Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pero Quiero Tres Lápices
Eduardo García Gaspar
3 enero 2012
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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La definición del sistema es conocida, al menos en los círculos académicos.

Es ese sistema en el que los medios de producción y de distribución se encuentran en manos del gobierno.

Diga ese gobierno o no que las empresas son del pueblo, eso no importa, mientras su administración sea gubernamental.

Es la definición estándar del socialismo y tiene consecuencias. En un sistema de propiedad estatal de empresas, los precios son determinados por un proceso de decisión burocrática.

Los gobernantes los mueven de acuerdo con lo que ellos creen que sea más conveniente. Esto es lo que, se dice, es la planeación racional del mercado.

Racional, definido como centralizado en las ideas de los gobernantes y lo que ellos piensan. Es una buena definición de socialismo, a la que se añaden variantes dependiendo de la intensidad del socialismo.

En su versión intensa, es el caso de la URSS, de Cuba, donde la empresa de propiedad privada no existe para propósitos prácticos.

En versiones menos intensas más disfrazadas, la propiedad estatal de las empresas no existe propiamente, o al menos es una excepción.

Pero el gobierno emite tal cantidad de leyes y regulaciones que las empresas tienen poco margen de decisión, lo que equivale a gobernantes tomando decisiones empresariales, lo que los convierte en cuasi propietarios, como en la Unión Europea.

Conocer esto es ganancia porque aclara conceptos.

Si alguien se declara de izquierda, por ejemplo, todos sabremos cuál es su inclinación económica: va a tratar de regular extensamente a las empresas, tanto como para volverse cuasi propietario. Y en el caso extremo, las expropiará, como en Venezuela.

Lo anterior no es crítica negativa, sino una aclaración de conceptos, muy aceptada en casi todos los casos.

Pero lo que bien vale una segunda opinión es una parte de todo lo anterior, la que defiende al socialismo diciendo que por medio del él, la economía podrá ser planeada racionalmente y se evitará que la economía sea una colección caótica de decisiones individuales.

Tenemos, por tanto, algo fascinante de ver.

Por un lado está la idea de que la economía puede ser planeada racionalmente de forma centralizada por parte de, digamos, un comité de expertos del gobierno.

Del otro lado, está la idea de una economía que es planeada irracionalmente y de manera descentralizada por parte de usted, yo, y millones más.

La comparación tiene su mérito en la primera impresión. ¿Qué prefiere usted, el orden o el caos? La respuesta es la natural, es preferible el orden. Y, la opción del socialismo ordenado resulta mejor que la alternativa del caos de los mercados libres.

El socialismo gana y, por tanto, tendremos a la mejor economía posible, la racional producto de lo que digan los refinados expertos.

La pena es que la comparación es una falacia. No se está escogiendo entre el orden y el caos. Se está seleccionado quién planeara la economía y nada más que eso. En el socialismo, la economía es planeada por la burocracia y en el liberalismo, la economía es planeada por usted y otros muchos más.

Por supuesto, toda economía debe ser planeada, necesita serlo. La solución socialista es la del panel de expertos que deciden qué hacer con cada empresa, qué producir, en qué cantidades y a qué precios.

La solución opuesta, la liberal, es la de darle el papel de expertos a cada una de las personas de una sociedad. Todos son expertos, los mejores expertos que puede haber.

Seguramente no saben nada de Economía, pero saben lo que quieren, dónde lo quieren y a qué precio lo quieren. No se necesita saber más y, este conocimiento, es precisamente el que no tiene el panel de expertos gubernamentales.

Consecuentemente, las cosas cambian drásticamente. Lo que usted, yo y el resto sabemos es mejor y más profundo que lo que saben los expertos.

No saben ellos, ni pueden preverlo, que usted necesita ahora mismo unas latas de cerveza, un queso fresco, dos panes de caja, doscientos gramos de jamón, un kilo de manzanas, dos de cebolla y una docena de huevos.

¿Sabe todo eso alguien? Por supuesto. Lo saben muchos, pero no lo expertos. Vaya usted al supermercado y seguramente encontrará todo eso y más, por si se le ofrece. Y también saben lo que necesitan otros muchos miles más.

Nada de eso sabe el experto del panel. Seguro que él pensará que usted necesita clavos y tijeras, cuando lo que usted quiere es papel y lápices. Es cierto, usted sabe más.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Libre Mercado.

Un libro Marrom, D. (2011). 30-Second Economics. Non Basic Stock Line. P. 27) define al socialismo de la manera siguiente:

An economic system whereby the means of production and distribution are owned by the workers or by the state. Prices of goods and wages are determined by central government instead of being determined by the market (although some forms of socialism do incorporate the market mechanism). The whole economy is rationally planned, rather tan being determined by random outcome of private initiatives.

La definición de socialismo es exacta, pero decir que en el socialismo la economía está racionalmente planeada y no es el resultado aleatorio de iniciativas particulares, es esa falsa comparación a la que me refiero. No es seleccionar la planeación o el caos, es decidir si el que planea es el gobernante o usted.

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