Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Clave: Los Principios
Eduardo García Gaspar
31 mayo 2012
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Tiene que ver con las decisiones que tomamos. Cómo las tomamos.

Decidimos hacer algo porque pensamos que eso nos causará una mejora. De lo contrario no lo haríamos.

Y lo podemos pensar porque sabemos que hay relaciones causa-efecto.

No es nada nuevo. Es lo que hacemos cuando tenemos sed.

Sabemos que hay una relación entre la causa, que es el agua, y quitar la sed que es el efecto que buscamos. Y tomamos agua porque eso producirá una mejora en nuestra situación.

Manejamos la información tan velozmente que no nos damos cuenta del proceso que seguimos. Proceso que es el mismo siempre, siempre. Pero puede complicarse por una razón obvia.

Esa complicación es notable cuando desconocemos la relación causa-efecto. Claramente es un caso de ignorancia personal.

Cuando nos sucede, solemos consultar especialistas o a quien creemos que sabe más. Es lo que muchos padres hacen preguntando a sus hijos cómo hacer tal o cual cosa en una computadora. O lo que hacemos cuando vamos a ver al médico.

¿Qué sucede cuando encontramos diversas opiniones sobre un tema que desconocemos? La decisión se complica notablemente.

Un buen ejemplo es la decisión de votar por alguien en las elecciones. El proceso es claro: votar por quien se piensa que puede ayudar a mejorar la situación del país. ¿Quién es ése? Un buen problema.

Puede optarse por guiarse con impresiones personales triviales. O, del otro extremo, buscar información sobre los candidatos haciendo un análisis informal de quien es el mejor, o el menos malo.

Surge aquí, de nuevo, ese conocimiento de la relación causa-efecto. ¿Es la propuesta X del candidato Y la forma de mejorar al país?

Este es el corazón de la decisión del voto en una elección. Esa relación causa-efecto entre las propuestas y sus resultados reales.

Por ejemplo, un candidato propone reducir los precios de la gasolina. Obviamente presupone que eso será para el bien del país en general. ¿Lo es en realidad? Este es el corazón del problema de decidir el voto. Saber si las propuestas serán causas de mejora del país o no.

El problema es arduo y está lleno de opiniones opuestas entre sí. Si, por ejemplo, se propone que el monopolio estatal petrolero mexicano se privatice, la pregunta inmediata es si eso será causa de mejoras o no. Hay quienes dicen que sí, pero hay quienes dicen que no.

Entonces el problema se complica para quienes no saben del tema y ellos suelen tomar otro camino, el de guiarse por apariencias e imágenes generales.

Un amigo es de esos. Piensa que puede ser positivo darle una oportunidad al PRD porque nunca ha estado en la presidencia. Su razonamiento: “probar algo nuevo, darle una oportunidad a otro”. Sin duda primitivo, porque no existe una relación causa-efecto entre diferente y mejor (si es que realmente es diferente).

Es decir, la complicación de la decisión se simplifica llegando a extremos que empeoran la decisión. No puede esperarse, por ejemplo, que todos sepan qué tan bueno será para un país el subsidiar a las actividades primarias, o el reducir las tasas de interés, o el elevar el gasto gubernamental.

Pero lo que sí puede procesar un ciudadano es una decisión guiada por sus creencias y valores personales. Esas cosas en las que cree seriamente.

Procederá a intentar encontrar coincidencias entre eso en lo que cree y lo que proponen los candidatos y partidos. Encontrará, también oposiciones. Y votará por quien más coincida con sus valores.

Otro amigo ejemplifica esto muy bien. Siendo él un liberal, rechaza por principio al candidato del PRD por proponer un gobierno intervencionista y de bienestar que anula libertades.

Rechaza a ese candidato, pero haría lo mismo con cualquier otro con ideas similares. “En EEUU, jamás votaría por Obama”, dice él.

Y llego así al punto que bien vale una segunda opinión. Ante la imposibilidad de tener un gran conocimiento sobre políticas económicas y de gobierno, que pueda anticipar sus efectos, el votante puede y debe acudir a sus más valiosas creencias personales.

No está mal la solución.

Pero hay un problema que es real. Creo que una buena proporción de votantes en México no ha desarrollado esos valores políticos profundos. Buscan más el resultado imaginado práctico inmediato que tener principios y creencias. Quien esto sufra, se perderá entre impresiones, imágenes, razonamientos falsos y propuestas irreales.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras