Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Perder la Tercera Opción
Eduardo García Gaspar
13 marzo 2012
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Le llaman la maldición de Casandra.

Tiene su origen en la mitología griega. Es un castigo de los dioses.

Castigan ellos a Casandra diciéndole que siempre dirá la verdad, pero que jamás será creída.

Un castigo realmente cruel. Desesperante.

Hay otra maldición, más moderna, la imposibilidad de convencer a la mayoría de la búsqueda de la verdad. Un tema que bien vale una segunda opinión.

Comienzo con un ejemplo real, el de una conversación como muchas, cuando se hablaba de economía.

Argumentaba mi amigo que dada la crisis económica y el aumento del desempleo, debían los gobiernos “inyectar dinero” para hacer inversiones, crear empleos y detonar otras actividades que reanimarían a la economía de cada país.

Yo argumentaba exactamente lo contrario, lo que debe hacer el gobierno es abstenerse de actuar, mucho menos imprimir dinero.

La discusión de volvió acalorada y cada quien insistía en su opinión, sin ceder un ápice. Por supuesto surgieron los adjetivos que nos arrojamos uno a otro. Nunca llegamos a acuerdo alguno.

Los dos fuimos tercos y cerrados. No sé él, pero aprendí otra vez la lección: todo se resolvería si cambiamos el punto de partida y acordamos buscar la verdad. Porque debe haberla.

Esa es la maldición de nuestros tiempos. Si Casandra apareciera hoy y nos dijera la verdad, no es que no le creeríamos, sino que se le diría que no importa la verdad, que no existe. La maldición es aún mayor.

Bajo la mitología griega diríamos que las personas de nuestros tiempos han sido maldecidas de nuevo haciéndoles creer que no existe la verdad.

Un caso reciente ilustra esto. Dos personas discutían la invasión estadounidense a Irak y la explicaban como los EEUU siempre actuando como policía del mundo sin permiso de nadie.

Con la lección anterior en mente, dije que no era una explicación satisfactoria, que de hecho se criticó a los EEUU por no intervenir en otras partes.

No defendía a EEUU, pero eso fue lo que me dijeron que yo hacía. En realidad mi objetivo era apuntar hacia la verdad, no tomar partido por otra cosa que la verdad.

Otro caso: recibí un correo con un enlace a un video, en el que un desconocido decía estar en Atenas sin demostrarlo, desde donde prevenía sobre el complot internacional para desmantelar naciones causándoles crisis de deuda.

Yo no sé usted, pero un desconocido que dice estar en un lugar sin demostrarlo y que avienta una explicación genérica sin nombres, basada en la teoría de la conspiración, me parece que se aleja de la realidad.

Si se niega su explicación, se corre el riesgo de se acusado de ser parte de esa conspiración, a pesar de sólo decir que quizá el problema ha sido el de gobiernos irresponsables y de bancos inconscientes.

¿Ve usted el asunto de fondo? En una discusión cualquiera, si no existe la idea de la verdad, todo se reduce a ser partidario de una posición o de la otra.

Si usted critica la opinión A, se concluye que usted defiende la opinión opuesta, la B… y no hay nada más que alegar. Si usted dice que duda de que tal explicación sea cierta, ipso facto, se le coloca como enemigo de tal explicación.

Todo por perder la tercera opción, la de que existe algo que es verdad. El olvido tiene consecuencias.

Un ejemplo aclara esto. Tome usted la discusión del aborto antes de las 12 semanas. Unos piensan que la vida comienza desde la concepción y por eso se oponen al aborto. Otros que no y por eso apoyan el aborto.

Cuando se olvida la tercera opción, todo se convierte en una discusión sin posibilidad de arreglo.

La única solución posible es la imposición de una opinión sobre la otra mediante la fuerza, típicamente una decisión de gobierno, una ley. La verdad ha sido desplazada por la ley. Es igual a decidir por medio de la ley si existe o no Dios, o si Mercurio es más grade que Júpiter.

El problema nace en una cosa que se llama relativismo y que, en resumen, dice que no existe la verdad, que sólo existen opiniones que son todas iguales.

Tiene una consecuencia grave: cuando se piensa que no existe la verdad, las discusiones se tornan inútiles y si acaso necesitan solución, la única posible es la fuerza de alguien: el arma en las manos de alguien.

Pero si se reconoce que la verdad existe, ya no habría la solución por medio de la fuerza.

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