Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pero Soy la Excepción
Eduardo García Gaspar
1 junio 2012
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No tuvo desperdicio lo que dijo. Una persona, no importa quién, expresó sus opiniones.

Todos tenemos derecho a eso y lo hacemos en abundancia.

Y, por supuesto, es también un riesgo significativo.

Puede decirse algo brillante, pero también decirse una tontería de la que uno se arrepienta.

La persona dijo, más o menos, que las opiniones de todas las personas son siempre parciales y que eso se debe a que son opiniones que son sólo un punto de vista nada más.

Hay muchos puntos de vista, dijo, y el de las opiniones personales responde a condiciones del momento, situaciones políticas y sociales que alteran esas opiniones.

Esa fue su opinión, una que también por necesidad está afectada por todo lo que ella dijo sobre las opiniones de otros.

Su opinión no puede ser la excepción a la regla general que ella aplica a los demás. Su opinión es también un punto de vista de muchos y está afectada por todas esas cosas.

No sé a usted, pero estas cosas son irresistibles para mí. Fue otro caso de un padecimiento que muchos tienen.

Consiste en considerarse la excepción a la regla que se enuncia. Es el mismo caso del que dice “toda la gente compra cosas que no necesita” y, por supuesto, él no compra lo que no necesita. Es la excepción.

En este caso, la persona dijo que todas las opiniones son parciales, lo que significa que por necesidad lógica su opinión también es parcial. Dijo que las opiniones están condicionadas por el momento histórico.

Bueno, pues si eso es cierto, también la suya lo está. Dijo que las opiniones están alteradas por la ideología propia. La suya no puede ser la excepción.

En fin, otro caso de los muchos en los que una persona expresa una opinión y no la aplica a su propio caso. Igual que el que dice que todos son unos tontos, pero él se considera la salvedad.

El caso más notable de estos fue el de Karl Marx cuando aseveró que todos estamos bajo la influencia de nuestra clase social… excepto él, por supuesto.

Imagine usted que está hablando con Marx y usted expresa una opinión, la que sea. Marx le dirá que lo que usted dice tiene un sesgo burgués y, por esa razón, es falso lo que ha dicho.

Su opinión, en otras palabras, es invalidada sin necesidad de siquiera examinarla brevemente. Pero si se es lógico, también la de Marx estaría alterada por su clase social y sería igualmente falsa.

De esa manera piensan muchos, especialmente dentro del círculo de intelectuales. Se sienten ellos la excepción a la regla que establecen. Es una especie de soberbia que facilita evitar argumentar con seriedad. Simplemente se les descalifica y ya, el asunto se acabó.

Sin embargo, hay algo de utilidad en todo esto. Creo que sí, que efectivamente nuestras opiniones están alteradas en parte por nuestras ideas previas, por nuestros intereses e inclinaciones.

Tienen nuestras opiniones e ideas un cierto sesgo de subjetividad y nada hay que podamos hacer al respecto. Pero de esto a creer que por sistema lo que pensamos es un producto total de nuestra manera de pensar, hay un brinco muy largo.

Un non sequitur, como se diría con más elegancia, un “eso no sigue de lo anterior”. Piense usted en lo siguiente.

Llega un borracho a conversar con usted. El borracho le dice varias cosas. Una de ellas es que él cree que la suma del cuadrado de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. Dice también, que El Quijote es un gran libro. Que todos deberían beber más para vivir más felices. Qué la vida ni vale nada y que él sigue siendo el rey a pesar de no tener dinero. Que las personas deberían ahorrar para su vejez.

Usted lo escucha y juzga sus opiniones. No a todas ellas las juzga falsas porque está borracho. Algunas podrán explicarse por eso, pero no todas.

Parte de lo que dijo es aceptable a pesar del estado en el que está. En otras palabras, los intereses de la persona y ella misma no pueden usarse para declarar falso todo lo que ella diga.

Es posible que un loco recite un teorema de Euclides y tener que aceptar lo que dice. Es decir, las opiniones personales tienen una posibilidad de ser certeras con independencia de quien las emite y eso es lo que debe ser considerado antes que creer que toda opinión es necesariamente subjetiva y dudosa por definición.

En fin, otro caso más de contradicción interna en las propias opiniones. Muy comunes, poco notadas.

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