Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mucho Bien, Mucho Mal
Eduardo García Gaspar
28 junio 2012
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Se llama Principio Doble del Poder. Un nombre muy descriptivo.

Describe algo de mero sentido común.

Cuanto más poder tiene algo para hacer el bien, tiene también la misma cantidad de poder en el otro sentido, para hacer el mal.

Se necesitan ejemplos para comprenderlo.

El más fácil y simple es el del poder nuclear, con capacidad de hacer mucho bien, pero usado para hacer el mal tiene también gran capacidad.

Un ejemplo menos extremo, es el de un cuchillo de cocina. Es difícil pensar cómo podría pasarse sin él, pero sin duda el mismo cuchillo puede ser usado malévolamente.

Vamos a otro ejemplo más interesante, el del ser humano. No creo que haga falta demostrar su capacidad en ambos sentidos. Hay personas que se han comportado de maneras bondadosas y benéficas, al mismo tiempo que otras han realizado los peores actos posibles de imaginar.

Usted puede citar ejemplos de ambos casos. Las cosas comienzan a ponerse interesantes ahora.

Vayamos a otro nivel, el de los gobiernos. Necesariamente formados por personas, los gobiernos son capaces de lo mismo, hacer mucho bien. Pero, también, mucho mal.

Eso es lo que establece el Principio Doble del Poder: lo que tiene poder para hacer muy buenas cosas, tiene la misma cantidad de poder para hacer mucho mal. Usted puede nombrar casos de gobiernos de ese tipo.

Pero resulta curioso que los casos de gobiernos que han hecho mucho mal sean los más recordados. Son los más notables y, me parece, han sido muy propios del siglo 20: totalitarismos que creyendo hacer el bien acumularon poderes extraordinarios, para terminar realizando horrores históricos.

Nuestra experiencia con los gobiernos ha sido tan amarga que se han construido frenos a la acción gubernamental: darles menos poder, dividir el poder que tienen, respetar libertades ciudadanas, y demás.

Con menos poder en sus manos los gobernantes tendrán menos capacidad para hacer el mal y esto es preferible a darles gran poder creyendo ilusoriamente que harán mucho bien.

Este es otro principio, el Principio de la Limitación del Poder: es preferible dividir el poder a concentrarlo. De esta manera, se evitará la posibilidad de sufrir grandes males.

También, un principio de mucho sentido común, que nos regresa al nivel de las personas. A nosotros mismos, a nuestra naturaleza.

Está en nosotros, de manera natural, una gran capacidad y poder para hacer cosas. Somos libres y podemos pensar. Está en nosotros, intrínsecamente, un gran poder para hacer lo bueno, grandes y maravillosas cosas de gran beneficio y bondad.

Pero ese mismo poder para hacer el bien, lo tenemos también para hacer el mal, las cosas más malvadas y terribles.

Si es conveniente conocernos, ésta es una buena adición al conocimiento propio: el saber que tenemos poder en esas dos direcciones, para bien y para mal. Y nuestro poder no es escaso, es grande. Una naturaleza humana realmente fascinante, seres que pueden ir en dos direcciones totalmente opuestas.

Es una dualidad curiosa y única en nuestro mundo. Nadie más la tiene. Somos la única especie a la que aplica este Principio Doble del Poder.

Por tanto, necesitamos al estudiarnos una manera que explique esas dos capacidades. La de hacer cosas admirables y loables y la de hacer cosas terribles y malvadas.

Si sólo reconociéramos nuestra capacidad para hacer lo bueno, nos volveríamos soberbios. Si únicamente reconociéramos nuestra capacidad para el mal, viviríamos en la desesperación.

Si reconocemos ambas posibilidades estaremos en un punto más real y cierto. Un punto desde el que podremos evaluar mejor nuestra existencia, por ejemplo, nuestras preferencias políticas.

Si hacemos caso al Principio Doble del Poder y al Principio de la Limitación del Poder, sospecharemos mucho de las plataformas electorales de candidatos que prometen hacernos felices, crear millones de empleos, hacerse cargo del bienestar universal.

Para hacer tales cosas necesitan mucho poder y el poder, sabemos, puede producir tantos males como bienes promete.

Serán preferibles promesas electorales menos ambiciosas, más realistas, que requieran de menos poder en el gobernante. Tendrá menos capacidad de hacer cosas buenas, pero, lo más importante, su capacidad para hacer el mal será muy limitada.

Y eso, es una ganancia para todos.

Post Scriptum

La primera vez que leí sobre el Principio Doble del Poder fue en Morris, T. V. (1992). Making Sense of It All: Pascal and the Meaning of Life. Wm. B. Eerdmans Publishing Co., donde se une a los pensamientos de B. Pascal.

Esa dualidad humana, para hacer grandes bienes y grandes males, se tiene la mejor expresión en la idea Cristiana del hombre hecho a la imagen de Dios, pero un hombre que ha caído en el pecado.

Conocer a Dios sin aceptar nuestra maldad, nos conduciría al orgullo; conocer muestra maldad sin aceptar a Dios, nos lleva a la desesperanza.

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