Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mito Favorito
Eduardo García Gaspar
7 febrero 2012
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Alguien dijo hace tiempo, “la pobreza en México es un mito”. De inmediato surgió la reacción obvia.

Eso era falso, la pobreza es una realidad, no un mito sino verdadera, se dijo con indignación.

Todo fue en el fondo un desbarajuste de significados. Como una comedia de errores.

Si usted define mito como mentira, esa frase significaría que la pobreza en el país no existe. Obviamente es una frase falsa. Sí existe la pobreza.

Pero si usted define mito como una historia popular, antigua, mística, que pertenece al folclor y es parte de la cultura, entonces la frase es la realidad. Un tradición vuelta leyenda, un relato continuo, mistificado y favorito.

La pobreza, por supuesto, es real. Existen personas que son indudablemente pobres. Claro que todo depende de la definición de pobreza que se use. Tenemos, por tanto, una realidad.

Pero cuando esa realidad se modifica y altera para formar un mito, un elemento cultural que usa el drama para contar historias, parte real parte invento, que se torna fantástico, entonces la cosa cambia.

Los pobres ya no son los reales, sino los creados por la imaginación que explican y justifican todo. Se forma una especie de cosmovisión popular que define a la sociedad misma.

El pobre deja de ser alguien real y tangible, para tornarse en el personaje central de una leyenda. Toda una fábula se construye al respecto.

Destruirla sería destruir también a la sociedad. Dejar de ser pobre sería perder identidad propia. Perder el mito. Abandonar la retórica de la pobreza en el discurso político sería vaciarlo.

Es en ese sentido que la pobreza en México es verdaderamente un mito, el “mito genial” del que habló Pedro Aspe. Abandonar el mito no es mala idea, al contrario.

Abandonarlo para ver la realidad. Dejar leyendas de lado y ser pragmáticos. Yendo a la realidad, lo primero a ver es un hecho, de la pobreza como regla universal se ha pasado a la pobreza como excepción. Hemos descubierto que se puede dejar de ser pobre, es decir, que puede crearse riqueza.

Maravilla que, entonces sí, nos coloca en posición de remediarla razonablemente.

¿Cómo? Creando riqueza, creciendo. Este es el principio central, el cimiento de la solución. Sin crecimiento no hay solución a la pobreza. Sin crecimiento la única posibilidad es terrible, quitar a unos para igualar al todos. El resultado será igualdad en la pobreza. No sería agradable.

Tenemos, por tanto, una dirección general muy clara, el crecer. Con la ventaja de que sabemos cómo hacerlo.

Sobre todo, sabemos cómo no crecer. ¿Quiere usted frenar el crecimiento? Es sencillo, permita al gobierno ser un agente económico considerable. Deje que maneje empresas propias, acepte que se paguen impuestos altos, que intervenga con subsidios y precios controlados, que obstaculice las iniciativas personales, que el gobiernoo sustituta a la persona.

Haciendo esto, se tendrá una economía frenada, de escaso desarrollo. ¿No me cree? Vea países como Cuba, o Venezuela, o Grecia, o EEUU.

En otras palabras, deje libres las iniciativas personales de creación económica dentro de un ambiente competitivo. No dé privilegios a nadie, no trate a nadie de manera diferente, no dé protección a nadie.

Que cada quien arriesgue y gane o pierda según su propio juicio y decisión. Esto es lo que produce crecimiento. Y en ese ambiente de florecimiento, la pobreza tenderá a ir reduciéndose.

No es difícil de entender, aunque sí es difícil de implantar por causa del mito del pobre. En su sentido de mito es que los gobiernos actúan reduciendo posibilidades de crecimiento. ¿No me cree?

Quite el mito de la pobreza a los discursos de los candidatos a presidente en México y los volverá casi mudos. Sería eso una ventaja, por supuesto, y además evitaría hacer lo opuesto de lo que se necesita.

Cancelando la pobreza como mito, viéndola en realidad como lo que es, las soluciones se volverían más obvias. Como mito, la pobreza además llama a otro mito, el del gobernante todopoderoso que la desaparecerá, que es el centro de las promesas electorales en México ahora (como el notable caso de López Obrador).

Ridículo, pero es lo que vemos en cada discurso que justifica al intervencionismo, como reducir precios de gasolina y electricidad por decreto.

En cambio, si le retiramos al mito de la pobreza, también cancelaríamos al mito del gobernante mesiánico que es otra leyenda, otro personaje imaginado, otra parte de las creencias imaginadas de seres quiméricos.

Post Scriptum

Me fue enviada hace tiempo una colección de frases idiotas de los políticos mexicanos. Entre ellas estaba esa, la de que la pobreza es un mito. La verdad es que no es idiota tal frase, al contrario.

La pobreza real ha sido convertida en mito y ese mito da pie a otro, el del gobernante salvador del país, el redentor de los pobres y marginados. Pamplinas.

Porque en realidad la pobreza no es lo único que ha sido convertido en mito. También lo ha sido el presidente del país, aquí y en muchas partes, el superhombre que encarna las lamentaciones de los pobres, que llega para salvarlos, su protector divino. Quizá existan tres mitos en total, en este tema:

  • Mito de la Pobreza.
  • Mito del Gobernante Mesiánico.
  • Mito de la Distribución de la Riqueza

El tercero es el que cierra la mente a una vía. Impide pensar, por ejemplo, en que el crecimiento tiende a reducir precios, es decir, aumentar el poder adquisitivo de todos, donde los pobres tendrían un beneficio más que proporcional.

La definición causal de pobreza es útil para ver la realidad.

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