Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sexo por ADN
Leonardo Girondella Mora
7 marzo 2012
Sección: Sección: Asuntos, SEXUALIDAD
Catalogado en:


Un libro reciente es merecedor de examinar — Sex at Dawn, C. Ryan y C. Jethá (2010) Harpers Collins.

Determino, primero, lo que sostiene la obra, después examino opiniones derivadas —y termino con una crítica.

El breve, el libro opina que la monogamia no es natural a la especie humana, que la idea de la fidelidad matrimonial se opone a los genes humanos.

La evolución del humano y de otras especies con ADN similar muestran las ventajas del sexo frecuente en comunidad.

Son argumentos arqueológicos, antropológicos, anatómicos y, en general, evidencias físicas históricas y presentes que van en dirección de probar una naturaleza promiscua que sirve de explicación a las conocidas dificultades de mantener la fidelidad conyugal.

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Ahora, las consecuencias de las ideas del libro —si en la biología de los bonobos, un tipo de primate con muy similar ADN humano, la promiscuidad es regla, se concluye que nada antinatural puede existir en la promiscuidad humana.

Si las hembras de los chimpancés copulan con todos los machos, si hacen lo mismo los bonobos —la explicación natural es una competencia de espermas que resultan en supervivencia de la especie. Consecuentemente, se argumenta, la monogamia humana va en contra de la especie y eso explica a la infidelidad matrimonial en todos los tiempos.

El clímax es llegar a concluir que la monogamia va contra la naturaleza humana, que la fidelidad matrimonial es antinatural —incluso está en contra de la forma de los genitales.

Las consecuencias y conclusiones son válidas y justificadas —bajo esta visión biológica/evolutiva no tiene sentido la monogamia. Sería ella antinatural y los miembros de una comunidad humana harían bien al llevar una vida promiscua.

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Pero hay un problema en toda la base de la argumentación —supone ella una premisa que no hace explícita, la de que los humanos son una especie que no difiere de los primates en forma significativa.

Si el ADN humano tiene diferencias menores del 2% con respecto a chimpancés y bonobos, entonces se dice, el humano debe comportarse como esos primates.

La justificación final de quien propone que la promiscuidad del chimpancé justifica la promiscuidad del ser humano está en esa mínima diferencia de ADN —si el bonobo tiene el 98% del ADN humano, el humano debe comportarse 98% igual.

No hay más que eso en el argumento que justificaría la promiscuidad como lo más natural para el ser humano —un razonamiento que no tiene congruencia interna.

Si el ADN es justificación de la promiscuidad, también debería serlo de otras cosas que son propias de esos primates, como andar desnudos, como no tener educación, como no hacer construcciones, no escribir, ni leer.

Es una falla del razonamiento que ilustro con una de las pruebas usadas: el órgano masculino es grande en relación al cuerpo del macho y está diseñado de manera que retira semen de otros machos; por su lado, la hembra puede copular continuamente, pero no el macho.

Entonces, la forma de los genitales tiene suficiente peso como evidencia para concluir que la promiscuidad es lo natural. Bajo la misma línea de pensamiento, cualquier forma anatómica daría la justificación necesaria para lo que sea —el pulgar humano permite tomar un tronco y con él golpear al otro macho; aunque yo argumentaría que ese pulgar le sirve para escribir y teclear un iPhone.

No es un argumento convincente por su artificialidad.

Es más promisoria y realista otra visión más integral del ser humano —la que reconoce, por supuesto, esa similitud con otras especies, pero que apunta sobre todo a otras diferencias tremendas que colocan al ser humano a una distancia enorme de los primates.

Mientras que el libro mencionado pone su atención en la visión biológica/evolutiva y nada más que eso, olvida lo realmente digno de conocer —las diferencias. Con el 98% del ADN humano, un bonobo no tiene capacidad para realizar sumas, ni dibujar un mapa, ni escribir sobre su propio ADN.

Concluyendo, si se usa sólo la visión biológica/evolutiva del ser humano, resulta perfectamente lógico rechazar la moral que considera mala a la promiscuidad sexual —pero si se usa una visión integral del ser humano, esa conclusión no tienen lógica si sustento.

Quiero ser claro en lo que he dicho y ello tiene dos partes.

• Si se usa sólo el punto de vista biológico/evolutivo como explicación total del ser humano, la promiscuidad es perfectamente admisible y loable —los humanos harían bien en comportarse como un chimpancé.

• Si se aceptan otros puntos de vista, adicionales al biológico/evolutivo, las cosas cambian y la aceptación de la promiscuidad ya no es natural —con facilidad podría ser considerada lo opuesto.

¿Deben aceptarse otros puntos de vista adicionales al biológico/evolutivo? Sin duda. La visión biológica/evolutiva pone su atención en las similitudes con otras especie y bajo su óptica predeciría que el ser humano tuviera una conducta prácticamente igual a la del chimpancé. Obviamente no la tiene.

Nota del Editor

No resisto añadir un comentario. La similitud en ADN entre primates y hombres se usa para justificar que la conducta del primate sería lo natural en el hombre. ¿Por qué no justificarlo en dirección contraria? La conducta del hombre sería lo natural en el primate y entonces el primate debería entender que debe ser monógamo.

La falla en la teoría de que con ADN casi igual el hombre debe ser tan promiscuo como los primates es un error común en las argumentaciones —el error de congruencia interna de la teoría: debería explicar no sólo sexualidad, sino toda la vida y costumbres del ser humano usando sólo la vida del primate.

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