Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Petraeus, Puritanismo y Ley
Eduardo García Gaspar
19 noviembre 2012
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
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Son cuestiones que suscitan gritos e insultos. Tantos que se llega a considerar que es de buena educación evitarlos.

Una buena educación que tiene un defecto, el evitar tratar los temas de mayor importancia.

Tome usted uno de esos temas, el de la religión y lo constatará.

Póngase alguien a hablar de religión y la necesidad de ella, para no tardar en recibir insultos y agresiones en diversos grados.

Un ejemplo, recientemente, “Petraeus, un general de cuatro estrellas y considerado ‘héroe’ al liderar las tropas de EEUU en Irak y Afganistán, anunció su renuncia el viernes pasado, causando conmoción en círculos políticos…” (MiamiDiario.com, 12 noviembre 2012).

¿El motivo? Un affair fuera de su matrimonio.

Varios comentarios al respecto hablaron de la exageración de tal renuncia. Uno de ellos fue claro, “es el puritanismo estadounidense que hace renunciar por tener un amante, lo que no significa que se hayan revelado secretos de la CIA”.

Afirmaron que tener una amante no está legalmente prohibido, que sólo es reprobable por la moral religiosa y que la renuncia era una decisión injustificable. Lo hizo movido por el puritanismo de ese país, dijeron algunos.

No lo creo. Me parece muy justificable que alguien en ese puesto y que tiene una amante, sea considerado un riesgo para la seguridad nacional. Ha violado una promesa matrimonial y eso lo hace un sujeto menos confiable.

Cierto que una cosa no lleva necesariamente a la otra. Pero la acusación de puritanismo y de celo religioso me parece sin fundamento.

Veamos esto algo más de cerca. Es un campo general en el que se tienen dos mentalidades opuestas (con variaciones intermedias).

•La opinión del conservador mencionaría la necesidad de la religión como una fuente de moral adicional a la ley.

• La del progresista hablaría de que la religión no es necesaria en un sistema de libertades, que con la ley basta.

Son posiciones casi irreconciliables.

Esto es lo que nos manda hasta el siglo 19, a mediados, con la publicación de un libro genial que va al fondo de estos temas en una de sus partes. Su autor, Alexis de Tocqueville (1805-1859), menciona algo muy valioso para quienes viven en regímenes de libertad. Dice que,

“Cuando no existe ninguna autoridad en materia de religión, ni en materia política, los hombres se asustan pronto ante el aspecto de una independencia sin límites”.

La idea es clara, la posibilidad de hacer todo, sin limitaciones, es un prospecto que causa temor. ¿Qué hago ahora que todo lo puedo hacer?

El temor se retira cuando existen autoridades de las que emanan ideas que limitan las posibilidades de hacerlo todo. Son las que enseñan que mientras que puedo hacerlo todo, no todo debo hacerlo. El autor señala dos, la religión y el gobierno.

Sigue diciendo que la religión “impone un yugo saludable a la inteligencia”. Y añade algo importante:

“dudo que el hombre pueda alguna vez soportar a un mismo tiempo una completa libertad religiosa y una entera libertad política; y me inclino a pensar que si no tiene fe, es preciso que sirva y si es libre, que crea”.

La conexión entre libertad y moral me parece genial. El hombre no sabría qué hacer en medio de una libertad total. Necesita normas y reglas que le guíen. Principios que orienten sus decisiones.

Esos principios tienen varias fuentes. Por supuesto, una de ellas es la ley, el producto de los legisladores. Es la que dice en algunos casos que tener una amante es normal, o que en otros que es causa de divorcio, o que no puede ser causa de despido de un puesto.

Lo que bien vale una segunda opinión es indagar si eso es suficiente, si la ley es nuestra única fuente de reglas morales. No lo creo, porque la ley misma se inspira en otros principios aún mayores, lo que llamamos moral o ética.

Principios que no están todos en la ley. Son los que afirman sin duda que tener una amante es una rotura de una promesa matrimonial, algo en extremo reprobable. Y que si la persona tiene sentido de esto, le haría renunciar a un puesto sensible a tales cuestiones.

No, no es puritanismo, ni fundamentalismo, es algo más profundo. Es un sentido del deber que va más allá de la ley y que es necesario. No puede vivirse en libertad sólo con bases legales.

Post Scriptum

El asunto del general quizá pueda verse bajo dos ópticas que describen dos mentalidades:

1. Progresismo: el general puede tener las amantes que quiera sin necesidad de renunciar a su puesto; una cosa es su desempeño en la CIA y otra su conducta privada.

2. Consevadurismo: no hay diferencia entre la vida privada de la persona y su vida pública; si la persona viola la promesa de fidelidad matrimonial, eso afecta a toda su persona, incluyendo el desempeño de su puesto en la CIA.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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