Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No 1%, Sino 33%
Selección de ContraPeso.info
11 enero 2012
Sección: ESCUELAS, Sección: Análisis, SOCIEDAD
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ContraPeso.info presenta una idea de David Paul Deavel. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

El título original de la columna es One Percent or 33: America’s Real Inequality Problem. La idea central es examinar un factor de riesgo en niños, la fragmentación de su familia y su efecto en la desigualdad.

La economía de los EEUU permanece estancada y, en todas partes del espectro político, especialmente de la izquierda, la gente ha dirigido su atención a la desigualdad.

Aunque sin planes concretos de reforma, el movimiento Occupy Wall Street enfatiza la creciente desigualdad entre el más alto 1% y el 99% restante de los estadounidenses, suponiendo que el crecimiento de los mayores ingresos significa que el resto recibe menos.

En apoyo a esta manera de pensar, el New York Times publicó un artículo a principios de noviembre titulado “Los Ricos se Hacen Más Ricos”, el que algo engañosamente dio a entender que los ricos en verdad se volvían aún más ricos, incluso durante los últimos tres años, mientras que los pobres eran cada vez más pobres.

Oculto en esa historia, Michael Medved, entre otros, señaló que un estudio citado, del Congressional Budget Office, mostraba que de 1980 a 2007 los estadounidenses más ricos estaban realmente volviéndose más ricos a pasos agigantados; pero también lo estaban haciendo la gente de la clase media y las personas con menores ingresos, aunque a pasos menores. Por no mencionar el hecho de que había una gran movilidad entre las clases.

En todo caso, el 1% perdió la mayor cantidad de dinero en términos de dólares absolutos, después de la crisis financiera de 2008. Pero si los de OWS tenías razón en algo, eso es que hay una creciente desigualdad en la vida de los estadounidenses.

Scott Winship, basándose en los resultados del Charitable Trust’s Economic Mobility Project de Pew, según lo evaluado por sus colegas en el instituto de centro-izquierda Brookings, muestra que aunque los beneficios no han sido tan notables en las últimas décadas como lo fueron para los estadounidenses hace 40 años, lo que es evidente es sin duda “la movilidad económica generalizada”.

Generalizada en verdad. Movilidad hacia abajo desde lo más alto y el medio, hasta movilidad hacia arriba desde el medio. La excepción, señala, es “la movilidad hacia arriba desde el fondo”.

Mitch Pearlstein, que trabajó en el Departamento de Educación de Reagan y Bush I, y luego fundó el Center of the American Experiment, en Minneapolis, también ve esto como un problema creciente.

Su nuevo libro, From Family Fragmentation to America’s Decline, Pearlstein lamenta esta incapacidad de muchos para subir el camino desde los niveles más bajos de la sociedad. Pero en lugar de fijarse en el 1%, se concentra en el 33%.

Este es el porcentaje de niños que viven con uno de los padres en lugar de dos. Estos niños, víctimas de lo que muchos llaman “la fragmentación de la familia”, comienzan con tremendos déficits sociales y educativos que son difíciles de reducir, ya no de evitar.

Estos son con frecuencia los niños para quienes la movilidad ascendente se ha estancado. Su bienestar económico ha llevado a un declive a la competitividad de EEUU y también a las divisiones más profundas de la desigualdad que han sido tan ampliamente observadas.

Este territorio no es desconocido. En el primer capítulo de su libro, “De Moynihan a ‘Dios mío’”, Pearlstein rastrea los hallazgos de los científicos sociales sobre los efectos del divorcio, de vivir con un solo padre, y en particular de la ausencia de los padres de la época del famoso Daniel Patrick Moynihan y su famoso informe de 1965 sobre la situación de las familias de color (o infame, según el punto de vista contemporáneo de la izquierda).

Aunque Moynihan tuvo el cuidado de atribuir la ruptura en ese momento de las familias de color a factores como la esclavitud, el racismo, y otras variables económicas, fue sin embargo acusado de racismo, por sólo tratar el tema.

Mientras que otros científicos sociales trabajando desde 1960 hasta la década de 1980 reivindicaron todo lo que Moynihan había dicho, no era políticamente correcto decir nada de eso, considerando la oposición de los multiculturalistas y, por supuesto, las feministas mismas que parecían creer no sólo que las mujeres, sino también los niños, necesitan hombres como los peces necesitan bicicletas.

Charles Murray, en 1984, con su libro Losing Ground, tuvo la temeridad de sugerir que gran parte del aparato del estado de bienestar armado a partir de la década de 1960 no sólo no había ayudado a la vida familiar, sino estimulado el divorcio, las madres solteras, creando los mismos problemas entre los blancos que Moynihan había identificado antes entre los negros.

