Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Juventud, Divina Incertidumbre
Eduardo García Gaspar
3 diciembre 2012
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No es la primera vez. No será la última.

Se repite una y otra vez en todas partes.

Es otra frase vacía, con interpretaciones variables, que poco vale en sí misma.

Los ejemplos ayudan a comprender mejor esto. Vayamos a Campeche, en México, para encontrar un caso clásico.

La publicación (expresioncampeche.com, 30 noviembre 2012) de un texto de Alexis Andrei Herrera Aké, dirigente juvenil de Morena, la asociación de admiradores de López Obrador. Allí escribe,

“Dicen que los jóvenes somos el futuro de México y estoy completamente de acuerdo con esa idea, pero el futuro se construye desde hoy y si nosotros, los jóvenes, queremos tener una patria mejor es nuestra responsabilidad iniciar desde este momento la construcción de esa patria que queremos”.

Dice que admira a alguien que “luchó y murió defendiendo las causas justas y dignas de su pueblo, Salvador Allende [quien dijo]: ‘Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción biológica’”.

Pongamos atención no en la orientación ideológica de lo dicho, que es la vieja posición socialista latinoamericana. Veamos esa apelación a la juventud.

Ella es el futuro. Por definición, ella es buena. Es lo que dice ese joven,

“…hacemos un atento llamado a los jóvenes de nuestro estado, que no callemos, somos jóvenes y somos mexicanos y nuestra voz debe ser valorada, porque tenemos propuestas que dar para el beneficio de todos”.

Otro personaje, con ideas muy diferentes, dijo lo mismo en 1994. Diego Fernández de Cevallos aseguró que

“Para nosotros la juventud es el presente luminoso de México, toda la juventud es para mí, toda sin exclusión, sin distingo, sin excepción, es el futuro luminoso de mi patria”.

Los dos ejemplos bastan para ilustrar el fenómeno al que me refiero, el de la adoración irrestricta de la juventud.

¿Es merecida esa adoración? No lo creo. Por supuesto, la frase es verdadera en cierto sentido inevitable. Los jóvenes de hoy serán los adultos del futuro y ellos estarán a cargo de lo que suceda. Igual que los niños de hoy serán los adultos del futuro.

Nada digno de adulación hay en esto. No significa que el futuro sea mejor, ni peor, que el presente.

Quien haya dicho a Cristina Kirchner de joven que ella era el futuro de Argentina tuvo razón, fue el futuro, pero no precisamente el mejor.

De seguro hay varios que le han dicho a Alexis Andrei Herrera Aké que él es el futuro del país, y en parte lo será sin remedio, aunque con sus ideas podemos estar casi seguros que no será un futuro brillante.

En resumen, decir que la juventud es el futuro es una verdad innegable. Los jóvenes de hoy serán sin remedio los adultos del futuro sustituyendo, por muerte, a los adultos de hoy. Ningún mérito hay en este proceso que es inevitable.

El punto importante es el tipo de futuro que se tendrá y en esto, la juventud presente no es ninguna garantía de que ese futuro será mejor. Puede ser peor.

Esto lo entiende cualquiera y por eso la frase de que la juventud es el futuro es una que no tiene mérito alguno, como el decir, mañana será otro día.

Otra falla de la frase es notable. Me refiero a su colectivismo. Trata a la juventud como si quienes la forman sean todos iguales, y no lo son.

Dentro de ese segmento de edades tempranas hay una enorme variedad de personas: inteligentes, tontos, esforzados, perezosos, preparados, incapaces, perspicaces, inocentes. Reunirlos a todos como si fuesen uno y decir que son el futuro tiene que ser una de las frases menos afortunadas de estos tiempos.

Lo maravilloso de todo esto es que a pesar de lo inverosímil que es la frase, ella se repita.

Por ejemplo, el alcalde de Querétaro, Roberto Loyola Vera, aseguró que “los jóvenes son el futuro hecho presente…”

Una variación incomprensible del tema, pero que demuestra su popularidad. La retórica mala gana al contenido y a la lógica.

Peor aún, la juventud está asociada con la inexperiencia, el desconocimiento, la ingenuidad. Eso la hace presa fácil del adulto taimado y bribón que la conquista con halagos y elogios.

Quizá sea que al final de cuentas, en estos tiempos de demasiada televisión y escaso seso, cualquier frase, por hueca que sea pasa por ser algo sabio y profundo. No es un buen futuro el que eso traerá.

Post Scriptum

Creo que mi punto es obvio: a la juventud se le dice, así en general, que ella es el futuro, implicando que ese futuro será maravilloso porque los jóvenes son maravillosos.

Ser joven, mucho me temo, no es garantía alguna de ser mejor que el resto y, sin embargo, es una costumbre arraigada hablar así, hasta el punto en el que los jóvenes mismos llegan a creer que son ellos algo como superhéroes.

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