Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sin Memoria Política
Leonardo Girondella Mora
17 febrero 2012
Sección: GOBERNANTES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


La conocida frase afirma que la verdad te hará libre —veritas liberabit vos, suele citarse en latín con buena probabilidad de ser entendido.

Lo opuesto se concluye por lógica: la mentira te hará esclavo —a lo que quiero añadir otra idea que creo frecuente en la política, el olvido te dañará también.

Tomo al olvido como una variante de la falsedad, como el olvido de la realidad y que tiene el mismo efecto de la falsedad —quizá en latín pueda decirse qui oblitus mendacium vivit, el que olvida en una mentira vive.

En concreto quiero explorar el fenómeno de la corta memoria política que se sufre en la mente de ciudadanos. Un padecimiento mental de desmemoria y omisión, que consiste en olvidar lo dicho y hecho por políticos, que así aparecen de nuevo en la escena sin merecerlo.

Cada lector puede recordar al político que quiera —seguramente recordará más de uno de esos casos en los que terribles faltas en su desempeño anterior no son ya obstáculo para su regreso al escenario político.

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El fenómeno tiene un esquema desarrollado en el tiempo.

1. Un político logra cierta popularidad —es conocido y tiene una base de seguidores incondicionales, más otros que simpatizan en lo general con él.

2. En algún momento de su desempeño político, comete acciones que bajo cualquier criterio son reprobables, seriamente reprobables —como estar asociado con acciones abiertas de corrupción u otras.

3. Como consecuencia de esa situación reprobable, el gobernante pasa por un tiempo de relativa inactividad —sigue siendo conocido, pero su mención en los medios es pequeña.

4. Algo sucede que el político aprovecha como oportunidad de regreso al escenario político —vuelve a construir popularidad y se convierte en un personaje más o menos importante.

5. Al político se unen personas que lo apoyan y consideran un buen gobernante —olvidando las acciones y actos que cometió y que fueron juzgadas como reprobables.

En fenómeno al que me refiero está en el punto 5: las acciones y los actos que el político cometió en el pasado son olvidados —sus partidarios y simpatizantes los ignoran y pasan por alto. El político vuelve para ellos como un político renacido, de una limpieza indudable.

Es un fenómeno de sine memoria —de sin memoria intencional, pues lo mismo que se olvidó de ese candidato, se recordaría de un opositor a él. Un caso de olvido selectivo, de olvidar lo malo de aquél con el que se simpatiza.

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La parte medular del padecimiento que propongo en la política es la gravedad de las faltas cometidas por el político en cuestión —deben ser faltas realmente notables y serias, que al mismo tiempo tengan poca duda de ser reales.

Algunas posibilidades pueden ser ilustradas:

  • Corrupción comprobada de un pariente cercano o de un colaborador inmediato
  • Desacato grave a la ley o a fallos judiciales
  • Asistencia a eventos descontrolados, orgías, drogas y similares.
  • Actitudes insultantes continuas, palabras soeces en sus discursos
  • Participación en acciones violentas, que interrumpan el orden
  • Participación en intentos de golpes de estado

Por ejemplo, el caso de un político cuyo hermano es sorprendido haciendo cobros por venta de influencias para permisos de negocios —o el de un colaborador cercano recibiendo dinero de un proveedor de su gobierno. Y no sólo eso, sino la protección abierta del colaborador o del pariente que escapa a castigos.

Un acto como ese sería suficiente como para terminar con su carrera política —pero por virtud de la sin memoria política, tiempo después el político hace un retorno que lo coloca en el escenario, como si nada hubiera pasado.

Sus graves faltas han sido olvidadas y llega incluso a pensarse que ha cambiando —que no es el mismo que las cometió, que se ha arrepentido. Puede llegar al extremo de lograr nuevos adeptos entre la gente.

De esta manera, hace un retorno a la política quien no lo merece, quien ha cometido acciones que le invalidan de por vida su participación en política. La poca memoria política da entrada, otra vez, a quien no merece gobernar.

Addendum

Lo que he propuesto, como un fenómeno de sin memoria política, sería un caso de la llamada amnesia selectiva: el olvido intencional de hechos que, por alguna razón, la persona no quiere recordar, aunque en realidad las recuerde.

En el caso político actual, por ejemplo, en Mexico se encuentran dos casos de amnesia política selectiva:

• López Obrador, ligado a multitud de acciones reprobables que sus simpatizantes no recuerdan. Este político ha regresado a la escena política, incluso como candidato presidencial, logrando un caso de colección de amnesia política.

• F. Larrazabal, alcalde de Monterrey, cuyo hermano vendió influencias de su gobierno — cuyos simpatizantes olvidan. Este político aún se mantiene en el puesto.

El lector no resistirá la tentación de recordar otros casos.

Es obvio que los simpatizantes de un político olvidan selectivamente lo negativo de su preferido y recuerdan intencionalmente lo malo de sus opositores.

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