Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Milagros Son Imposibles
Eduardo García Gaspar
11 julio 2012
Sección: CIENCIA, RELIGION
Catalogado en:


La idea que tenemos es clara. Cuando se nos habla de un milagro pensamos en un suceso imposible.

Al menos muy improbable.

Más aún, la inmensa mayoría de las veces lo asociamos con la intervención de Dios.

Es algo bueno, pero extraño o raro, que sucede por alguna fuerza sobrenatural.

En nuestros tiempos, ponemos en duda a los milagros. No es tanto que los neguemos, sino los ignoramos.

Los milagros, por ejemplo, narrados en los Evangelios, se ven más como historias románticas, seguramente causadas por las primeras impresiones de mentes poco educadas, menos sujetas a la rigidez de la Ciencia.

Llega el extremo de que ministros religiosos los pongan de lado en sus enseñanzas, como si fueran un obstáculo para creer en la religión.

¿Quién va a creer en nuestros días que alguien convirtió en vino unos toneles de agua, o que curó a un ciego en ese momento? La mentalidad detrás de esto, hasta donde sé, viene de hace unos pocos siglos.

Es la mentalidad que menciona la crítica usual a los milagros: ellos son una violación de las leyes naturales y esas leyes no admiten excepciones. Por lo tanto, los milagros son imposibles. No existen.

Y, la cosa se pone peor, si Dios creó al mundo, también creó esas leyes naturales. Dios no puede violar las leyes que Él mismo creó. Consecuentemente, ni siquiera Dios puede obrar milagros.

Es una buena observación, la verdad sea dicha. Describe bien a los milagros. Convertir en vino una tinajas de agua, en unos segundos, es contrario a lo que esperamos de las leyes naturales.

Igual que la curación inmediata de un paralítico. O la curación imprevista de un cáncer. La observación está arraigada.

Tan arraigada que ha creado una actitud no escrita, que funciona entre las mismas personas creyentes. Se deja de hablar de ellos porque no coinciden con lo que sabemos del mundo natural.

La idea central, que es de David Hume (1711-1776), si no me equivoco, es el fondo del asunto: los milagros son una violación de las leyes naturales. Y de allí se deriva el resto.

Es un buen ejercicio encontrar la posible falla de ese razonamiento. Uno de esos ejercicios que son irresistibles. ¿Hay una falla? Si la hay, ella estará en las partes más ocultas y las partes más ocultas son generalmente las más visibles, donde nadie se preocupa de buscar.

Igual que en el cuento de E. A. Poe, La Carta Robada. El error está en el comienzo, en la definición misma de milagro. En el sitio más obvio y visible, que es el que se pasa por alto.

Si se define como una violación de las leyes naturales, es natural que se piense en su imposibilidad. La definición acarrea su misma conclusión: los milagros son imposibles. Pero esa definición puede ser cambiada a otra cosa que no sea “violación” de las leyes naturales.

¿Qué pasa si se definen como una adición a las leyes naturales? Un factor desconocido que no conocemos en nuestras ciencias y que abre la puerta a otra variable que no está bajo nuestro dominio humano.

Lo que conocemos por medio de nuestras ciencias es ese conjunto de leyes naturales, pero no el factor D, por decirlo así.

Digamos que las leyes naturales las descubrimos y expresamos con ecuaciones y fórmulas en las que hay una variable que no está bajo nuestro control. Esta bajo el control de la voluntad de Dios, no la nuestra.

Crea usted o no en esto, es una posibilidad que evita un error de definición sesgada de origen. Todo lo que hace es quitar una palabra sesgada, la de “violación”.

Si alguna personas cree o no en los milagros de Dios, eso es un asunto personal, basado en las propias creencias. Mi punto es mostrar lo que parece un engaño que ha tenido consecuencias.

Una definición perversa en su origen, falsa, lleva a conclusiones erróneas que han producido una actitud injustificada.

Mi conclusión: si alguien trata de negar los milagros debe encontrar otra manera de hacerlo que sea más sólida y que no use una definición truqueada. Sea lo que sea, estos ejercicios mentales son de utilidad para vigorizar la mente en lo que finalmente es su objetivo, encontrar la verdad, o partes de ella.

Cuando el que cree en los milagros discute con el que los niega, pueden ellos gozar su discusión si ambos desean encontrar la verdad. `

Quizá no lo consigan, pero su conversación será más útil y divertida que si cada uno adquiere una posición terca que no examine las razones del otro. Será un pequeño milagro.

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