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Moralidad Intrínseca del Mercado
Selección de ContraPeso.info
22 noviembre 2012
Sección: ECONOMIA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta una idea del Rev. Robert A. Sirico. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

El título original es Is There an Intrinsic Morality of the Free Market? La idea central del escrito es indagar si los mejores resultados materiales de los mercados libres hacen a estos algo algo moralmente bueno.

El debate sobre los mercados y la moral tiene una larga tradición.

Karl Marx pensaba, por supuesto, que había algo intrínsecamente inmoral en lo que él llamó capitalismo basado en la noción de “la teoría del valor-trabajo”, la que sostiene que los trabajadores son enajenados de lo que producen por la propiedad privada de los medios de producción.

Un pequeño océano de tinta ha sido derramado en ese debate.

Muchos de los que ven la importancia de la economía libre para el sustento de la sociedad se apresuran a perfilar los defectos de la argumentación de Marx, mostrando que el valor económico de un bien no está basado, como Marx sostuvo, en la cantidad de tiempo, trabajo y esfuerzo de un trabajador incorporados s su producción, sino en el valor subjetivo de uso de la mercancía para el propio consumidor.

Hasta ahora, todo bien. Sin embargo, otra conclusión es a menudo incluida en esta respuesta legítima a Marx. Sus críticos añaden que, más que el mercado sea intrínsecamente malo, de hecho es intrínsecamente bueno.

Que es intrínsecamente bueno, argumentan, puede verse por la eficiencia asombrosa de una economía libre, en la producción de una mayor cantidad de riqueza e incluso una más amplia distribución de la riqueza de toda la sociedad.

¿Puede alguien negar que esta línea de razonamiento de que el libre intercambio y la expansión de los mercados es el principal responsable de la elevación del nivel de vida en todo el mundo cuando es medido en términos de acceso a las cosas que hacen la vida mejor, más fácil y más feliz aún?

Apuntarán a estudios empíricos exhaustivos que se han hecho y que demuestran la relación entre las tasas de impuestos más bajos y menos regulación con la prosperidad general de las naciones. “¿No es todo esto algo bueno?” ellos concluirán. ¿No constituye esto la moralidad intrínseca del libre mercado?

No hay duda en mi mente acerca de la veracidad de las afirmaciones empíricas de estos argumentos. Pero la cuestión que tenemos ante nosotros no es el beneficio instrumental que la libertad económica puede producir para la gente.

Es, más bien, si el mercado es en sí mismo intrínsecamente moral. Muchas personas bien intencionadas no hacen, inicialmente, la distinción entre un bien instrumental y un bien intrínseco.

La calidad intrínseca de una cosa es algo relacionado con la naturaleza de la cosa misma, algo sin lo cual la cosa no sería ella misma. Para poder evaluar la moralidad intrínseca del mercado libre hay que mirar más allá de los efectos meramente utilitarios positivos (o incluso negativos) de lo que un mercado libre puede producir. Hay que mirar a su propia naturaleza.

Cuando miramos bajo los efectos instrumentales de la economía libre, que no es, en primer lugar el dinero, asignación, producción, ni distribución, descubrimos que en su nivel más fundamental la economía es la acción humana —la forma de actuar de la gente para satisfacer sus necesidades.

Una analogía simple podría ayudar a aclarar esto. Hágase esta pregunta: ¿Es un martillo intrínsecamente moral? Su respuesta sería de inmediato: “Depende para qué se utilice”.

Si se emplea para golpear en la cabeza de gente antipática, la respuesta es no. Si se usa para ayudar a construir una casa para una gente sin hogar, la respuesta sería afirmativa. En cualquier caso, la respuesta exacta es decir que el martillo no es ni moral ni inmoral, sino que es la persona que decide su uso la que puede evaluarse moralmente.

Atender a estas grandes preguntas nos permitirá evaluar más profundamente la organización económica de la sociedad. Así que la verdadera cuestión aquí no es financiera, sino una antropológica: ¿Qué es el hombre? ¿Quién soy yo? ¿Por qué estoy aquí? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuáles son mis responsabilidades conmigo mismo y con los demás?

