Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Navidad y el Regreso
Eduardo García Gaspar
24 diciembre 2012
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea es de consecuencias serias. Las más serias en las que pueda pensarse.

Todo empieza, literalmente, con una palabra “adviento”.

El significado es claro, quiere decir arribo, llegada. Y es el origen de lo que en estas fechas se celebra.

Fiestas, reuniones. Todo con un tono de alegría y deseos buenos. No está mal tener estas cosas una vez al año.

Nos recuerda lo que debe ser, un ideal al que aspiramos, de amor y paz. El origen es lo que sabemos, un suceso en un sitio remoto y sin importancia, que cambió al mundo. El nacimiento de Jesús.

Muy bien, al ateo esto le tiene sin cuidado y si acaso festeja eso le hace prender adornos de pinos, trineos y demás. Pero también a él le ha afectado la vida como nada más.

Desde principios del mes, durante estas semanas, se ha vivido el Adviento en el Cristianismo. Días de preparación previos al arribo de Cristo.

Hay oración, vigilia, preparación, festejo. No está mal el asunto. Impacta el sentimiento general de estos días con los buenos deseos que hace nacer. Es fascinante que esto incluya a quienes no tienen creencias.

Lo que creo que bien vale una segunda opinión es otra cosa, distinta pero relacionada.

Cuando me di cuenta de la idea que escribo en lo que sigue, me asombré mucho, como pocas veces lo he estado. No fue una cosa que me sucedió de repente, en unos pocos segundos. Fue en varios meses de pensarlo. Allí va.

Comienzo por lo obvio. Esta época de año se percibe con facilidad en su superficie. Son las compras, las rebajas en los comercios, las comidas con amigos y de oficina. Es lo que se ve en las decoraciones navideñas y las luces que se prenden. Son los caramelos, los pavos, los vinos y todo eso.

Es la parte exterior de una fiesta que en su interior nos hace llamados a lo bueno: compasión, caridad, amor, paz y otras cosas más.

Si uno se adentra más, hay otra cosa obvia y previa a lo que produjo mi asombro. Es la razón original de tanto festejo: la llegada al mundo de Jesús, Dios mismo.

Esto es para producir temor en cualquiera, pero al tener los festejos tan cercanos y frecuentes, perdemos un poco la noción real de su significado. Cualquier cristiano de medias convicciones no tiene más remedio que impresionarse, si es lo que piensa por unos minutos.

Esa convicción, siquiera en una percepción vaga, es lo que mueve a las personas a acercarse a alguna iglesia. Creo esto porque en estas fechas la asistencia suele incrementarse.

Tengo la impresión de que se trata de una inquietud interna, como si tuviésemos dentro de nosotros algo innato que nos llama a eso. Voy ahora a lo que me ocasionó ese asombro enorme.

Yo no sé si a usted le suceda lo mismo. Puede ser que le importe un comino, o que, por el contrario, le cause un shock inmediato. Todo lo que puedo decir es que tardé en darme cuenta de lo que significa en realidad.

En pocas palabras, en Navidad festejamos el nacimiento de Jesús hace unos dos mil años. Eso todo lo sabemos. Pero si creemos en eso que festejamos, no hay más remedio que creer en otra cosa también. Cristo regresará.

Y eso es lo que me asombró cuando me di cuenta de que no hay manera de creer en la Navidad sin creer también en el Regreso.

Siendo un hombre que necesita sus tiempos de asimilación y que no son precisamente rápidos, eso me tomó meses. Tuvo y sigue teniendo sus consecuencias. Mientras que la Navidad suele tener su efecto momentáneo en casi todos, el Regreso tiene un efecto continuo en quien lo cree.

En fin, eso es todo lo que quise decirle este día. Quise compartir esta idea que, para mí, ha sido impresionante. Me ha cambiado la vida, como nada lo había hecho.

Es lo que prolonga la alegría misma que produce la Navidad, pero ahora prolongada durante todo el año. Es un gran sentimiento, en verdad. Ojalá usted me entienda.

El escéptico, por supuesto y le doy la razón, dirá que nada de esto está comprobado, que no sabemos la fecha del Regreso, ni si es que sucederá. Es cierto, pero es por eso precisamente que se hace más creíble, porque nos rebasa. Sería contradictorio que tuviéramos la mente suficiente como para comprenderlo todo.

Mientras usted me cree o no me cree, le deseo una Feliz Navidad haciendo votos para que esas sensaciones de esta época se prolonguen el resto de su vida.

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