Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sal, Sabor, Vida
Eduardo García Gaspar
7 septiembre 2012
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Es un pasaje que intriga. Uno que hace pensar en su significado.

¿Qué quiere decir exactamente? Usa una metáfora cotidiana, pero el significado es complicado.

O al menos eso parece. En fin, creo que merece una poner atención en esas palabras.

Comienza con palabras que son muy conocidas:

“Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa ¿con qué se salará? No vale sino para tirarla fuera y que la pisotee la gente”.

Que esas palabras se encuentren en el evangelio según San Mateo (5,13) puede ser causa para que algunos las desechen como irrelevantes.

Pero no lo son. Contienen una visión del ser humano y es una visión tremendamente optimista e importante incluso para el ateo.

En la interpretación que conozco, se dice que ser la sal de la tierra es poner atención en lo que la sal logra. Ella mejora la comida, le da sabor y la hace placentera. Aún más, la sal se usa también para preservar la comida, para evitar que se pudra.

De allí es fácil concluir que las personas que son la sal de la tierra, son también las que hacen de la vida algo mejor. Incluso son las personas que evitan que la vida se pudra, que pierda significado y se eche a perder.

Las palabras son una cita de lo dicho por Jesucristo y se refiere a los cristianos, responsables de esa labor frente a otros. La de actuar mejorando la vida, preservando su sentido.

Siendo o no cristiano, da lo mismo, no puede sino aceptarse que son palabras hermosas y optimistas. Palabras que entienden al ser humano como capaz, libre, con un sentido natural.

Cada uno de ellos puede ser eso. Pueden ser la diferencia, pueden mejorar las cosas, pueden preservar lo bueno, pueden ser una buena influencia en los demás. Pueden ser todo eso, si lo quieren.

Y eso es lo maravilloso del asunto. Cada persona, una por una, es la que decide o no ser la sal de la tierra. Lo que significa, por definición, que cada ser humano es libre de serlo o no.

Es esa posibilidad de serlo, lo que abre la puerta a una visión grandiosa del ser humano, la de ser lo que él quiere ser. Hay una buena dosis de individualismo en esto, entendido como el ser diferente e independiente.

Es pensar por sí mismo, incluso con la consecuencia de ser distinto e ir contra la corriente del resto. Hay algo de heroicidad en esto, de independencia personal y perseverancia. No es una labor grata ir contra la corriente. La corriente, las opiniones mayoritarias, son fuertes y aíslan a quienes se mueven en dirección distinta.

Ser la sal de la tierra, pienso, es lo opuesto muchas veces a las terribles corrientes de pensamiento mayoritario. Hay en eso un sabor a Sócrates y su terrible manía de hacer preguntas, una manera de ser sal, de mejorar la vida, de buscar la verdad.

Sin duda, el griego ha puesto más sabor a la vida y la ha hecho mejor que quienes decidieron no ser la sal. Es una metáfora que termina por ser impresionante, la sal de la tierra contra las insípidas corrientes de lo políticamente correcto y lo que “todos creen”.

En estos tiempos de demasiada televisión y escasa razón, la idea de ser la sal de la tierra merece ser revivida.

Son tiempos en los que se premia lo colectivo y se castiga la individualidad, se promueve el pensamiento uniforme y se fustiga la independencia, se recompensa la aceptación ciega y se sospecha de la originalidad.

Son tiempos de pereza mental en los que se producen ideas masivas que piden ser creídas sin cuestionamiento.

Son tiempos de una democratización extrema que supone la superioridad de las mayorías y la supresión de las ideas distintas. Es como una colectivización del pensamiento, al que vuelve insulso e insustancial.

Tiempos en los que todo es soso y sabe a lo mismo. De ideas insustanciales y desabridas, cuando todo lo que se exige es decir que sí a lo que alguna autoridad decreta.

No sé usted, pero me revuelve el estómago pensar en la posibilidad de que no seamos esa sal de la tierra. Quizá no lo logremos, pero la posibilidad de serlo es lo mejor que puede pasarnos.

Esta es una de las razones más fuertes para evitar las grandes concentraciones de poder, esas en las que a cambio de la protección estatal se debe renunciar a ser sal en esta vida.

El párrafo siguiente al citado, dice:

“Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en lo alto de un monte; ni se enciende una luz para ponerla debajo de un celemín, sino sobre un candelero a fin de que alumbre a todos los de la casa”.

Lo opuesto a lo que en estos tiempos se cultiva y cosecha, la uniformidad insípida, la igualdad insabora, la monotonía insulsa.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras