grandes ideas

Los cuatro tipos de leyes que propone santo Tomás. Las leyes humanas tienen límites y uno de ellos es que no pueden ellas originarse a sí mismas. Su origen es uno más alto y superior contra el que no pueden estar. El dilema del legislador.

Introducción

En la primera parte, este resumen intenta sugerir algo sobre la mente de Aquino: su confianza en la razón humana y su creencia en el deseo innato por conocer y explicar la realidad.

El ser humano es para Tomás una criatura con un alto destino y un fin máximo, el mayor de todos los posibles. Y no una criatura sin trascendencia que se pierde sin consecuencias.

En la segunda parte, el resumen presenta el famoso esquema de los cuatro tipos de leyes según el autor. Son conceptos de desenlaces colosales que en estos tiempos han sido puestos de lado, lo que produce efectos colaterales muy indeseables.

La idea fue tomada de Aquinas, T., St. Thomas Aquinas on Politics and Ethics (Norton Critical Editions). W. W. Norton & Company.

El gran tema es el de los límites de la ley humana y los cuatro tipos de leyes que propone santo Tomás.

Punto de partida, el deseo de conocer

Este resumen inicia con ideas selectas de Santo Tomás contenidas en Summa Contra Gentiles. En el capítulo 25 dice que es natural al hombre el deseo de conocer las causas de lo que percibe.

Esta curiosidad natural es lo que hizo que los hombres comenzaran a filosofar. Encontrar las causas de lo que veían les produjo satisfacción. Pero esa curiosidad y ese filosofar no se detiene.

La investigación no cesará hasta encontrar la primera causa.

Encontrarla producirá el sentir que se tiene el conocimiento completo, por lo que por su propia naturaleza tiene como fin conocer la primera causa de todo.

Y ya que Dios, dice, es la primera causa, el último fin humano es conocer a Dios. Así inicia la exposición que lleva a los cuatro tipos de leyes que propone santo Tomás.

Felicidad y placer

En el capítulo 27, sobre la felicidad humana y los placeres corporales, dice el autor que en el orden natural, el placer es el resultado de una acción y no al revés.

Resulta lógico, por tanto, que si una acción no es el último fin, tampoco el placer que resulta es el placer mayor.

Comer, por ejemplo, o el acto sexual, tienen fines específicos, no el mayor, y por lo tanto el placer que dan no es tampoco el mayor. La felicidad última, por tanto, no está contenida en esos placeres.

Con esta introducción se tiene una buena idea de la mentalidad tomista. De acuerdo con ella, el ser humano es uno de naturaleza excepcional, que le llama al conocimiento, no a las pasiones.

Es una visión humana alta y digna, que se satisface en objetivos elevados y que pueden ser concluidos de esa naturaleza.

Los cuatro tipos de leyes de santo Tomás

Se pasa ahora a la Summa Teológica y los tipos de ley. Para Tomás, hay cuatro tipos de ley.

Conocerlos es vital en estos tiempos, porque en ellos está contenida una idea sobresaliente: las leyes humanas, las emitidas por los gobiernos no pueden ser independientes de principios o leyes mayores de las que parten.

Lo que ha hecho santo Tomás es proveer una solución al dilema del legislador, que se verá más abajo.

La Ley Eterna

Primero, la Ley Eterna. Si la ley en general no es más que un cierto dictado de la razón práctica por parte de quien gobierna a una comunidad, entonces todo está gobernado por la razón divina.

Y Dios es el gobernante del universo, existe una ley que no está sujeta al tiempo y es eterna.

El razonamiento será rechazado por ateos y agnósticos, quienes actúan igual basados en la creencia de que Dios no existe y sobre esa base abandonarán el resto del razonamiento de Aquino.

Solo puede señalarse que es una pérdida que lo hagan, pues seguir adelante les dará una idea que subsiste a pesar de negar la existencia de Dios.

Se tienen ideas y nociones que son superiores a las leyes emitidas por un gobierno y que no pueden ser creadas por este.

La Ley Natural

La segunda de los cuatro tipos de leyes que propone santo Tomás, es la Ley Natural. Todo participa en la Ley Eterna de cierta manera y ella está impresa en todo de acuerdo con sus inclinaciones naturales y propias.

La participación de los seres racionales en esa Ley Eterna se llama Ley Natural. Las criaturas racionales, como el resto del universo, está bajo la providencia divina y ellas tienen una inclinación natural a acciones y fines propios.

La idea es de efectos largos. Afirma que en la misma naturaleza de todo existen preceptos o leyes adecuados a todo lo existente. A todo, sin excepción.

Eso incluye al ser humano, en cuya naturaleza está impresa una ley acorde y que señala lo que es bueno y lo que es malo para las personas.

Esta ley es superior a la ley emitida por gobiernos y podría resultar en la existencia de leyes humanas concordantes o en desacuerdo con la Ley Natural.

