Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mi Voto, mi Propiedad
Eduardo García Gaspar
5 septiembre 2012
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es la mejor opinión que conozco. Tan clara que causa escozor.

Dice que si el voto electoral es mío, yo puedo hacer con él lo que quiera.

Si el voto es mi propiedad, lo puedo vender si quiero. Difícil ser más claro.

El tema es actual en México, cuando se alega que en la elección hubo compra de votos y que eso no es válido, ni legal. La realidad es más compleja.

Bien vale una segunda opinión el tema. Comencemos por el principio, por la realidad.

No hay duda, primero, que el voto de cada persona está en subasta por decisión propia. Cada quien hace con su voto lo que quiera.

La decisión más clara es la del que no vota: esta persona ha decidido no vender su voto. Nadie lo ha convencido de otorgarle su voto. Se queda con él.

Los que sí votan han vendido su voto en un sentido amplio. Lo dan a quien les ha convencido de eso, de darle su voto. Y el día de las elecciones va, lo deposita en una urna, y se le da al candidato apuntado en la boleta. No está mal, nada mal.

El ciudadano, que es propietario de su voto personal, decide darlo a alguno de los candidatos. Un clásico caso de libertad y propiedad. Difícil es argumentar contra eso.

Como consecuencia, la “venta de votos” que se critica no está en ese dar el voto propio a un candidato. ¿Cuál es el fundamento de la crítica?

Esto es lo más interesante del tema y pocas veces lo he visto tratado con franqueza. El proceso de obtención de votos es simple.

Los candidatos andan en campaña por todas partes, tienen publicidad en todos los medios. Van de un lado a otro prometiendo todo, hablando de lo maravillosos que son, de los milagros que obrarán, de la maravilla que el país será si es que ellos lo gobiernan.

Con eso pretenden persuadir a los ciudadanos de darles sus votos. Es, al final de cuentas, un proceso de compra-venta.

Un proceso de persuasión. Cada quien decide qué oferta aceptar y a ésa le dará su voto. La oferta es el cúmulo de promesas del candidato.

Promete, por ejemplo, pensión a los ancianos y algunos de ellos serán convencidos por eso. A algunos jóvenes los persuadirá la promesa de becas escolares. Y así por el estilo.

Los votantes en diferentes cantidades serán convencidos por promesas de bajar el precio de la gasolina y la electricidad, de servicios médicos gratuitos y otras cosas similares, como subsidios a madres solteras, casas baratas, artículos escolares gratuitos. Todas estas son instancias de promesas cuantificables y específicas.

Hay otras promesas que son menos específicas y no pueden reducirse a pesos y centavos. Por ejemplo, promesas de reformas fiscales, o energéticas, o laborales. Algunos se dejarán convencer por esperanzas de un cambio indefinido, otros por perspectivas de reparto de riquezas, de lo que usted se imagine.

Al final de cuentas, todos vendemos nuestro voto, si es que votamos, al candidato que pensamos hizo la mejor oferta de compra. Esa oferta de compra que cada candidato hace, por supuesto, puede ser de diversos tipos, algunos tangibles y concretos, otros vagos y nebulosos.

Nuestro voto es el pago que hacemos por esa oferta. Una realidad cruda.

Entonces, ¿cuál es la compra de votos que se critica? Una como la de posibles casos de regalo de dinero, o de varios costales de cemento, o cosas similares, pero siempre dirigidas a ciudadanos de recursos escasos.

Es en el fondo, se dice, la explotación del pobre: su voto a cambio de baratijas, como vales para alimentos.

¿Está mal eso? Creo que sí, pero no sólo eso. Está mal el dar despensas de alimentos a cambio de votos, pero también está mal prometer dar becas sin sentido, regalar artículos escolares, dar subsidios al transporte de jóvenes, prometer pensiones universales y cosas por el estilo que no son más que compras de votos.

Se lamentan muchos de que es injusto que se le dé dinero a un pobre a cambio de su voto y tienen razón, pero olvidan que es igual de injusto e irresponsable comprar votos prometiendo gasolina barata, o playas artificiales en las ciudades, o dando huevos subsidiados. Tan compra indebida de voto es una como la otra.

El escándalo construido sobre el alegato de compra de votos olvida un escándalo aún mayor, el de la otra compra de votos. Pero el ciudadano es libre y puede así vender su voto, con inteligencia o sin ella.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Elecciones.

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