Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
No es lo Mejor
Eduardo García Gaspar
29 noviembre 2012
Sección: ECONOMIA, EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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Es el remedio usual y acostumbrado. Se propone una y otra vez, fatalmente.

Como si fuera una rutina establecida.

El caso más actual ahora en México es el de una petición de asociaciones civiles.

Piden elevar los impuestos a los refrescos. Tienen sus motivos.

Veamos esto paso a paso.

Existe un el país un problema de diabetes, incluso infantil. Se afirma que podría disminuir el problema con una reducción del consumo de refrescos y bebidas azucaradas.

La tesis es simple: el alto consumo nacional aumenta 60% el riesgo de diabetes, principal causa de amputaciones, ceguera y muerte. Tenemos, por tanto, una situación muy fácil de entender.

Existe una enfermedad seria (diabetes), a la que se atribuye una causa central (alto consumo de bebidas con azúcar). Con este análisis se propone lo obvio.

Primero, una campaña de comunicación que alerta sobre ese riesgo. Segundo, la intervención gubernamental para regular la publicidad de esas bebidas. Tercero, la reglamentación de empaques con información. Cuarto, un aumento de impuestos a tales bebidas, un 20%.

Veamos ahora en específico esa propuesta de aumentar impuestos a un producto (lo que en inglés se llama sin tax, impuesto al pecado)

La elevación de los impuestos tiene un razonamiento correcto. La elevación del precio de un bien producirá una reducción de la cantidad demandada.

No sabemos exactamente de cuánto es esa reducción. Depende de la elasticidad de su demanda. Los activistas suponen que se reducirá más que proporcionalmente, un 26% (contra 20% de aumento de precio). No lo sé, pero me parece demasiado optimista ese cálculo.

El esquema se completa: existe una enfermedad seria (diabetes), a la que se atribuye una causa central (alto consumo de bebidas con azúcar) y se recomienda un remedio (intervencionismo gubernamental).

El remedio central es el de más impuestos. ¿Es eso lo mejor que puede hacerse? No lo creo. Veamos algunas razones.

El modelo explicativo es demasiado simple y pone su atención en una variable, el precio de la bebida como causa de la enfermedad. Sin duda hay otros.

La sociedad es un sistema muy complejo y sutil que no puede ser explicado con una variable. Otras posibles: poca accesibilidad de alternativas sanas, costumbres alimenticias arraigadas, malas costumbres familiares, otros alimentos azucarados. Las posibilidades son inmensas.

Por supuesto, el modelo adoptado es simplista y, por eso, tenderá a fracasar. Los impuestos nuevos, si se aprueban, producirán desembolsos extras de la gente, pero no resultados.

Además, como dije, sospecho que la elasticidad de la demanda es algo inferior a 1, por lo que no se reducirá el consumo proporcionalmente.

Hay también un problema de impactos netos. Un mayor impuesto a esas bebidas bajará el consumo y el impuesto se recolectará sobre una base inferior de ventas, lo que reducirá otros impuestos cobrados a sus productores, como el de la renta y el IVA.

Menores ventas significará, quizá, algunos despidos de empleados. Todo esto alterará no sólo a sus productores sino también a sus proveedores.

Esta es la usualmente ignorada variable de consecuencias no intencionales. Miopía de análisis. El efecto neto puede dar menores ingresos totales al gobierno.

Dicen los proponentes del impuesto que lo recolectado por los impuestos que ellos quieren se usará para atender a los enfermos de diabetes. Aquí hay un problema de asignaciones.

Dentro de la maraña administrativa de todo gobierno será en extremo difícil lograr esa asignación en un patrón geográfico proporcional. La tentación de usar los fondos para otras cosas es demasiado irresistible.

En fin, el mundo no es tan simple como parecen entenderlo esos activistas. No son ellos los únicos que padecen ese simplismo. Es una enfermedad común.

Vea usted las veces que alguien se da cuenta de un problema y en una reacción inmediata exclama, ¡El gobierno debería hacer algo! La enfermedad es una renuncia a la responsabilidad personal. Las responsabilidades se endosan a la institución menos confiable de todas, el gobierno.

Dicen los proponentes del mayor impuesto que no están en contra de los productores de esas bebidas, sino a favor de la vida. Se equivocan. Plantear el asunto así es engañoso. Ellos están a favor de una solución mala. Deberían ser más creativos y pensar mejor.

Post Scriptum

Es muy probable que el problema se encuentre en malas costumbres alimenticias, hábitos heredados de padres con escasa autoridad y pocos conocimientos para educar a sus hijos. Además, los refrescos no son el único alimento azucarado.

Más aún, hay un riesgo moral severo si la atención médica no penaliza la falta de responsabilidad personal. La persona sabe que puede excederse sin pagar las consecuencias, cuyos costos traslada a otros.

El impuesto, además, castiga injustamente al bebedor que no abusa del consumo de esas bebidas.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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