francesa en la década de 1790, es casi imposible.

En los EEUU de hoy, cualquier mención de la asociación inicial de Planned Parenthood, con el movimiento eugenésico, invariablemente se traduce negaciones y, eventualmente, explicaciones poco convincentes de que su fundadora Margaret Sanger era una “hija de su tiempo.”

El mismo enfoque se manifiesta en la estudiada negativa de la mayoría de los progresistas de EEUU para discutir los insultos usados por Bill Maher y similares para describir a las mujeres conservadoras.

Pero es cuando la izquierda se enfrenta a la historia del comunismo que las negaciones, el vitriólico ad hominem, los silencios hoscos, y las excusas débiles realmente se ponen en marcha.

En 1997, varios intelectuales franceses, muchos de ellos con antecedentes de izquierda, publicaron El Libro Negro del Comunismo.

Este texto detalla exhaustivamente cómo los movimientos y regímenes comunistas habían encarcelado, torturado, matado de hambre, sujetado a experimentos, esclavizado y exterminado a millones en todo el mundo durante todo el siglo 20.

A pesar de unas pocas almas valientes de izquierda admitieron la contundente evidencia del libro, la respuesta general de la izquierda siguió la regla del juego de siempre: ataques a la credibilidad de los autores, disputa arcana de los números precisos muertos (como si un millón de menos aquí o allá hiciera alguna diferencia importante a la tesis general), afirmaciones de que Stalin representa una “distorsión” del marxismo, incluso sugerencias extrañas de que esos crímenes no deben distraernos de “los logros reales” del Comunismo.

En general, la izquierda ha tenido un éxito notable en la distorsión del conocimiento de las personas sobre el récord de la trayectoria del Comunismo.

Todo el mundo conoce hoy los indecibles crímenes de los nazis. Sin embargo, ¿alguien duda que que muy pocos saben lo suficiente sobre las atrocidades ordenadas por los Lenin, Castro, Mao y Pol Pot?

¿Saben los de Occupy Wall Street que marchan ondeando banderas rojas con la hoz y el martillo lo que esos símbolos significan para aquellos que sufrieron al Comunismo?

Pero mientras que la respuesta de la izquierda a estas preguntas incómodas probablemente no cambiará, la pregunta no contestada es por qué tantos políticos e intelectuales inclinados a la izquierda juegan este juego.

Parte de la respuesta es la renuencia muy humana de una persona a reconocer el lado oscuro de los movimientos con los que simpatiza.

Incluso hoy en día, por ejemplo, hay latinoamericanos proclives a poner excusas a los escuadrones derechistas de la muerte —el tristemente célebre Escuadrón de la Muerte— que causó estragos en América Central durante los años 70 y 80.

La magnitud de la negación de los progresistas, sin embargo, sugiere que algo más está sucediendo. Creo que mucho se debe al reclamo de la izquierda a tener un monopolio de un más alto terreno moral.

Cualquiera que lea los escritos de los progresistas no tarda en descubrir que por lo general afirman estar trabajando para liberar al resto de nosotros de todo tipo de opresión. Normalmente, el objetivo final es conducirnos una utopía secular.

Karl Marx, por ejemplo, describió a su particular fin de la historia como un mundo en el que sería posible para todos “para hacer una cosa hoy y otra mañana, cazar en la mañana, pescar por la tarde, criar ganado en la noche y criticar después de la cena, tal y como me plazca”.

Reclamar una alta postura moral, por supuesto, permite a la izquierda desechar a sus críticos como falsos, poco éticos, o peligrosos. En muchos casos, el mismo fariseísmo ha sido invocado para justificar el uso de la izquierda de medidas feroces contra sus opositores, reales e imaginarios.

Buscando, por ejemplo, legitimar el Reinado del Terror durante la Revolución Francesa, su arquitecto Maximilian Robespierre dijo:

“La primavera del… gobierno durante una revolución es la virtud combinada con el terror …. El terror es sólo una justicia rápida, severa e inflexible; en entonces, una emanación de la virtud”.

Desafortunadamente para los progresistas, los extremos a los que algunos izquierdistas han llegado para realizar sus objetivos arroja dudas a sus afirmaciones de alta moralidad.

Después de todo, ¿quién en su sano juicio asociaría la virtud con la guillotina en la Plaza de la Revolución? ¿No se supone que son los reaccionarios los que hacen cosas tan terribles?

Podría realmente ser que el mismo San Che el que una vez llegó a decir:

“…Para enviar hombres al pelotón de fusilamiento, la prueba judicial es innecesaria Estos procedimientos son un arcaico detalle burgués… un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar motivado por odio puro”

Como regla, los conservadores generalmente no andan con utopías. Desde los tiempos de Edmund Burke, han subrayado la falibilidad humana y la locura —por no decir arrogancia— de tratar de crear el cielo en la tierra.

Para la izquierda, sin embargo, cualquier reconocimiento de tales verdades sobre la condición humana pone gravemente en peligro su razón de ser.

Esa misma comprensión de sí mismos también significa que tienen que librar una guerra de rechazo y racionalización en contra de lo que contradice sus mitologías, como algunos hechos muy poco románticos acerca de las cifras no tan angelicales de figuras como el Che.

En última instancia, la verdad histórica por lo general triunfa sobre la mera ideología. Las mentiras se desintegran desde dentro.

Pero, como Alexis de Tocqueville escribió una vez: “Cuando el pasado ya no ilumina el futuro, el espíritu camina en la oscuridad.”

Los conservadores olvidan este consejo bajo su propio riesgo.

Nota del Editor

Quizá interese ver una revisión del libro de Nicolás Márquez sobre el Che Guevara.

El argumento ad hominem está explicado aquí.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Izquierda: Guerra Con la Historia”
  1. Corina Dijo:

    Felicidades por este articulo , buena semblanza del Siniestro Personaje el Che Guevara, que hoy los jovenes y el mundo prentenden hacerlo heroe,y buen comentario tambien acerca de otro siniestro personaje Bill Maher, que con estos individuos, el mundo ha sido y esta siendo peor.





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