nacionalismo

¿Qué es cultura nacional? La definición de un concepto de facetas numerosas que en su conjunto crean un sentido de pertenencia propia y ajena.

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Introducción

La cultura, así en general, es uno de los términos resbalosos que cada persona define como le place. Una palabra de la que se tiene una idea tan imprecisa que no puede ser articulada de manera comprensible al resto.

El lo que sigue propongo una definición de cultura nacional por medio de sus elementos. La separo de «cultura» en el sentido que se aplica a una persona «culta», la poseedora de conocimientos considerados elevados, como filosofía, arte y similares.

Cultura nacional, facetas

La cultura nacional en el sentido que se aplica a una colectividad o sociedad o nación es una serie de facetas claras y notables.

1. Sentido de pertenencia

Esas facetas en conjunto le permiten una identidad común que le hace diferente de otras entidades similares. Esto es esencial de una cultura nacional, el suponer un sentido de pertenencia propia y ajena.

Es, por tanto, posible hablar de culturas distintas dentro de un país, pero también países que poseen una misma o muy parecida cultura.

2. Aplicable a colectividades

Es por tanto, una noción aplicable a grupos o colectividades, no a personas individuales. Es la persona individual la que se siente parte de una cultura nacional, es decir, de un grupo identificable por ella.

4. Faceta material, la visible

La faceta material se refiere a cosas que se perciben con facilidad y forman un elemento distintivo en su conjunto.

Son la referencia central en construcciones y arquitectura, arte y música, objetos artesanales y demás objetos que un turista suele percibir con facilidad.

Para cualquiera, esta faceta podrá ser usada para distinguir a la cultura china de la española, por ejemplo, simplemente con la vista. Aunque requerirá mayor refinamiento el distinguir a la cultura coreana de la china, a la mexicana de la peruana.

5. Faceta de la cocina

La faceta culinaria se refiere a alimentos y costumbres alrededor de ellos. Es otro elemento que se percibe con facilidad y es trasladado con frecuencia a otras partes, como un restaurante argentino en Amsterdam.

Aunque suele ser simplificada hasta la exageración, esta faceta es la que se ilustra en las comidas italiana, mexicana, francesa, japonesa y muchas más.

6. Faceta de símbolos únicos

La faceta del rasgo peculiar, que es otra que se percibe con facilidad y que se asocia con una cultura. Como el charro o el mariachi con lo mexicano. O el kimono con Japón y así en general.

O bien, el futbol con Brasil, el tango con Argentina, las hamburguesas con EEUU, la cerveza con Alemania, la Torre Eiffel y demás.

Cultura nacional, facetas menos obvias

Los anteriores son los elementos más sencillos y visibles de una cultura. Son los que se perciben con facilidad y crean perfiles culturales muy simplificados e incluso con buen grado de prejuicios. Con facilidad son clisés.

Los siguientes son elementos menos claros para los sentidos.

7. Historia común

Los elementos históricos en común. Eso que generalmente es la historia a la que la cultura siente pertenecer. La que le da una referencia de un pasado propio así como la perspectiva de un futuro también propio.

Es el cúmulo de mitos, leyendas, episodios históricos que dan un sentido de pertenencia con el pasado

Quienes sienten pertenecer a una historia común, como la rusa, se diferencian del resto. Lo mismo que le sucede a los mexicanos y su historia, o a los estadounidenses. Las cosas de su pasado son objeto de estudio escolar y de referencia continua.

8. Personalidad cultural

Y, por último una faceta multidimensional que puede llamarse personalidad cultural. Está construida por rasgos y peculiaridades que pueden diferenciar a una cultura de otra. Algunas de esas cualidades son las siguientes.

• La apariencia física genérica de las personas —como los rubios en Suecia, o los morenos en México, o los mulatos en Brasil.

• Las reglas de comportamiento y trato social —como las inclinaciones de cuerpo en Japón, los frecuentes abrazos entre hombres en México, los besos entre hombres en Rusia.

• Incluye reglas de vestir para cada ocasión y normas que se refieren a puntualidad, temas de conversación, formalidad o informalidad en el lenguaje, uso de títulos y demás.

• La dimensión de orientación en el tiempo, con culturas en las que predomina el pensamiento que mira al futuro, u otras en las que se regodea en el pasado, como se ha dicho de México. Tiene esto cierta asociación con el dinamismo del grupo y su aceptación de cambios, o su rechazo.

• La dimensión de sentimiento de poder personal frente a la creencia en ser un ser al que mueven fuerzas desconocidas. Es el nivel que se tenga de fatalismo y que lleva a creer en órdenes inamovibles contra los que no puede lucharse, o a la aceptación rápida de conspiraciones oscuras que mueven al mundo.

9. Religión común

La dimensión religiosa que puede manifestarse en la intensidad de creencias y costumbres, el secularismo, la tolerancia y demás. Esto da pie a culturas de diversidad religiosa como la estadounidense, o de unidad religiosa como en Arabia Saudita.

10. Moral acostumbrada

La dimensión moral, definida como el respeto o no de reglas éticas en cada cultura. Es muy manifiesta en el valor de la palabra y su opuesto, la desconfianza que lleva a un uso intensivo de abogados.

Esto esto pueden incluirse cosas como índices de criminalidad, corrupción de autoridades y otras manifestaciones morales.