El hielo se rompió finalmente cuando se ha establecido figuras progresistas como Bill Moyers y William Galston comenzaron a dar a conocer las realidades de la desintegración de la familia.

Tendencias desalentadoras

Ahora es virtualmente aceptado, desde la perspectiva de las ciencias sociales, que los padres y las madres casados que viven juntos, tienen un impacto mucho mayor en el desarrollo económico futuro de los niños que el simplemente ser “fuentes de ingresos”.

Los capítulos de Pearlstein son sobrios y completos tratando los efectos de la fragmentación familiar en “toda concebible medida” y en educación.

El divorcio y las familias de un solo padre son considerados como factores de riesgo de pobreza como también la salud, seguridad y bienestar educativo de los niños en todos los segmentos. Pearlstein confirma esto no sólo usando estudios de EEUU, sino de otras culturas.

Lo que es en especial deprimente acerca de la vida familiar estadounidense es que los niños del país, nacidos en familias de dos padres, tienen más probabilidad de experimentar un rompimiento familiar (o “fragmentación” según el eufemismo actual) que niños suecos, nacidos de padres que cohabitan.

(Pearlstein tiene cuidado al apuntar que lo anterior es una medida comparativa —otros datos muestran que tener padres casados tiene efectos en los hijos más allá de cuestiones legales. Estar casados en mejor para los hijos que cohabitar.)

Como Moynihan antes que él, Pearlstein también tiene cuidado al decir que no toda pobreza, ni falla educativa y de salud es causada por la fragmentación familiar, aunque tiene mucho que ver con ella.

Dados los datos de movilidad social que cité sobre la movilidad generalizada, hacia arriba, de las clases medias, los hallazgos de Pearlstein no presentan un bonito cuadro del futuro estadounidense.

Todos los datos, especialmente del estudio del National Marriage Project de 2010 sobre los estadounidenses y el matrimonio, muestran una “unMarriage Culture” como lo estila Kay Hymowitz —una cultura antimatrimonio— que se ha convertido en endémica también entre las clases medias.

Los datos de Pearlstein muestran que los efectos de la fragmentación familiar no están limitados a los niños en segmentos pobres, sino en todos los segmentos que la sufren.

Pearlstein se esfuerza en aclarar que no está acusando a nadie, y que no niega que muchos niños en hogares de un solo padre o de divorciados se encuentran bien. Sin embargo, los mejores datos disponibles muestran que los hijos en esas situaciones están en un riesgo mucho mayor de falla educativa y su consecuente debilidad económica como adultos.

En tiempos de alta tecnología de la información, el camino de movilidad social hacia arriba depende de un alto nivel de educación, social e intelectual. Aquellos que se quedan atrás en estos campos tendrán dificultades crecientes no sólo para avanzar, sino para en general mantenerse.

En el revolucionario estudio Marriage and Caste in America, de 2008, la mencionada Kay Hymowitz describió al “proletariado auto perpetuado de madres solteras” que se había creado y lo comparó con el ciclo, también auto perpetuado, de madres educadas en universidad que crían niños que van a la universidad, se casan y, entonces, tienen hijos.

Pearlstein tan solo añade haciendo notar que mientras muchos creen que los empleos llevado a otros países se justifican sólo por altos costos laborales y regulatorios, muchos puestos de alta tecnología también se están yendo al exterior porque no hay suficientes estadounidenses con la educación necesaria para esos puestos.

Este déficit de trabajo significa el debilitamiento de la competitividad de EEUU, empeorando en el futuro.

El costo de la fragmentación familiar para el pueblo estadounidense tiene un valor en dólares que puede ser calculado aproximadamente. Pearlstein cita el estudio de Benjamin Scafidi, de 2008, que indicó que el gasto del gobierno para resolver la fragmentación familiar fue de 112 mil millones al año, aproximadamente.

Señala que esta cifra calculada con “extrema precaución” deja fuera lo relativo a hogares a cargo de hombres, programas gubernamentales como Earned Income Tax Credit, gastos de Medicare asociados a adultos no casados y ancianos solteros, el “efecto benigno del casamiento en el ingreso del padre” y la probabilidad de que padres casados no hagan uso de los servicios gubernamentales a los que tienen derecho por igual que las madres solteras.

Todos estos y otros costos no considerados apuntan a una cifra mucho mayor que esos 112 mil millones de dólares anuales. Si Charles Murray tuvo razón de que en muchos aspectos estos gastos sólo estimulan la fragmentación familiar, puede uno ver lo grandes que son ellos realmente.

¿Cuáles son las soluciones a todo esto? O, con más realismo, ¿qué puede siquiera ayudar?

