Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Si Dios Existiera…
Leonardo Girondella Mora
12 julio 2012
Sección: RELIGION, Sección: Análisis
Catalogado en:


Un comentario de un lector a una columna titulada No Creo en Dios, Soy Ateo , argumenta que existen realidades que llevan a afirmar que Dios no existe.

Una parte de ese comentario dice así:

Bueno aquí va una lista de porque [sic] no creo en Dios ni en seres divinos.

Si Dios existiera no habrían guerras. 
Si Dios existiera no habrían asesinatos.. Si Dios existiera no habrían enfermedades.. Si Dios existiera no habrían niños huérfanos. Si Dios existiera no habrían maltratos.

Si Dios existiera no habría pobreza. Si Dios existiera el mundo sería justo. Si Dios existiera todos tendríamos las mismas oportunidades
. Si Dios existiera no habrían desigualdades. Si Dios existiera no habría racismo, machismo ni movidas de esas.

Ahí lo dejo porque si no tendría una lista interminable que no acabaría jamás.

No puede uno sino simpatizar con la idea básica, la de que existe una realidad que se evalúa como indebida —no es lo que debía ser. Es una poderosa demostración de la innata idea humana que distingue entre lo que es y lo que debe ser.

Pero una cosa es aceptar que hay realidades injustas y crueles, y otra muy distinta usar esa realidad para demostrar que Dios no existe —que es lo que exploro en lo que sigue.

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• Puede imaginarse a un mundo perfecto en su totalidad —en el que no hubiera asesinatos, mi guerras, ni maltratos, ni injusticias, ni nada por el estilo. Para que ese mundo existiera se tendrían sólo dos alternativas.

Una, un mundo en el que todos las personas en todo momento se comportaran de manera ejemplar y justa. Otra, la de un mundo en el que las personas fueran robots gobernados centralmente por Dios teniendo así una conducta ejemplar en todo momento.

• Con respecto a la segunda, es obvio que Dios no gobierna a los seres humanos como si fueran robots que siguen sus mandatos sin cuestionarlos —una situación que anularía la libertad humana.

Esto permite considerar que Dios ha hecho libres a las personas, las ha dejado con la capacidad de decidir sus acciones —de lo que ahora es posible concluir que ese mundo malvado e injusto es una creación humana, producida por seres que con libertad han decidido cometer injusticias, robar, hacer la guerra y demás.

• Por consiguiente, decir que la existencia de acciones malvadas es una prueba de que Dios no existe, resulta un razonamiento equivocado.

Todo lo que podría concluirse es que Dios ha hecho libres a las personas y que ellas no se comportan como debieran, como Dios lo manda. Son sus decisiones indebidas las que hacen de este mundo uno imperfecto, no las decisiones de Dios.

• La afirmación que sí resulta justificada y lógica es la que sostiene que todos esos hechos indeseables, como los robos y las guerras, tienen una causa que es indirectamente de Dios —si Él no hubiera hecho libres a las personas y las dirigiera como Él desea este mundo sería perfecto.

Pero hizo libres a las personas y esa es la clave que soluciona el problema de la maldad en el mundo.

• Queda, por supuesto, la interrogante de por qué Dios hizo libres a las personas. La respuesta cristiana es directa: las creó a su semejanza y eso significa ser libres, poder pensar, poder sentir. Fue un trato preferencial, una creación especial, una distinción sobre el resto de sus criaturas.

Con la libertad abrió la posibilidad de mayor mérito posible, la de seguir sus mandatos por decisión propia y libre —pudiendo hacer exactamente lo opuesto, ignorarlo y violar sus mandatos. Es la desobediencia de sus mandatos lo que causa la maldad en el mundo y ella es una consecuencia de la libertad.

• Queda también otra interrogante, la de por qué ha creado este mundo imperfecto en el que hay desastres y situaciones injustas. La mejor respuesta que conozco a esta pregunta es una muy directa.

Dios sí creó ese mundo perfecto e ideal para el ser humano, lo hizo intencionalmente para que allí vivieran personas libres —se le conoce como Paraíso y fue perdido por un acto libre de desobediencia. Toda la Creación sufrió una perturbación y se cayó en un mundo imperfecto, consecuencia de la primera falta de la libertad dada.

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En resumen, no dudo de la indignación que produce y los efectos que crea en las personas el aceptar que se vive en un mundo lleno de situaciones indebidas y malvadas —es algo que muestra el sentido que los humanos tienen de lo que debe ser y que prueba la existencia de lo que se conoce como bueno y moral.

Pero llevar esa indignación hasta el extremo de convertirla en una prueba de que Dios no existe, es un paso atrevido que no tiene solidez. Pero ese enfado si puede usarse para mostrar que las personas son libres y que demasiadas veces cometen actos malvados que son la causa de un mundo imperfecto.

Si todos, en todas partes y momentos, tuvieran un comportamiento acorde con los mandatos de Dios, este mundo sería perfecto. No lo es porque los seres humanos son imperfectos —siendo libres pueden decidir hacer el bien o el mal. Lo único que prueba la maldad en el mundo es la imperfección humana.

En esa queja de un mundo con sufrimiento y un Dios bondadoso, hay algo alentador y que anima —el reconocimiento de que un mundo en el que las personas siguieran los mandatos establecidos por Dios sería perfecto.

Addendum

El lector avispado notará que dentro de la lista de realidades que se anotan en ese comentario, hay en realidad dos tipos de imperfecciones en el mundo.

Las imperfecciones que pueden ser atribuidas directamente a un mal uso de la libertad: guerras, asesinatos, maltratos, robos —todos productos de acciones humanas libres. La causa de estas realidades indebidas puede apuntada con exactitud: malas decisiones libres de seres imperfectos.

Hay otro tipo de imperfecciones que se mencionan y que no corresponden a una causa humana, al menos no directa: enfermedades, niños huérfanos —a las que podrían añadirse otras como terremotos, huracanes, inundaciones y otras más.

Es estas imperfecciones, confieso no tener una explicación que pueda parecer razonable a la mayoría.

¿No es acaso injusta la muerte de un bebé aplastado en un terremoto y el terrible sentimiento que eso causa a sus padres? Con mis ojos humanos sin duda la veo injusta, igual que el cáncer fatal de un amigo —sólo me queda pensar en que efectivamente hay un Dios bondadoso y que esa injusticia será solucionada de alguna manera que no alcanzo a comprender.

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