Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Qué es Diálogo Democrático?
Leonardo Girondella Mora
15 marzo 2012
Sección: Sección: Asuntos, SOCIEDAD, Y MATERIAL ACADEMICO
Catalogado en:


La frase “diálogo democrático” se encuentra en muchas partes —usado como una fórmula casi mágica para la solución de conflictos y siendo parte normal del lenguaje políticamente correcto.

En lo que sigue exploro los elementos de un diálogo democrático con la intención de aclarar su significado, sus limitaciones y riesgos.

Comienzo con las dos partes de la expresión:

Diálogo se refiere a intercambio de opiniones en un proceso de enriquecimiento mutuo entre los participantes —es una manera por la que se realizan descubrimientos de ideas que son de beneficio para todos.

Es un foro, una conversación, en los que se adquiere más el compromiso de escuchar que el de hablar —se trata de aceptar la obligación de entender las posiciones ajenas y considerarlas con buena voluntad.

Democrático se refiere a la igualdad entre quienes realizan el diálogo, entre quienes no hay diferencias formales de peso ni categoría —pero también hace referencia a una participación que razonablemente incluya a las partes interesadas en el tema del diálogo. No a todo el mundo.

Lo anterior establece diferencias importantes.

Este diálogo no es propiamente un debate de ideas distintas en el que al final se determina que una idea es mejor que las otras. Tampoco es una forma de negociación para llegar a acuerdos entre partes en conflicto abierto.

El diálogo, al menos en su intención, es más etéreo y vago —una conversación entre distintas partes que persigue el conocimiento mutuo y, por supuesto, el descubrimiento de una conclusión unificadora que razonablemente satisfaga a las partes.

En buena manera es el resultado de aceptar que existen diferencias sustanciales de opinión que merecen ser conocidas de primera mano, sin intermediarios —escucharlas directamente de las otras partes, con un deseo genuino de enriquecer el conocimiento propio.

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Con las ideas generales anteriores ahora trato elementos del diálogo democrático —intentando afinar su definición, señalar sus límites y prevenir sobre sus riesgos.

• Es un instrumento solamente —una herramienta de varias posibles que ayuda a encontrar soluciones a posibles conflictos, una manera de evitar violencia futura. Existen otras maneras, como la negociación y la mediación, que son distintas.

• Se distingue en su naturaleza por el buscar el conocimiento mutuo entre las partes, las que en conjunto dialogan para encontrar ideas conciliadoras —las que necesariamente requieren concesiones mutuas, especialmente la comprensión de posiciones ajenas y la aceptación de que es posible encontrar comunes denominadores de agrado mutuo.

• Buena parte del diálogo radica en la no existencia de relaciones entre superiores e inferiores para evitar situaciones de imposición de voluntad de una de las varias partes —lo que implica la necesidad de ser razonables todos y tener la capacidad de aceptar razonamientos sólidos y evidencias admisibles.

Es decir, supone que las partes están dispuestas con buena voluntad, lealtad a la razón y respeto a las partes —sin lo que el diálogo no tendrá éxito. Esta es una condición obligatoria en la calidad de los participantes.

• Suele ser sugerido como una vía prometedora en temas políticos o sociales en general, con amplias repercusiones y en donde existen desacuerdos notables. El diálogo democrático no es aplicable a todo tema, ni a toda situación, error que se comete con frecuencia en propuestas políticamente correctas.

• Su naturaleza democrática llama a acciones de inclusión —es decir, llevar al diálogo a las partes interesadas en el tema buscando una representación razonable de las posturas sobre el tópico a tratar.

Esto es un problema de serias consecuencias que lleva potencialmente a situaciones indeseables que desprestigien al diálogo, como las quejas de exclusión de algún grupo o la falta de verdaderos expertos en el tema —del otro lado, puede llevar a un exceso de participantes que impida un diálogo práctico con resultados.

• Quienes intervienen en el diálogo necesitan estar informados del tema, sus antecedentes, las divergencias y demás —una especie de resumen general del tema, las posturas y toda la información previa conveniente que ilumine a todos.

Parte de esto es la determinación de tema, de agenda y calendario —se trata de especificar un objetivo esperado general, con una ruta de viaje, flexible y real, que guíe a los participantes.

Al determinar la meta buscada debe cuidarse de que no sea ella muy exigente —que la comprensión mutua y la apertura de canales de comunicación entre las partes es ya un logro. Si acaso se tuviera algún acuerdo mayor, podrían acordarse acciones futuras.

• Deben considerarse personalidades, sensibilidades, estilos personales y hacerlos de conocimiento común —con el propósito de evitar malas voluntades y conflictos basados en química personal. Las personalidades conflictivas deben cuidarse pues son un factor que daña el proceso.

• No es este diálogo un sustituto de procesos gubernamentales democráticos como las deliberaciones y las votaciones legislativas —de los diálogos democráticos no se derivan leyes ni medidas gubernamentales directamente, sino quizá de forma indirecta.

Debe reconocerse, por tanto, que no todo tema social puede ser tratado de esta manera —un peligro real que puede llevar a querer tratar toda decisión de cierta importancia por medio de un diálogo democrático, lo que llevaría a fracasos notables.

• La selección de los participantes debe ser cuidadosa en extremo —principiando por cuidar que en el diálogo estén incluidas las personas que tienen poder de decisión o persuasión en los grupos que representan. Esto hace poner especial atención en evitar personas que sean meros activistas autonombrados representantes populares.

Igual deben cuidarse las habilidades y capacidades personales para razonar y exponer y aceptar —lo que manda a evitar personas que sólo acuden atraídas por la disponibilidad de una tribuna pública gratuita para sí mismas y que no tienen intenciones de nada que que no sea exponer sus opiniones.

Todo diálogo democrático corre el riesgo de ser convertido en una herramienta de propaganda por parte de participantes activistas irresponsables.

• Los diálogos democráticos pueden crear grandes expectativas de resultados —los que podrán lograr si se respetan sus mecanismo y reglas, como la de participaciones ordenadas y limitadas dentro de una agenda, sin interrupciones. Los fracasos de los diálogos de este tipo desprestigian a la herramienta.

• Es un riesgo real de los diálogos democráticos la expansión del tema hasta convertirlo en otra cosa distinta —es el peligro de la complejidad excesiva y del conocimiento insuficiente. Sucede cuando los participantes seleccionados para el tema original comienzan a discutir otro sobre el que poco conocen.

Igualmente, los participantes deben reconocer que existen campos de conocimiento especializado que no dominan, lo que los obliga acudir a especialistas objetivos no activistas.

Esto se relaciona mucho con la naturaleza del diálogo democrático: su propósito de aprender mutuamente, en un intercambio útil, en el que es necesario el conocimiento especializado y una actitud personal que acepta el compromiso de ceder y comprometerse.

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Finalmente, un real diálogo democrático impone severas condiciones en la calidad de los participantes —tantas que los riesgos de fracaso son grandes y dependen casi exclusivamente de las cualidades personales de los participantes.

Los diálogos democráticos suelen recibir demasiados halagos y suele creerse que son instrumentos casi mágicos —cuando no lo son. Son en el fondo un encuentro entre partes que desean conocerse con sinceridad, conocen del tema y están inclinadas a explorar posibles ideas compartidas.

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