Los dos capítulos finales de Pearlstein acerca de las formas para reforzar la educación y el matrimonio son muy tentativos.

Mientras que él no duda de que la educación pública puede mejorarse, hay un cierto nivel de escepticismo sobre las reformas amplias que se ha realizado en los últimos cien años en educación.

Pearlstein piensa que las escuelas religiosas privadas son tan exitosas porque son capaces de enseñar la unidad de la virtud moral e intelectual. Las escuelas públicas que han tenido éxito con igualmente “paternalistas” en enseñar leer, escribir y aritmética, pero también valores de clase media, como laboriosidad, ahorro, cortesía y una fuerte ética de trabajo.

Debido a las limitaciones impuestas por los sindicatos de profesores y los procesos burocráticos, esos escuelas son escasas y difíciles de copiar cuando se encuentran.

En cuanto al matrimonio, hemos visto aún menos datos desde el comienzo hace unos 15 años del estímulo a la cultura del matrimonio.

Los resultados no han sido positivos. Pearlstein no cree que no exista lugar para el gobierno en el estímulo a la paternidad en matrimonio, pero su libros apunta una y otra vez al problema de fondo: nuestra cultura.

A pesar de la impresión común de que el Cristianismo Estadounidense está en mucho basado en juicios, Pearlstein sostiene que “las instituciones religiosas necesitan ser más asertivas en este campo, sin dejar de dar apoyos a quienes lo necesitan”.

Los padres no se casan ni permanecen casados para “salvar a la economía”, ni para “aminorar la desigualdad”, pero lo quieren por razones más profundas que tienen el mismo resultado.

Nota del Editor

El gran mérito del autor es apuntar, de nuevo, que la fragmentación de la familia es un factor de riesgo en los hijos: afecta su movilidad social hacia arriba, su superación personal como adultos. La fragmentación familiar es el efecto de una cultura que menosprecia el matrimonio y la familia tradicional.

Es decir, quien se preocupa por desigualdad debe poner atención en la movilidad hacia arriba de personas en los segmentos más bajos de ingresos, sabiendo que una causa importante de esa falta de movilidad es la fragmentación familiar. Ella pone al niño en riesgo de pobreza.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



4 Comentarios en “No 1%, Sino 33%”
  1. Roberto Dijo:

    El problema de la fragmentacion familiar es el exceso de libertades que poseen los individuos y el Estado de Bienestar que subsidia dichas conductas. En Peru, el entonces presidente Alberto Fujimori, establecio una politica de esterilizacion compulsoria para los sectores poblacionales que representaban una carga al Estado. En la China comunista que tanto criticamos, se hace mas o menos algo parecido. En la Alemania Nacional Socialista el gobierno establecio una politica de eugenesia, que buscaba criar solo lo mejor de lo mejor para dar forma a una mejor estirpe de hombres y mujeres. Todos esos ejemplos que mencione arriba gozaron, o en el caso de China, todavia gozan de una gran bonanza economica. Hay que pensar fuera de la caja, hay que darle un golpe al liberalismo, libertarianismo, libertinaje y todo lo que tenga que ver con amnistias sociales… NOTA DEL EDITOR: ¿qué hacer entonces? ¿Quitar libertades para que no haya excesos? La libertad es causa de progreso.

  2. Marlon Dijo:

    Sr. Editor, entiendo que Roberto tiene mucha razon en lo que dice. Usted dice que la libertad es causa del progreso, y por lo tanto no se debe quitar. Entonces esta usted a favor del progresivismo? NOTA DEL EDITOR: a favor de la libertad.

  3. Jose Alberto Dijo:

    … Embarazos prematuros, abortos, violaciones, asesinatos, corrupcion, narcotrafico, etc, etc, etc,; ese es el producto de la libertad, el cancer que carcome a Occidente. Hacen falta gobiernos autoritarios como los de Franco, Pinochet, Mussolini, Fujimori… Si me dan a escoger entre justicia, libertad y tranquilidad, escojo la tranquilidad…

  4. Alejandro Dijo:

    Interesante que gran parte de los aparatos gubernamentales del mundo actual razonan (deliberadamente en mi opinión) y actúan a favor de la desintegración familiar asumiendo una postura ideológica de que es imposible el cambio en las costumbres que han resultado probadamente dañinas y ello provoca muchos de los males que vivimos actualmente. Cuando un estudio demuestra que una conducta es dañina (me viene a la mente el estudio del prof. Green acerca del SIDA, una interesante reflexión por cierto), la postura es ocultar bajo la alfombra esos datos, por no ser “políticamente correctos”. Creo que hace falta más ser más impropios políticamente para que cambios reales sucedan. Excelente artículo.





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