Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Son Palabras Nada Más
Eduardo García Gaspar
26 enero 2012
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Los calificativos son usados sin ver su fondo.

Si a alguien se le dice “conservador”, por lo general, se tienen connotaciones negativas.

Por el contrario, el “progresista” es un tipo bien visto casi siempre. De él se tiene la idea de que está al día y es un tipo moderno.

Estas nociones bien merecen una segunda opinión, porque son palabras y nada más que eso.

En resumen, un conservador es uno que desea conservar, que no está dispuesto a aceptar lo nuevo con facilidad. Es alguien que habla de tradición como algo positivo, algo que refleja la sabiduría de generaciones anteriores. Las ideas nuevas son vistas por él con cierto recelo.

Por su parte, el progresista es alguien que toma la posición opuesta. Lejos de conservar lo pasado, quiere deshacerse de eso. Nada inclinado a la tradición, es un entusiasta aceptando lo nuevo y moderno. Las ideas anteriores a las suyas son vistas con sospecha y descartadas sin mucha atención.

En pocas palabras, la diferencia esencial entre ambos es una de conservación o rechazo del pasado.

A uno lo fascina la tradición anterior y a otro lo embruja lo nuevo. Sus posturas son, mucho me temo, muy mal entendidas. Las de ambos. Ninguno es superior al otro, los dos pueden cometer errores, los dos pueden tener aciertos.

Todo depende de lo que uno quiera conservar y el otro implantar.

Tomo, para ilustrar mi punto, un caso poco esperado de conservadurismo, el de los sindicatos. Son ellos poco inclinados a aceptar innovaciones en las leyes, actualizaciones debidas a circunstancias cambiantes. Claramente son proponentes de la tradición gremial que les otorga gran poder económico y político. Y si las leyes cambian, tratarán ellos de reaccionar para volver al estado anterior de cosas. Son conservadores.

Lo mismo puede pasar en otros dos casos de conservadurismo, el de empresarios que reaccionan manteniendo la protección aduanal de la competencia extranjera. Y el de quienes quieren conservar las leyes que establecen que el único matrimonio posible es el de un hombre y una mujer. Un buen caso de conservadurismo, es el del sindicatos de maestros en México al querer mantener su posición a pesar de resultados funestos.

Un progresista, por el contrario, desearía cambiar leyes laborales, leyes familiares, desmantelar sindicatos, quitar la tradición regulatoria económica, cambiar la tradición fiscal anticuada y cara.

Como usted puede ver ya, la posición de ser conservador o de ser progresista es, en sí misma, irrelevante. Todo depende de lo que se quiera conservar y de lo que se quiera innovar.

Un caso puede ilustrar esto, el de una persona que al mismo tiempo es progresista y conservadora.

La capital mexicana está gobernada por Marcelo Ebrard que es en extremo progresista al proponer con entusiasmo leyes que redefinen a la familia y permiten el aborto. Y, sin embargo, es muy conservador también, al mantener y fomentar estructuras corporativistas tradicionales.

Esto ilustra mi punto, ser conservador o progresista es lo de menos, lo que importa es lo que usted quiera mantener y lo que usted quiera cambiar.

Un amigo, que bien conozco, es un progresista fenomenal en cuestiones económicas. Para México, por ejemplo, propone cambiar la tradición fiscal de impuestos complejos a una ley de una página. En los terrenos morales, en cambio, es conservador. Afirma que dar a los gobiernos poderes de definir lo bueno y lo malo, como en el caso de los matrimonios de personas del mismo sexo, es indebido. Desea conservar la moral independiente del gobierno.

El punto de partida de esta columna fue la observación de una persona cercana que me calificó de conservador, dándole a la palabra un tono de inferioridad con respecto a su posición, la progresista.

Y tenía ella razón, soy conservador, pero conservador en unas cosas. En otras soy progresista y quisiera que cambiase, por ejemplo, la terrible tradición sindical de México.

Quizá a usted le suceda lo mismo, que en unas cosas sea conservador y en otras progresista o innovador. En fin, la conclusión es la obvia.

No importa ser clasificado como conservador o como innovador o revolucionario, lo que en verdad importa es qué es eso que se quiere conservar y lo que se quiere cambiar. Allí esta la real esencia del tema, no es los calificativos que son sólo palabras.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Conservadurismo y Progresismo. Una buena exposición del conservadurismo es la de Russell Kirk. La opuesta es la explicación de Hayek.

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