Cómo respondemos a este tipo de preguntas tiene un enorme impacto en todos los aspectos de nuestras vidas, incluyendo la forma en que trabajamos y compramos y vendemos, y cómo creemos que esas actividades deben estar dirigidas —es decir, en la economía.

Sólo desde este punto de partida podemos ver la relación entre los mercados y la moralidad intrínseca.

Lo más evidente en los seres humanos es que somos físicos. Vivimos en un mundo físico, que es un mundo limitado. Esta realidad existencial es lo que da lugar a la cuestión económica -—¿cuál es la correcta asignación de los recursos escasos?

Si lo físico fuera la única dimensión de la realidad humana, podríamos estar satisfechos con la construcción abstracta de los economistas del homo economicus (el hombre como una mera realidad económica).

Es una metáfora que sirve un propósito en la literatura económica —de la misma manera que un dibujo animado, con sus colores primarios y distinciones exageradas, puede poner en alto relieve una característica fundamental que de otro modo podría pasar desapercibida.

Pero esta metáfora no es una imagen exacta de la rica, inmensa y sutil complejidad que constituye la realidad humana. La abstracción exangüe y fría del homo economicus, que sólo se mueve a actuar para “maximizar la utilidad”, como el economista podría decir, está tratando de satisfacer sólo los deseos materiales.

El aspecto económico del hombre, es real, pero no es toda la verdad sobre lo que son los seres humanos.

Visto de manera más profunda, en un nivel intrínseco, se hace evidente que la gente está motivada por más altos objetivos y metas. Los objetivos y las metas no se reducen fácilmente al libro mayor de contabilidad —aunque importante sea el libro mayor para la salud económica de la familia, la empresa o la sociedad en su conjunto.

Imagine por un momento lo que la vida en sociedad sería si las personas fueran motivadas a actuar sólo por algún tipo de satisfacción de los sentidos. Las calles simplemente no serían seguras. De hecho, en la medida en que algunas personas están motivadas únicamente por su sensualidad, muchas calles no son seguras.

Esta perspectiva antropológica nos pone en una mejor posición para discernir lo que es intrínsecamente bueno en relación con la persona humana: lo que ayuda al hombre a florecer en su plenitud es el estándar por el cual podemos determinar lo que es moral.

Volviendo nuestra atención ahora a la comprensión del mercado, tenemos que ser claros en cuanto a lo que realmente es con el fin de responder a la cuestión que nos ocupa. El mercado es esencialmente la expresión de una preferencia económica humana.

Las preguntas sobre la moralidad del mercado a menudo surgen simplemente porque el mercado está tan estrechamente vinculado a la toma de decisiones y el mejoramiento humano —en el nivel material.

Y aquí es donde la confusión se presenta con frecuencia en cuanto a su moralidad. Los seres humanos son algo más que su realidad material, pero, al mismo tiempo, su realidad material es algo sin lo cual el ser humano no puede existir bien.

Sin embargo, el abundante beneficio material que una persona puede disfrutar no es una indicación suficiente de su bienestar moral. Si bien estas dos dimensiones de la existencia humana son distintas, ellas no son independientes.

Otra manera de ver esto es entender que la libertad en sí misma no es una virtud, sino más bien el contexto en el que la virtud (o vicio, para el caso) se hace evidente.

Si un mercado libre es la expresión de la libertad de los agentes económicos para satisfacer sus necesidades, entonces la moralidad del mercado dependerá de si esos deseos y su cumplimiento fue moral en la primera instancia.

Nota del Editor

Las argumentación de Sirico se sustenta en la distinción entre dos formas de evaluar la superioridad de los mercados libres:

1. Por resultados prácticos —una óptica instrumental—, que usa los datos de mayor creación de riqueza en prosperidad en los lugares y tiempos en los que predominan sistemas de libre mercado. No sería moral aplicar otras políticas que producen menos beneficios y con eso dañar a las personas.

2. Por congruencia con la naturaleza humana —el bien moral intrínseco—, que aplica el principio escrito por el autor: “lo que ayuda al hombre a florecer en su plenitud es el estándar por el cual podemos determinar lo que es moral”. Un mercado libre es ese contexto en el que la persona puede mostrar su virtud.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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