11. Apertura nacional

La dimensión de apertura o cerrazón frente a personas de otro origen. Como la general apertura canadiense o el resentimiento al extranjero en partes del sur de Italia.

La dimensión de apertura al conocimiento y la ciencia —contrastando culturas en las que esto es muy valioso, contra aquellas en las que no lo es.

En resumen

Lo que he hecho es dar una definición de cultura nacional —aplicada a sociedades que poseen facetas distintivas. A la que examiné por medio de sus numerosas facetas, tratando de ser lo más integral posible en un espacio reducido.

Aunque he usado ejemplos de culturas nacionales, es posible usar la noción de cultura aplicada a grupos distintos —como los jóvenes, los ejecutivos internacionales, los gobernantes, los activistas y muchos otros. Así como culturas distintas dentro de cada país.

Es este un terreno muy propicio a la xenofobia, al chauvinismo, a los clisés, al separatismo y a la falacia de la generalización. La solución a estos errores radica en pensar siempre en personas individuales antes que en colectividades. Y usar cuidadosamente la idea del multiculturalismo.



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Y unas pocas cosas más…

Debe verse:

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Otras ideas:


[La columna fue revisada en 2019-07]

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Notas adicionales sobre la cultura nacional: el caso de la piel delgada del latino

Por Eduardo García Gaspar 

Recuerdo haber leído hace ya mucho tiempo una idea que quiero compartir con usted, obviamente distorsionada por el pasar del tiempo y no haber encontrado la fuente original.

La idea es fascinante: una parte de la culpa de los malos gobiernos en América Latina es la extrema sensibilidad de sus habitantes, quienes son incapaces de soportar las más mínimas críticas.

Críticas frenadas

En otras palabras, el latinoamericano, no expresa sus opiniones cuando teme que puedan ofender a los demás.

Hay variaciones regionales fuertes, sin duda, pero el síndrome se mantiene. Hay algo en la gente de esta parte del mundo que le hace ser extremadamente delicada en su trato con los demás, cuando es cara a cara.

Por eso, el latinoamericano usa una enorme cantidad de palabras al hablar, evitando tener posiciones claras. Según el texto que leí, se evita en todo lo posible el usar el ‘si’ y el ‘no’, y se prefiere el ‘depende’.

A ese síndrome se culpa la clara tendencia de los intelectuales de la región para ser poco claros en su escritos y usar las palabras más elegantes posibles. Decía que no escriben para explicar tanto como para disculparse.

Sentimientos

El rebuscamiento de su escritura es como un disfraz que persigue distraer la atención, donde las metáforas sustituyen a las explicaciones. No sé si eso es realmente cierto, pero debo decir que hay algo de razón en ello.

Por ejemplo, hace ya tiempo en un periódico mexicano una periodista muy conocida escribió una nota en la que trataba la situación mexicana del petróleo y usaba palabras que son dignas de citar.

Al hablar de si México debe aceptar o no inversión extranjera en petróleo, se preguntaba «¿Cómo resolvemos, pues, sin rasgar nuestra entraña, tan tremendo desafío?»

La metáfora es insufrible, pero congruente con esa mentalidad de la piel delgada que requiere la protección del exterior para no ser dañada.

Véase la asombrosa dualidad que plantea esa pregunta: si el gobierno autoriza la inversión extranjera en petróleo, las entrañas del país podrán ser abiertas. ¿Cómo sostener una argumentación lógica con un idioma poético que acude a la inmolación patria?

En otras partes se ha escrito que es obsesiva la fijación de los intelectuales de la región para determinar la identidad de sus naciones y que esa identidad suele ser definida en cuanto a la existencia de enemigos.

Culpas ajenas

Para los mexicanos, los españoles fueron los conquistadores que saquearon al país y nos volvieron pobres, hasta que llegaron los norteamericanos a quitarnos la mitad del territorio nacional. Todo, en esa delgada piel, indica que nada de lo que hacemos es culpa nuestra, sino de otros.

No podemos siquiera auto criticarnos con sinceridad. Cuando en Monterrey hubo quejas por los aumentos del precio del gas, un fenómeno mundial, en la que más de un medio de comunicación acusó de esos aumentos a una empresa que era española.

La nacionalidad de la empresa fue una causa de críticas. Si el común denominador de lo dicho antes es cierto y los latinoamericanos tenemos esos rasgos, nuestra posición política es débil en extremo.

Presas fáciles

En las elecciones de nuestros gobernantes sucumbiremos ante el lenguaje soñador del mesías político. Seremos fáciles creyentes de complots en contra del país. Daremos rienda suelta a personajes locos, que en esta región abundan.

Buscaremos la protección gubernamental antes que la libertad personal. Y gracias a todo esto, en el caso mexicano, tenemos una situación que llega a lo ridículo. El petróleo ha sido consagrado como parte integral del ser mexicano.

Pemex es un elemento de la nacionalidad, de la soberanía. ¿Se puede tomar una decisión racional de inversión con esa mentalidad? Recuerde usted que sugerir privatizar al petróleo en México es igual a insultar a la nación o quemar a la bandera.

¿Cómo puede existir una argumentación razonable para dilucidar con sentido lo que debe hacerse cuando así se piensa? Quizá sea, como otros dicen, que estamos más inclinados a sentir la vida que a razonarla y que por eso vamos tras de quien más mentiras nos dice.