Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
La Familia Democrática
Eduardo García Gaspar
3 agosto 2012
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


La familia, como todo en la sociedad, debe ser democrática.

Eso leí no recuerdo en qué libro de texto mexicano.

La frase está vacía porque “democrático” nada realmente significa por sí mismo.

La familia democrática, seguí leyendo, es una que la que los hijos pueden expresarse con ideas opuestas a las de sus padres.

Muy bien, al fin sé qué es una familia democrática. Esa en la que los hijos pueden llevar la contra a sus padres sin consecuencias graves al menos.

No se detiene allí la cosa. Leí también que las escuelas deben ser democráticas y lo adivinó usted: una escuela en la que los alumnos pueden expresas sus ideas a pesar de que estén en contra de los directores.

¿De dónde salen estas cosas? Me imagino que de una extrapolación laxa de la libertad de expresión en una sociedad.

Allí, los ciudadanos son libres de pensar lo que quieran y expresar eso que piensan. Tiene sus limitaciones, pero esa es la idea general. Si usted la aplica a su familia o a la escuela, las conclusiones son las obvias.

Por la libertad de expresión, ahora los hijos pueden decir lo que les venga en gana, igual que los estudiantes. Y eso es loable porque es democrático.

No suena mal, al contrario, tiene su apariencia agradable. Pero en estos tiempos de demasiada televisión y escasa razón, el sentido común suele dejarse de usar.

Piense en una familia con una hija de tres años, y un hijo de ocho. No creo que aplique mucho la idea de la libertad de expresión para que ellos le digan que no están de acuerdo con sus ideas.

Aplican mucho más otras ideas, especialmente las de enseñarles disciplina, esfuerzo, responsabilidad y similares… incluso a pesar de que no están de acuerdo ellos dos.

Lo siento, pero no creo que sea de utilidad la idea de democracia en esa familia. Pensemos en otra familia, con dos hijos, una de 16 y el otro de 19. Ya no los trata igual que a infantes, los deja hablar, razona con ellos, pero se mantiene la idea de la enseñanza de la disciplina y el esfuerzo.

Esos hijos son aún muy jóvenes como para tener opiniones sólidas y, sobre todo, para anticipar las consecuencias de sus actos.

Podrán hablar expresando sus ideas, pero de allí a que la familia deba ser democrática hay un brinco muy largo. La responsabilidad familiar es de los padres y por eso dan las órdenes que los hijos deben respetar.

Si la hija de 16 dice que piensa dar la vuelta al mundo para meditar sobre su existencia, será difícil no soltar la carcajada, una carcajada escasamente democrática.

Si el hijo reprueba tres materias en la universidad alegando que se encuentra con mucho estrés por la presión de las calificaciones, será difícil que no le llame la atención severamente y que si quiere estrés de verdad… que se ponga en el papel del que paga las colegiaturas y las diversiones del que reprueba materias.

En el fondo de todo, me imagino, hay una exaltación indebida de la democracia.

Si es buena en política, se piensa, debe serlo también en la familia, en la escuela, en donde se nos pegue la gana. No necesariamente. Hay entidades que funcionan mejor sin democracia, mucho mejor. Una de ellas es la familia, otra es la escuela.

A los hijos, más aún, hay que enseñarles a saber cuando deben callar y obedecer. Si llegan a creer que en todo pueden participar, se convertirán en niños mimados e insoportables.

En alguna parte leí que esa es la diferencia que encontró una estadounidense. Su hijo armaba rabietas en los restaurantes donde requería la atención continua de sus padres. No sucedía eso con el resto de los niños, donde ella vivía, en París. Los franceses los habían educado no democráticamente a callarse y obedecer.

La democracia, en política, supone que los ciudadanos están preparados, educados, que son disciplinados lo suficiente como para saber que una opinión requiere conocimiento previo.

No creo que los hijos reúnan esas condiciones (muchos adultos tampoco). Hacerles creer a los hijos que lo que expresan es sabio y digno, sea lo que sea, es educarlos en el mimo y la blandura. No serán adultos maduros después.

En fin, esa idea de que la buena familia es una familia democrática, suena bien sólo en la superficie. No saldrán de allí adultos democráticos, sino ciudadanos blandengues que crean merecer todo sin necesidad de esfuerzo.

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