Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Suicidio: Sus Razones
Leonardo Girondella Mora
4 mayo 2012
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


En su reacción inmediata, el suicidio tiene una connotación negativa —es una noticia desagradable escuchar que alguien se ha quitado la vida, como cuando hace poco se reportaron frecuentes suicidios juveniles en Rusia:

Una trágica oleada de suicidios juveniles conmociona a Rusia. Sólo la semana pasada se suicidaron cuatro menores de edad. Los expertos mencionan entre las causas principales el uso excesivo de Internet y la falta de atención de sus padres, además del ritmo frenético de la vida… Otras razones que llevan a los menores a tomar la decisión de quitarse la vida son las decepciones amorosas o el fracaso en los estudios.

Sin embargo, en ocasiones tiende a justificarse o al menos a buscar la comprensión de alguna muerte concreta —quizá como el célebre suicidio en Grecia, cometido por quien llegando a la miseria no quería buscar alimentos en basureros.

En lo que sigue, exploro al suicidio, sus justificaciones y supuestos.

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La fase personal comienza con presuponer que cualquier vida mísera, sin sentido y absurda es algo muy indeseable —algo que debe ser acabado. Si es la propia vida, y ella es tan poco valiosa, la persona llega a sentir esa posibilidad de terminarla.

Pero hay otra presuposición más general que es anterior a la fase personal. Es el presuponer otra idea, la de que las cosas malas en esta vida deben ser combatidas —idealmente terminadas y extinguidas.

Es la idea base que sostiene todo al final de cuentas. La misma que se siente para acabar con problemas como la pobreza es la que inicia el razonamiento que justifica el suicidio —en este caso terminar con una vida miserable, la propia, una que no tiene sentido continuar.

Consecuentemente, la argumentación en favor del suicidio inicia con una idea real, aceptada y cierta: la de que es deseable terminar con las cosas malas, con lo negativo que existe —y continúa argumentando que si eso está bajo el poder de una persona, ella tiene el deber de actuar.

De esas premisas, se pasa a otra, la de pensar que una vida sin sentido, que carece de significado, que es mala y miserable es algo negativo que debe terminarse. La premisa es real y cierta —sin duda es algo indeseable una vida de ese tipo.

La premisa que sigue es pensar ya en concreto, en un caso específico de una vida sin sentido, la propia. Es una premisa necesaria si se quiere justificar el suicidio.

La cuarta suposición es real y cierta: suponer que está dentro de las facultades propias el poder quitarse la vida —el cometer el acto mismo de suicidio. No hay duda de que se tiene ese poder.

De esas cuatro premisas, es posible llegar a una conclusión perfectamente lógica —la de que debe la persona quitarse la vida si su existencia es algo absurdo, triste, sin propósito, sin valor.

Nadie podría argumentar en contra de esa conclusión —excepto por un detalle que cambia todo.

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Examino, en orden, la validez de cada una de esas cuatro premisas esas premisas.

1. ¿Es cierto que debe intentarse hacer desaparecer las cosas malas de este mundo? Definitivamente sí —debe aceptarse la premisa.

2. ¿Es cierto que una vida sin propósito no significado es algo malo? Por supuesto, no puede negarse, es verdad.

4. ¿Es cierto que toda persona tiene el poder para quitarse la vida por voluntad propia? Sí, es verdadera esta premisa —todas las personas tienen ese poder.

El lector habrá notado que hasta este momento he ignorado la premisa 3 —la que dice que la vida propia es mísera, que no tiene sentido, que es absurda, que es mejor terminar con ella. ¿Es cierta esta premisa y debe aceptarse?

Si se responde afirmativamente, entonces la lógica del suicidio es innegable —pero el gran detalle es lo que sucede si se responde que no es una premisa cierta, ni real. Es decir, el centro de la discusión sobre el suicidio es la apreciación propia de vivir una existencia tan sin sentido que merece ser acabada.

La premisa 3, por tanto, puede ser puesta en duda con extrema facilidad y con eso invalidar un razonamiento que de otra manera justificaría el suicidio. Esto es lo que debe tratarse con detenimiento.

La apreciación de la propia vida como una existencia sin sentido y mala es siempre una opinión personal —que está alimentada por sentimientos, emociones y en general, un buen grado de extrema desesperación. No es un juicio calmado y objetivo en el que pueda confiarse.

Esa apreciación, más aún, puede cambiar en el tiempo —las circunstancias se modifican y pueden volverse mejores, o no tan malas. Resulta difícil justificar una decisión irreversible basada en una apreciación momentánea altamente influida por sentimientos de desesperanza.

Esto es suficiente como para destruir la lógica del suicidio. De sus cuatro premisas, tres son reales y ciertas —pero una de ellas es falsa o al menos muy dudosa, lo que basta para anular todo el razonamiento.

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Hay algo más, sin embargo —lo que algunos podrían argumentar de inmediato diciendo que toda vida humana es efectivamente absurda, que no tiene sentido ni lógica la vida de ningún ser humano. Creer en esto como algo válido altera todo el razonamiento anterior.

Si en verdad la vida de todas las personas es absurda y carece de propósito, no hay manera de evitar una conclusión: no sólo debo quitarme la vida, también debo quitar la vida de todos los que pueda. Les haría un bien a ellos y a mí.

No es exagerada esa conclusión —es la culminación del razonamiento añadiendo una premisa, la de que toda vida humana es mala porque no tiene objetivo ni sentido.

Me parece que esa conclusión será rechazada por la mayoría. Un rechazo principalmente motivado por la creencia de que la vida sí tiene sentido —uno existe por alguna razón.

Es decir, la cuestión del suicidio es una que se centra en el sentido de la vida —en el encontrarle propósito a pesar de que en ella hay sufrimiento, de que eventualmente todos morirán. Es aquí donde se bifurcan las ideas:

• Creer en una existencia finita —una que termina con la muerte, después de la que la persona desaparece del todo y que por eso demuestra que no hay significado en la vida. Es la opinión de que los humanos son un accidente biológico en un mundo improbable.

• Creer en una existencia infinita —una que no termina con la muerte, sino que continúa sin fin en otro mundo. Una creencia totalmente ligada a otra, la de la existencia de un Ser Superior, creador del universo. Es la opinión de que los humanos tenemos sentido y significado en un mundo que también los tiene

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Con lo anterior, quise explorar la debilidad que existe en la defensa del suicidio —incluso en situaciones de desahucio. Y mostrar también que el tema es uno que se eleva hasta la más crucial pregunta que puede hacer un humano, ¿existe Dios?

Para esta columna usé los recuerdos de algunas lecturas de Chesterton, pero sobre todo algunas ideas de la obra de Morris, T. V. (1992). Making Sense of It All: Pascal and the Meaning of Life. Wm. B. Eerdmans Publishing Co.

Addendum

Es este un análisis frío de las presuposiciones que contiene un suicidio y que son las cuatro que mencioné. Tres de ellas son válidas y ciertas, por lo que resulta inútil alegar en su contra. Es la premisa que juzga a la propia vida como sin sentido la que es falsa o al menos dudosa: no puede confiarse en el juicio objetivo de la persona que considera al suicidio como una posibilidad real.

Su estado mental está tan alterado que no se le podría confiar incluos otras tareas de menor importancia —mucho menos pensar que sus opiniones sobre ella misma son objetivas. Ya que esta premisa que validaría el suicidio es incierta, el suicidio no sería una acción justificada. Incluso el no creyente en un Ser Superior no podría justificar su acción.

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