Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Películas y Mensajes
Eduardo García Gaspar
3 abril 2012
Sección: ARTE, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La película tiene su chiste. Es de 1950 y la dirigió Akira Kurozawa, el célebre japonés.

También aparece otra celebridad, Toshiro Mifune. Fue de las nominadas para el Oscar.

Tiene otras nominaciones y premios. Se llama Rashomon. Pero lo interesante es otra cosa.

Todo comienza un día de intensa lluvia, cuando refugiados en las ruinas de un templo están un leñador, un monje y otro hombre recién llegado.

El leñador cuenta la historia de un crimen, el asesinato de un samurai y la violación de su esposa. El filme narra, entonces, la versión del crimen según cada testigo.

La mujer violada, el leñador, el supuesto culpable que ha sido capturado, e incluso el mismo muerto por medio de una médium.

Cada uno cuenta su versión de los hechos, resultando desde luego muy distinta una de la otra. Al final, el leñador dice haber mentido en el juicio y relata otra versión.

En fin, una buena historia, bien contada y actuada. Aunque las actuaciones quizá sean algo extrañas para la mente occidental.

La película deja sin resolver el misterio. Nunca sabremos la realidad del crimen. Uno acaba con la sensación de haber visto algo de calidad, pero hay algo más que es lo que bien vale una segunda opinión.

Igual que un amigo, tengo una particular aversión a los comentarios que algunos hacen sobre las películas. Especialmente el que hacen quienes dicen que “la película tuvo mensaje”.

Cuando he preguntado qué mensaje es ése, casi siempre no saben decirme cuál es. Es chocante suponer que todas las historias sean como las fábulas, que contengan una moraleja final.

Con la cinta Rashomon les resulta imposible de resistir a los que buscan mensajes ocultos en todas las historias.

Uno de los más repelentes que leí fue un comentario que dijo que la película demostraba que no existía la realidad absoluta y que debíamos aceptar que todo, absolutamente todo, es relativo. Es cierto, eso dijo.

Tomó una película y nada más una. La tomó como una prueba definitiva de algo que la cinta ni siquiera intenta hacer, la demostración de que el relativismo es verdad. No se molestó en considerar siquiera que hay otras fuentes más especializadas sobre el tema.

Y luego, lo mejor, decir que todo absolutamente todo es relativo, es un chiste involuntario fenomenal.

¿Cómo contestarle usando sus propios instrumentos a quien eso dice? Es un buen ejercicio mental. Si él usa películas para argumentar, usemos películas también.

Por ejemplo, hay una de 1931, dirigida por Fritz Lang. Se titula simplemente M y trata sobre la investigación policiaca para atrapar a un asesino en serie.

Nada hay de relativista allí. Las evidencias apuntan hacia un sospechoso, interpretado por Peter Lorre muy originalmente. El inspector de policía lo aprende después de mil peripecias y se somete a juicio. Punto.

Los crímenes son reales, las evidencias contundentes, y asunto terminado. Nada de relativismo, nada de historias ocultas, ni de mensajes.

Lo que me parece que sucede es que hay películas con las que, después de verlas, uno se queda con una duda existencial. ¿Qué demonios vi? Y no hay respuesta satisfactoria.

Si quiere hacer el experimento, vea El Año Pasado en Marienbad, de Alain Resnais, de 1961. Si no renuncia a verla a la mitad, intente explicarla o aunque sea, contarla a alguien más.

Los personajes ni siquiera tienen nombres y los tiempos están mezclados. Ante lo inexplicable sucumbimos por mero hábito a intentar encontrar algo comprensible.

Y surgen entonces esas cosas tan odiosas como, “lo que el director intenta decir es…” Llene los puntos suspensivos con la frase que sea, que todo sonará bien.

Diga, por ejemplo, “la anomía postmodernista burguesa”, o “la aniquilación del ego social progresista”. Las frases significan lo mismo que esa película, nada en realidad.

Pero a lo que voy es a apuntar ese deseo desenfrenado de encontrar mensajes aleccionadoras en cuanta película se ve, perdiendo de vista la riqueza de la historia y cómo es ella contada.

En Rashomon hay esa historia, interesante, entretenida, poco común y nada más que eso. Buscarle mensajes aleccionadores que son explicaciones de la vida resulta un ejercicio inútil.

Por eso son odiosas las películas que sí intentan tener mensaje. Sería mejor que el director lo diga sin necesidad de filmarlo.

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