¿Qué es ética de negocios? No tiene mucha complicación su definición. Esas reglas de comportamiento que ponen especial atención en ensalzar lo bueno y reprobar lo malo de la conducta de las personas en los negocios y asuntos económicos.

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Ética de negocios, definición

La misma frase define con claridad la idea tras Ética de Negocios.

Es un conjunto de conceptos, valores, creencias y principios de los que se concluyen comportamientos empresariales que son moralmente evaluados como buenos o malos, debidos o indebidos. O neutros.

Está razonablemente explicada así:

«La ética de los negocios (a veces denominada ética corporativa o ética empresarial) es un tipo de ética aplicada o ética profesional que analiza los principios éticos y morales que se aplican en el mundo de los negocios. Comprende todos los aspectos de la conducta de los negocios y es relevante en cuanto a las conductas individuales de las personas como la de las organizaciones en su conjunto». es.wikipedia.org

Pero esa claridad simple de la idea es engañosa y merece algunas precisiones, que son las que a continuación intento.

Ética de negocios, precisiones

1. El sujeto es la persona, no la empresa

Suele cometerse el error de interpretar literalmente la frase Ética de Negocios y pensar que el sujeto de las normas derivadas es la empresa o la institución. La firma en palabras de economistas.

No, el sujeto de las reglas éticas no es la empresa, sino las personas que la forman: propietarios, administradores, empleados, trabajadores.

Es un error común el reducir el campo de acción de la Ética de Negocios a la actuación de sus propietarios y ejecutivos altos, pues ella aplica a todos sus integrantes, incluyendo a los más bajos niveles jerárquicos.

2. Su origen no es diferente

El punto de origen de la Ética de Negocios es el mismo del que parte cualquier norma ética. Es la posibilidad de actos reprobables que pueden realizarse cuando la persona actúa buscando un beneficio personal.

Más en general, es la posibilidad de evaluar conductas y calificarlas de correctas, indebidas, o neutras. Sus sustentos son iguales a los que se aplican a cualquier otra conducta fuera de los negocios.

Pero aplicado a las personas que forman la empresa realizan una serie de actos que en lo general tienen un objetivo común: el buscar la supervivencia del negocio y su éxito dentro de un ambiente económico en el que existe competencia por los mismos recursos y los mismos consumidores.

Como en el caso de cualquier otra conducta humana, debe enfrentarse la posibilidad de acciones indebidas o reprobables.

La Ética de Negocios no implica, por tanto una ética distinta a la aplicable al resto de las personas —todas ellas están bajo los principios de la misma ética.

Lo único que sucede es que en las empresas existen circunstancias propias de ellas en las que esos mandatos morales necesitan ser aclarados.

3. Más allá de la ley

La Ética de Negocios intenta tener un campo de acción más grande que el de la ley. No basta con estar dentro de la ley, sino ir más allá de ella y su reducido círculo de autoridad.

Por lo general, esto ha sido interpretado como la aplicación del principio que establece no hacer a otros lo que uno no quisiera que los otros le hicieran a uno. E incluso más allá de esto, hasta la noción más amplia de tratar a otros como uno quisiera ser tratado.

Esto último es lo que ha desembocado en la noción un tanto resbalosa de la responsabilidad social y que ha caído en el defecto de lo políticamente correcto y la mala práctica de ser usado como instrumento de relaciones públicas.

Un caso especial y concreto

La Ética de Negocios es un caso especial de normas éticas, de índole universal, que aplican a todas las personas, pero que aquí entran en detalle en campos como el pago de impuestos, el reparto de dividendos, las compensaciones ejecutivas, frenos a la competencia, calidad de productos, prácticas monopólicas, espionaje industrial, discriminación en el trabajo y otras más relacionadascon actividades empresariales y de trabajo.

Son campos que requieren de un conocimiento profundo de la naturaleza de los negocios para poder tener normas aplicables y con lógica. Algo que por desfortuna no es siempre cierto, pues muchos de quienes proponen normas éticas para negocios no tienen esos conocimientos.

La situación empeora, pues algunos de los proponentes de la Ética de Negocios son opositores a mercados libres y usan un buen concepto como una herramienta de ataque, lo que resta valor a la Ética de Negocios.

Aplicación general

La Ética de Negocios tiene aplicación a toda entidad de organización, es decir, instituciones en las que varias personas colaboren en una meta conjunta. Esto sugiere que las mismas normas de la Ética de Negocios puedan ser aplicables a, por ejemplo, los gobiernos.

La Ética de Negocios es una buena instancia que demuestra la universalidad de la ética y sus principios absolutos. Esto niega el relativismo moral que ha querido aplicarse a otras conductas humanas, pero no de negocios.

Ética de negocios, una buena idea

En lo general, esta ética y la promoción que ella ha recibido son una reacción ante escándalos empresariales de consideración y con efectos muy dañinos en la sociedad.

Conductas francamente reprobables, como engaños en cifras financieras, fraudes enormes que, convertidos en escándalos en medios, dieron origen a la creación de cursos sobre el tema.

La Ética de Negocios es una buena idea —la que hace renacer la necesidad de resaltar un código ético bien sustentado en grandes ideas y creencias sobre lo bueno y lo malo, aplicables a toda conducta humana sin excepción.

