Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sistemas Electorales
Eduardo García Gaspar
12 noviembre 2012
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Son muchos y tienen cierta variedad. Hablo de los sistemas para elección de gobernantes.

Los procedimientos para que se forme un gobierno y ciertas personas ocupen puestos en él.

Hay varios de esos sistemas que se usan para formar gobiernos nuevos y ellos se dividen en dos grandes grupos.

Uno de esos grupos es el violento. El nuevo gobierno llega al poder por medio de un golpe de estado, derrocando al gobierno anterior. Eso es todo.

El otro grupo es pacífico, el que usa votos de los ciudadanos bajo el principio de que quien tenga más votos es el que formará el nuevo gobierno. Bajo este grupo hay una infinidad de variaciones, pero todas se sustentan en esa idea de mayoría de votantes.

La idea que fundamenta este tipo de cambio de gobierno es el remediar la prolongación indebida de un gobierno con cambios periódicos de gobernantes, como ahora en los EEUU.

Y la manera más sencilla de hacerlo es hacer que la gente salga y vote por quien crea que será un mejor gobernante. Es primitivo y poco refinado, pero no hay otra manera mejor de resolver esos cambios de gobierno, que son pacíficos y eso vale mucho.

Lo que bien vale una segunda opinión ahora es imaginar otros sistemas y variaciones que sirvan para elegir nuevos gobernantes.

Por supuesto, desechamos la vía violenta y así podemos usted y yo pensar en nuevos sistemas de cambios de gobierno. Hay una posibilidad tratada en un libro de G. K. Chesterton.

Las elecciones, en este caso, se realizan por sorteo aleatorio.

Todos los ciudadanos participan y entre ellos, al azar, se seleccionan a los nuevos gobernantes: presidente, diputados, senadores, gobernadores y demás que sean necesarios. Este sistema tendría la ventaja de evitar gastos de campaña y la cascada de promesas imposibles de cumplir.

El sistema aleatorio es realista en el sentido de que todos los gobernantes son igual de malos y uno da lo mismo que otro. Contiene una ventaja, la de seleccionar quizá a alguien que no quiera gobernar, quienes generalmente son los mejores gobernantes. No está mal esta idea.

Una variación de este sistema es el de la selección inversa de candidatos, que sólo consideraría personas que en realidad no quieren gobernar. Visto del otro lado, se entiende mejor.

Bajo este sistema se descartarían a las personas que más quieren llegar al poder, los que tendrían prohibido de por vida participar en elecciones. Son, por lo general, los peores gobernantes.

Hay otro sistema posible, el del seleccionar a los nuevos gobernantes por medio de la votación en una elección normal y común. Pero bajo este sistema, el ganador es el que menos votos recibe.

No es una mala idea porque quienes menos votos reciben suelen ser lo que menos populismo usan en sus campañas y que, por eso, tienen las mejores ideas. Hay un riesgo, el de posturas extremas que suelen tener poco respaldo y son negativas.

Estos y otros sistemas posibles (quizá usted piense en uno), contienen lecciones. La más obvia y clara es la gran ventaja de poder cambiar de gobierno por la vía pacífica.

El valor de esto es inmenso porque mantiene la confianza del ciudadano en el gobierno y eso significa mayor prosperidad. La otra está más oculta: no hay manera posible de llegar a encontrar por la vía de la discusión razonada las acciones más adecuadas de gobierno. Y por eso es precisamente que se recurre a contar votos.

Contar votos emitidos por demasiados ciudadanos escasamente informados, sin conocimientos de economía y guiados por primeras impresiones, es un sistema primitivo, elemental y crudo. No tiene garantía alguna de éxito, definido como la selección de los mejores.

Es realmente un mal sistema, muy malo, pero es preferible a la otra posibilidad, la de poder realizar cambios de gobierno por la vía violenta.

Esa es en realidad la única ventaja de la democracia. La de ser preferible a otra vía mucho peor. Visto de otra manera, optar por la democracia es simplemente seleccionar el menor de los males.

Por esto sorprende que se cantes elogios tan grandes a la democracia. Elogios que no merece. Ella es simplemente un mal sistema político, rudimentario y crudo, y que sobrevive porque no hay otro mejor.

Y eso lleva a una consideración final: la democracia recibe elogios que no merece, incluso se le considera un valor político. No es para tanto.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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