Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Más Ingenuos Ahora
Leonardo Girondella Mora
20 enero 2012
Sección: POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


En Hamlet, Shakespeare escribió una de las más famosas frases de todos los tiempos: “Something is rotten in the state of Denmark” —algo está podrido en el estado de Dinamarca.

La frase, me parece, contiene un añadido importante a como suele citarse. No es que haya algo podrido en Dinamarca —lo podrido es asignado al estado, a lo que sucede en el castillo real.

Unas decenas de años más tarde, después de escribirse Hamlet, es publicado otro libro —uno llamado Vindiciae Contra Tyrannos y que contiene consideraciones políticas que se relacionan con lo podrido que puede tener un estado.

Tomo una idea de esa obra para demostrar la terrible ingenuidad política de estos tiempos modernos —una inocencia desesperante que se ilustra bien en Vindiciae Contra Tyrannos.

Con una mentalidad notablemente monárquica que nada tiene de democrática, los autores del libro son realmente sagaces. Proponen que el monarca tiene dos contratos que le obligan —un contrato con Dios y otro contrato con el pueblo.

Y no nada más eso, por virtud de los dos contratos, el monarca es un delegado en quien se ha colocado poder —y si esos contratos no son cumplidos, el monarca puede ser llamado a cuentas. Puede ser retirado de su posición.

La idea propuesta puede ser comprendida en términos gráficos: Dios y el pueblo tienen una jerarquía mayor a la del monarca —son claramente superiores y por eso la autoridad del monarca es limitada por los dos contratos.

Muchos podrán decir que es primitiva la idea de Vindiciae Contra Tyrannos —la de esos dos contratos con entidades superiores—, pero la verdad es que las ideas políticas de estos tiempos son las realmente primitivas, ingenuas e inocentes.

Hay más sagacidad y astucia en Vindiciae Contra Tyrannos que en muchas mentalidades actuales.

En el siglo 17, cuando esa obra fue publicada, es realmente revolucionaria la propuesta de poner límites al poder político. Colocar al gobernante como una persona con poder delegado de Dios y del pueblo pone límites al poder político —no puede hacer lo que quiera, tiene dos contratos que debe respetar, debe presentar cuentas y existe un recurso extremo, retirar del poder al que no cumple con esos contratos.

En estos tiempos, supuestamente más refinados, esa idea ha sido puesta de lado —se ha olvidado la noción de poner límites a la autoridad política. Peor todavía, existen mentalidades que promueven la remoción de los límites al poder gubernamental: desean, quieren y sostienen que es positivo tener un gobierno sin límites.

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El objetivo de todo lo anterior es contrastar la sabiduría y cordura política de hace siglos con la ingenuidad y la inocencia política de la actualidad —algo que puede verse en dos partes.

Vindiciae Contra Tyrannos es una muestra de perspicacia y astucia política. Determina una noción destinada a poner límites a la autoridad política, la idea de un poder delegado en dos contratos que el gobernante debe respetar. El gobernante tiene límites y rinde cuentas.

• En los tiempos actuales hay muestras notables de ingenuidad y candor político. Lejos de poner límites al poder de los gobiernos, se ve con buenos ojos lo opuesto: el gobierno debe tener más poder, menos límites, más autoridad, sin sentido de rendición de cuentas.

No tiene ya el gobierno el límite del contrato con Dios —ni con la moral, ni con ninguna otra idea de principios superiores a los legales. Es ahora el gobierno el que en una votación legislativa define lo que es bueno y lo que es malo. No existe ya el contrato que obliga moralmente desde afuera, con poder independiente.

No tiene ya el gobierno el límite del contrato con el pueblo —ni con la naturaleza humana, ni con principios que son superiores a los gubernamentales. Es ahora el gobierno el que define a los derechos humanos como una lista de reclamos que sólo con más poder pueden lograrse.

Hubo más inteligencia en obras viejas como Vindiciae Contra Tyrannos que en la mentalidad política moderna tan inocente y simple que no reconoce el riesgo de no poner límites a la autoridad política. Son estos tiempos de inteligencia científica y tecnológica, pero de una terrible candidez política.

En resumen, lo anterior destaca la inocencia y la candidez de las escuelas políticas que proponen a la elevación del poder del gobernante para el bienestar de los ciudadanos —lejos de lograr ese bienestar, el mayor poder gubernamental, sin límites externos, pudrirá ese estado.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: División del Poder.

Otro ejemplo de sagacidad política, uno muy clásico, es el de la idea de Montesquieu de dividir al poder para evitar abusos.

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