La Ley Humana

Tercero, la Ley Humana. Es la serie de disposiciones a las que se llega por medio de la razón. La razón humana debe proceder de preceptos de la Ley Natural, la impresa en los seres racionales, y de principios comunes e indemostrables.

En esta ley es cuando se comprende una idea central, la de que las leyes humanas, las emitidas por los gobiernos, tienen un origen anterior y un sustento superior a ellas.

Las leyes humanas, por necesidad inevitable, no pueden ser su propia base. Ellas deben estar sustentadas en principios anteriores y superiores, los que en caso de ser violados, darían ocasión a leyes injustas cuyo cumplimiento no obliga.

En otras palabras, los gobiernos no son fuentes de moral ni ética, sino entidades que actúan de acuerdo con principios superiores a ellos. Su misión es la protección de las personas en sociedad.

La Ley Divina

La última de los cuatro tipos de leyes de santo Tomás, es la Ley Divina. Es una ley necesaria, adicional a la Ley Natural y a la Ley Humana. Es necesaria para dirigir a la vida humana y es la ley revelada.

Tomás habla de la Revelación, de los que Dios se ha encargado de decir a las personas mismas. Es una ley que, por supuesto, será rechazada por ateos y agnósticos, pero que tiene un sentido pragmático notable.

Razones de la Ley Divina

Son cuatro las razones por las que, según Aquino, se necesita la Ley Divina.

• El hombre está destinado a un estado eterno de bendición que excede sus capacidades humanas y esto requiere una revelación más allá de la Ley Natural y la Humana.

La ley en general dirige al ser humano a un fin último, que si pudiera comprender usando sus capacidades, no necesitaría esta Ley Divina.

Sí, el autor tiene una visión optimista sobre el ser humano. Lo cree merecedor de un gran fin último. Lo cree poseedor de habilidades racionales. Pero aún así, estos méritos humanos no son suficientes. Se necesita el testimonio de Dios.

• El juicio humano puede fallar y cometer errores, lo que significa que las leyes humanas pueden ser distintas e incluso contradictorias.

Para resolver esto se necesita una ley que no pueda fallar y esa es la Ley Divina. Sí, muy a pesar de todo, la razón humana no es infalible y necesita un aliado externo, esa ley adicional, que corrija errores.

• El juicio humano tiene capacidad para hacer leyes sobre lo que puede ser juzgado, pero no todo puede serlo. Los actos visibles pueden ser juzgados, pero no los motivos internos a los que la ley humana no puede juzgar ni dirigir. Solo puede hacerlo la Ley Divina.

La limitación de la ley humana es descarnada en este punto. No puede ella verlo todo. No puede entrar dentro del corazón humano y juzgarlo, por lo que es necesaria esta ley que sí puede hacerlo.

• Como también ha dicho San Agustín, las leyes humanas no pueden castigar ni prohibir todo acto malo porque al intentarlo podrían anularse muchas acciones buenas y alterarse el bien común.

Por esto, para que ningún acto malo pase sin recibir castigo, ni acto bueno sin merecer premio, se necesita la Ley Divina.

Otro señalamiento descarnado de las limitaciones que tiene la ley humana y que tiene un territorio de aplicación muy limitado: no puede cubrir toda acción humana, pero sí puede hacerlo la Ley Divina.

Concluyendo

Quizá todo lo anterior puede resumirse en una idea de efectos amplios: las leyes humanas tienen limitaciones severas.

No solo están sujetas a errores y contradicciones, también tienen fronteras o cotos máximos que no pueden rebasar.

Pero sobre todo, no pueden ser las leyes humanas la fuente de su propia legitimidad y valor.

La ley humana, por necesidad lógica, parte de hipótesis o principios —explícitos o no—, que para unos vienen de la Ley Natural y la Divina y que para otros vienen de otro origen.

Pero cualquiera que sea su origen, todos tienen uno que es preciso conocer abiertamente.

Si acaso el origen fuese el Estado mismo, se sabría con facilidad ya que el gobierno ha rebasado sus límites y se ha autonombrado autor de la Ley Divina y de la Natural.

Esta es la gran lección para estos tiempos contenida en los cuatro tipos de ley que propone santo Tomás de Aquino. Las leyes humanas tienen límites y uno de ellos es que no pueden ellas originarse a sí mismas. Su origen es uno más alto y superior contra el que no pueden estar.

Más sobre las consecuencias de santo Tomás y los cuatro tipos de leyes.

La ley y la moral: dilema del legislador

Por Eduardo García Gaspar

El dilema del legislador ha permanecido oculto. Escondido en medio de una realidad compleja. Es el asunto de la moral y la ley. De la relación que hay entre ellas. De sus concordancias y oposiciones.

