Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Obsesión Electoral
Eduardo García Gaspar
30 enero 2012
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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La democracia ha sido reducida a una noción demasiado simple.

En México, por ejemplo, la política se abrevia a sólo contar votos con exactitud. Eso es todo.

El resto de la política de poco importa mientras se cumpla con eso del “sufragio efectivo”.

Lo que digo es que la idea central y casi única de las cuestiones públicas es muy corta en este país. La máxima ambición política es la de tener elecciones razonablemente honestas.

Después de eso poco existe para el ciudadano común. De allí que la más grande discusión política que se tenga sea la de cuál candidato es el mejor para sustituir al actual.

Es como un ciclo político repetitivo cada seis años. Se tienen elecciones, se quiere que ellas sean legítimas, se quiere sustituir con alguien mejor al actual que ha desilusionado. Las grandes esperanzas están en el nuevo elegido.

Y pasan seis años para, de nuevo, tener elecciones razonables y votar por uno que sí sea el bueno, porque el anterior no lo fue. Un ciclo ilusión-desencanto cada seis años.

Esta es la reducción de la política de la que hablo. El tema bien vale una segunda opinión para señalar algo muy directo. El voto emitido en cada elección por cada ciudadano es visto con gran admiración. No es para tanto. Se piensa que el voto es una especie de garantía del respeto a la mayoría. No lo es.

El voto es una herramienta primitiva para solucionar un cambio pacífico de gobierno. Nada más que eso.

¿Garantiza el voto la elección del mejor? No, nada de eso. La experiencia lo muestra. Lo único que hace el conteo de votos es resolver una lucha por el poder. Es mucho y muy útil, pero nada más que eso.

Es un buen sistema para la transferencia de poder. Muy bueno. La otra opción sería una conflagración, un golpe de estado. Pero no acaba aquí la política. Tiene mucho más que el sólo voto.

Cuando toda la atención del ciudadano está colocada en la elección de gobernantes, se corre el riesgo de olvidar el resto.

Los ciudadanos se fascinarán con la elección del que creen que es el mejor y, sin quererlo ni darse cuenta, se inclinarán a descuidar acotar su poder. Olvidarán que la democracia es un sistema político diseñado para limitar los abusos de poder.

Un ciudadano obsesionado con la idea del “sufragio efectivo” se torna cándido e ingenuo. Para él, todo el problema político consiste en elegir gobernantes y nada más, creyendo que la voluntad de la mayoría es sagrada. No lo es.

Ni siquiera es mayoría. Si alguien gana la presidencia con 50% de los votos y vota el 60% de la gente, el presidente habrá sido elegido por una minoría del 30% del total.

La obsesión de mirar sólo al “sufragio efectivo”, peor aún, centra la atención en la elección presidencial y descuida la formación de las cámaras de legisladores, las que se verán como irrelevantes.

Esta obsesión, además, fomenta un terrible vicio: la oferta de promesas políticas exageradas y abundantes para cautivar a segmentos mayoritarios. Se les promete lo imposible, se les ofrece lo irrealizable, se les anticipa lo inalcanzable.

Todo por conseguir su voto, haciéndoles pensar que si tal candidato llega a presidente dará casas, o becas, o dinero, o lo que sea. La obsesión con el voto se convierte así en una subasta irreal.

Por supuesto, esas promesas no pueden cumplirse y surge la desilusión con el electo, para más tarde crear la ilusión nueva en el candidato que hace las mismas promesas.

Mi punto es prevenir los peligros de la reducción de la política al ejercicio del voto. Por supuesto, es importante, muy importante, pero no es todo. Hay mucho más en la democracia que el voto cada determinados años.

Una democracia es un sistema que busca proteger contra abusos de poder por medio de la división del mismo y eso se hace todos los días.

De allí el peligro de tener ciudadanos obsesionados con el “sufragio efectivo”, porque algunos de ellos se convertirán en lo más odioso que puede tener una democracia: gente que verá al elegido como un ungido divino al que debe darse todo el poder, sin limitaciones, para hacer su voluntad que es iluminada.

No, el voto es algo importante, pero sólo una parte de la democracia. Concentrar la atención en el voto y nada más, es como creer que el Quijote es sólo una lanza y nada más.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Ciclo Ilusión-Desencanto.

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