Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Maquiavelo: Buena Idea
Eduardo García Gaspar
18 abril 2012
Sección: LIBERTAD GENERAL, POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Tiene él dos ideas políticas que son importantes.

Una para la construcción de una nación, o para su reforma sustancial. La otra para el mantenimiento de la salud de esa nación.

Son más refinadas de lo que se piensa comúnmente sobre él.

Me refiero a Maquiavelo (1459-1527), el autor de El Príncipe.

El común de las ideas sobre el autor es verlo como un inmoral que en política todo justifica, como si existiera una moral de la gente común que no aplica al gobernante.

La realidad es que hay mucho más que eso en Maquiavelo. Y algo de eso, son las dos ideas mencionadas.

Son realmente interesantes.

• Suponga usted que se está formando una nación y que en ella se desea lograr un estado saludable y floreciente. ¿Cómo lograr eso, qué gobierno debe tener?

Con una autoridad déspota, dice Maquiavelo. La respuesta es directa. Debe haber uno o más con ideas muy claras sobre cómo lograr esa meta e implantarlas sin freno, por encima de la voluntad del resto.

• Suponga ahora otro caso, el de una nación en mal estado, “corrompida” como diría el mismo Maquiavelo. ¿Cómo restaurar la salud de esa nación?

Por el mismo medio es la respuesta, con una autoridad fuerte, sin frenos, que implante esas medidas que restauren a la nación.

Son fascinantes ideas. Realistas y crudas. Políticamente incorrectas. Recuerdan algunos casos recientes, como el caso de Chile con Pinochet y el de China ahora mismo.

Hay casos entonces, en los que conviene una autoridad libre de los frenos democráticos al exceso de poder: cuando se está formando una nación, o cuando ella está en un muy mal estado.

• Queda por ver la otra situación, la de una nación en buen estado, estable, sin grandes problemas. ¿Qué conviene en este caso, qué tipo de gobierno debe tener?

La respuesta es directa también. En este caso, debe tenerse un gobierno que haga su trabajo con apego a la ley, que respete propiedades, que respete derechos.

Notablemente, es en este caso sólo cuando Maquiavelo admite que debe haber participación del ciudadano, no en los otros.

Visto del otro lado, el asunto sorprende: la participación ciudadana puede ser un estorbo severo en caso de formación de nación o de su restauración.

La idea no anda por las ramas. Es áspera y bronca. Quizá a usted le recuerde lo que sucede en México y en tantos otros lados, esa desesperante impotencia de saber lo que debe hacerse pero no lograrse.

No se logran acuerdos entre partidos, los ciudadanos discuten entre sí ideas opuestas. Y así se logra un medio en el que no puede darse gusto a nadie, ni se hace lo debido.

A lo dicho por Maquiavelo debe añadirse un elemento faltante que es vital. El de las ideas de ese déspota que se necesita en momentos de fundación y de restauración de la nación.

Si el déspota implanta las ideas correctas, la nación terminará floreciendo. Pero fracasará si implanta las ideas equivocadas.

La comparación entre Chile y Venezuela ejemplifica esto. Uno con las ideas que hicieron prosperar al país, otro con las ideas que lo hacen fracasar. Cuba es otro buen ejemplo de malas ideas implantadas, con resultados obvios.

Es decir, no sólo se necesita al déspota en esos dos casos extremos, también es requisito tener las ideas correctas.

Ahora, dentro de la situación de una nación en un estado normal, se necesita no al déspota, sino al gobernante que se apega a la ley. En nuestros tiempos, hablaríamos de un estado de derecho. Pero no sólo eso, la participación del ciudadano es también necesaria y será buena si le sucede lo mismo que al déspota, tener buenas ideas.

En una república, ella se mantendrá y florecerá si los ciudadanos tienen buenas ideas y de ellas hacen la base de su participación. ¿Cuáles ideas?

Maquiavelo da pistas por todas partes de una de esas ideas, la mayor de todas, la libertad del ciudadano. Es decir, cuando los ciudadanos no amen su libertad, eso facilitará las cosas para crear un ambiente poco propicio a la prosperidad.

Sin amor por la libertad, el ciudadano dejará libre el camino para que el gobernante se convierta en déspota, corriendo así el riesgo de implantar ideas malas, que frenen la prosperidad.

Al final de cuentas, no importa el sistema de gobierno que se tenga, lo que importa realmente ese ese amor por la libertad, la buena idea de la que sale el resto.

Post Scriptum

Viendo así estas ideas de Maquiavelo, puede entenderse la importancia de la cultura en una nación: las ideas más profundas de valores en los que se cree y de los que se parte, tomándolos como dados. En este sentido, la cultura mexicana puede verse en dos partes:

1. Como valor político central, en México se piensa en la democracia y poco más que en ella. Entendida como elecciones políticas válidas en las que la mayoría decide quién gana. Una vez cumplido eso, se piensa haber resuelto todo lo político: en el ganador se coloca la capacidad de cambiar todo el país.

2. La libertad que es la razón de ser de la democracia ocupa un lugar indefinido, vago, poco mencionado.

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