K. Minogue lo explica con claridad:

«Es universalmente aceptado que la libertad consiste en vivir bajo la ley. Pero las leyes se hacen. ¿Cuál es entonces la posición del legislador? Si está bajo la ley, no puede hacerla, y si está por encima, entonces sus sujetos carecen de seguridad necesaria para ser libres en contra de la opresión». Minogue, K., Politics: A Very Short Introduction. Oxford University Press.

El dilema del legislador

El asunto es complicado. Es obvio que una vida libre y ordenada necesita leyes para la convivencia entre ciudadanos y entre ellos y el gobierno.

Ellas tiene que crearse. Alguien tiene que hacerlo. La tradición de muchos años ayuda a crearlas, pero se necesita formalizarlas. Otras veces es necesario crearlas sin tanta ayuda.

Entonces se entiende mejor el dilema. Crear la ley al mismo tiempo que estar bajo ella no tiene mucho sentido. ¿Puede estar bajo ella ese quien la crea?

Hay alguna buena dosis de creer superior a quien tiene la capacidad para crear leyes a las que acompañará la fuerza del gobierno.

Soluciones del dilema del legislador

Quizá no tenga solución teórica el problema, pero sí tiene soluciones prácticas razonables.

• La más conocida de ellas es la de crear leyes entre muchos que deben ponerse de acuerdo para aprobarla. Esto impide hasta cierto punto el riesgo de leyes abusivas e injustas. Son las cámaras de legisladores las que lo hacen, o deben hacerlo.

Esto muestra el grave riesgo de tener legisladores que se hayan vendido a los intereses de su partido, o al poder ejecutivo. La podredumbre de esta posibilidad es obvia. Los legisladores son representantes de los ciudadanos, no de sus partidos ni del ejecutivo.

Los filtros de la discusión entre la cantidad de legisladores, la necesidad de aprobación mayoritaria y de aprobación final del ejecutivo, son mecanismos imperfectos de protección en contra de leyes malas.

• Otra protección similar a la anterior es la posibilidad de anular a la ley mala.

Si una de ellas se aprueba, en una democracia razonable, será una posibilidad real el decretar su extinción en alguno de los gobiernos siguientes. El ciudadano razonable aceptaría esa mala ley con la esperanza futura de cambiarla o anularla.

No son remedios de fondo, sino soluciones prácticas y que son solo posible bajo cierto tipo de gobierno, el democrático con separación de poderes y elecciones periódicas. En un sistema déspota, la ley es la voluntad de quien tiene el poder. La diferencia es notable.

• Pero hay más sobre el dilema del legislador. Una cosa que se ha explicado como moral y que la ley tiene que respetar. Si no lo hace, se estaría frente a eso que se llama ley injusta.

Es sencillo expresarlo, pero muy complejo el realizarlo. Al final de cuentas es un asunto de determinación de lo bueno y de lo malo. Una solución sustentada en los cuatro tipos de leyes que propone santo Tomás.

Una ley que da tratos diferentes a personas de raza diferente, como por ejemplo, impedir votar a una de ellas, es claramente algo injusto. Pero lo es bajo una cierta moral, una ley superior, que proclama la igual dignidad en todas las personas.

Consecuentemente, la moral y el entendimiento de lo bueno y de lo malo es lo que puede frenar a una mala ley o aprobarla.

Tome usted un caso discutible. Si se acepta que la libertad es buena y que debe ser respetada por ser parte de lo natural en la persona, se tendrán problemas para aceptar a una ley que impide exportar e importar mercancías.

Y, sin embargo, esa ley ha sido aprobada en muchas partes justificándola con la creencia de que impedir esa libertad era de beneficio económico (lo que resulta falso).

En un plano netamente moral, sustentado en la naturaleza humana, se reclama trato igual para todos. Cualquier ley que violara esa igualdad sería vista como indebida. Y, sin embargo, se tienen leyes así, como las de impuestos progresivos.

¿Cuesta trabajo aceptarlo? Por supuesto

Y eso se debe a una transformación moral que al mismo tiempo que alaba a la dignidad humana dando, por ejemplo, un voto de igual valor a todos, acepta también hacer el equivalente de dar a unos un voto de menor valor en medio de la aprobación general.

El voto de menor valor es igual al impuesto mayor decretado para unos y no para otros.

La moral, las leyes superiores, esas ideas que se tiene sobre la naturaleza humana y sobre creencias como la verdad, la honestidad, la libertad y demás, son el mayor sistema de defensa en contra de la posibilidad de abuso gubernamental en las leyes. Son la solución al dilema del legislador.

Cuando esa moral se pierde, no tardará la sociedad en ser víctima de abusos de autoridad.

Comencé con el dilema del legislador por encima de la ley. No debe estarlo y cuando crea él leyes, podrá estar un poco por encima de la ley, pero jamás podrá estar por encima de la moral.

Los cuatro tipos de leyes que santo Tomás ha explicado son una solución al dilema del legislador: no puede él estar por encima de leyes superiores a las humanas.