Es desafortunado que haya sido distorsionada y convertida en un instrumento de relaciones públicas. Y, peor aún, en una herramienta de ataque a la empresa misma por parte de personas que no tienen conocimientos sobre el funcionamiento de los negocios.

En resumen

La Ética de Negocios está formada por un conjunto de principios, valores y creencias aplicables a todas las personas en todas sus acciones y que pone especial énfasis en la conducta humana empresarial, económica y de trabajo.

Ella aplica a todos los integrantes de la empresa, accionistas, emprendedores, ejecutivos y trabajadores bajo el gran principio de tratar a los demás como uno quisiera ser tratado.

En el fondo es el resultado de tomar reglas éticas, aplicables a toda conducta humana, y establecer su aplicación concreta a decisiones propias de las personas que forman una empresa o negocio.

Pero sin cometer el error de creer que solo aplican a accionistas y ejecutivos, pues también comprenden a trabajadores y obreros. A todos los que intervienen en la empresa.

La Ética de Negocios cree en la existencia de valores objetivos que pueden ser usados para determinar si una acción es buena o mala en sí misma —lo que la hace opuesta a visiones relativistas.



Y solo unas pocas cosas más…

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¿Hay Ética de Negocios?

Por Eduardo García Gaspar

No hace mucho que en la radio escuché a una persona hacer grandes exaltaciones de la ética de los negocios, de la responsabilidad social de las empresas y otras cosas con las que el entrevistador en la radio estaba muy entusiasmado.

El gran énfasis radicó en eso de la ética de los negocios.

Un error de base

Como la existencia de la justicia social, la ética de los negocios, comete el mismo error. Es el error de asignar una responsabilidad moral a un ente que no es responsable. Así como la justicia no puede ser social, la ética no puede ser de negocios.

De lo que sí puede hablarse es de ética en los negocios, o de justicia en la sociedad.

Lo que eso significa es algo muy distinto: la justicia y la ética solo pueden ser comprensibles en la conducta de las personas. Ni un perro, ni una montaña pueden ser justos, ni morales. Tampoco lo puede ser un negocio.

📌 Lo único que puede ser calificado de justo o de ético es la conducta de cada persona, en lo individual, una por una. La distinción, por sutil que sea, es vital y muestra el error de fondo de esos dos conceptos, el de la justicia social y el de la ética de negocios.

Negocios y negocios

Un negocio es neutral en lo moral, pero sí es aplicable la moral a las personas que son sus propietarias o lo administran.

El negocio del narcotráfico y el del acero siguen las mismas reglas económicas y financieras y de mercado. Entre ellos no hay diferencias, excepto en un aspecto, el de la conducta de sus propietarios, empleados, proveedores y clientes.

Es fácil ver un comportamiento no ético en las personas involucradas en el narcotráfico. Son las personas en las que radica el problema, el negocio es neutral.

Y si se habla de un negocio legal, como el de los autos, o la banca, o cualquier otro, la diferencia estará en la actuación de las personas. Podrá, dentro del negocio, haber conductas éticas y justas, pero también las opuestas.

Será inmoral el fraude que, por ejemplo, puede cometer una institución financiera que engaña a sus clientes con el esquema de las pirámides. La decisión de engañar fue de una o más personas, no del negocio.

La ley y más allá

Una ética en los negocios tiene un primer paso obvio, el de cumplir con las leyes, que es una responsabilidad de accionistas y administradores.

Pero allí no acaba, las personas tienen que cumplir con otra obligación más amplia, la de la ética y que manda a tratar a otros como quisiera uno ser tratado. Es decir, cumplir con la ley no basta.

Esa iniciativa de ir más allá de la ley, solo puede ser personal. Aplicada en un negocio, pero personal. Y condiciona a que sí la ley permite una acción éticamente dudosa, ella no se realice a pesar de que sea legal hacerlo. Esa decisión no puede ser genérica de negocios, tiene que ser personal.

Es bajo esas condiciones que entonces puede hablarse de la responsabilidad del hombre de negocios y que es una muy simple de establecer: maximizar el valor de la empresa, es decir, hacerla exitosa en el largo plazo.

Esto puede expresarse diciendo que se trata de maximizar el valor presente de las utilidades futuras.

Es decir, esa maximización debe realizarse bajo los mandatos legales y también los morales. No hay mucho más que eso en una ética en los negocios.

Un negocio de narcotráfico, por ejemplo, podrá estar maximizando su valor, pero sus administradores violan leyes y preceptos éticos. Esto me da pie a otra consideración que suele ser ignorada.

Utilidades

Es responsabilidad el maximizar ese valor de empresa. Realizar acciones opuestas a esto va contra la ética.

En otras palabras, tener utilidades es un deber y nada de malo hay en ello, al contrario. Hago esto explícito porque dentro de la ética de los negocios, suelen verse a las utilidades con recelo y sospecha. Debería ser lo opuesto.

Tener utilidades significa que se están usando provechosamente los recursos de la empresa. Recursos que no son infinitos y que sí son desaprovechados en empresas con pérdidas sostenidas.

No hay mucho más que lo anterior para una ética en los negocios. El resto son pamplinas, como la «responsabilidad social» y sus similares, que son conceptos erróneos porque olvidan la existencia de las personas.

Son ellas las únicas que pueden ser éticas o no, responsables o no, justas o no.

[La columna fue actualizada en 2020-07]