Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Libro que Cambió la Realidad
Selección de ContraPeso.info
4 septiembre 2012
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Análisis
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ContraPeso.info presenta una idea de Samuel Gregg. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de publicación.

La idea central del escrito es determinar el impacto a 30 años de distancia, de una de las obras más trascendentales de la última mitad del siglo pasado.

1982 no fue un año feliz para la libertad. Una recesión severa y prolongada se apoderó de EEUU. Muchos comenzaron a preguntarse si Ronald Reagan iba a ser un presidente de un sólo período.

El desempleo en Gran Bretaña alcanzó un máximo desde la posguerra. Al otro lado del Canal, François Mitterrand estaba ocupado nacionalizando los bancos y aumentando los impuestos. Los sandinistas de Daniel Ortega estaban controlando firmemente Nicaragua.

El control soviético sobre Europa del Este parecía más fuerte que nunca. Solidaridad parecía acabado a raíz de la declaración del general Jaruzelski de un “estado de guerra” en contra de su propio país. En Oriente Medio, el Líbano fue cayendo en la anarquía.

Y justo al noreste, el presidente de Siria Hafez al-Assad —padre de Bashar al-Assad — estaba ordenando a sus fuerzas de seguridad arrasar la ciudad de Hama. Miles murieron posteriormente. Algunas cosas nunca cambian.

Por supuesto, había una ocasional luz en medio de la oscuridad. Contra todo pronóstico, Gran Bretaña liberó a las Malvinas, precipitando el colapso de la corrupta junta militar de Argentina.

Hace treinta años, sin embargo, ocurrió otro evento que haría una profunda contribución de largo plazo a la lucha por la libertad: la publicación en 1982 del magnum opus de Michael Novak, El Espíritu del Capitalismo Democrático.

Desde el ventajoso punto de vista en 2012, es fácil olvidar cuán radical era este libro. Al redactar el Espíritu, Novak fue el primer teólogo que hizo realmente una defensa sistemática profunda, moral, cultural y política, de la economía de mercado.

No hay necesidad de decir que el libro de Novak generó reacciones violentas de la izquierda religiosa. El agravio probablemente se acentuó por el hecho de que el Espíritu confirmó lo que se había hecho evidente a partir de mediados de los años 70: Novak estaba avanzando en su camino dejando atrás su anterior posición de izquierda.

Hace treinta años, sin embargo, muchos cristianos —protestantes, católicos, ortodoxos, clérigos y laicos— marchaban precisamente en la dirección opuesta a Novak. Los teólogos de América y Europa Occidental seguían estando mágicamente fascinados con el “diálogo” con el marxismo.

La lucha opuesta, dirigida por el Beato Juan Pablo II y el cardenal Joseph Ratzinger contra las herejías doctrinales y el análisis marxista subyacente en la teología de la liberación, apenas había comenzado.

En este país, la conferencia católica de los Estados Unidos obispos emitía lo que parecía ser una catarata inacabable de comentarios sobre temas económicos que invariablemente reflejaban una monótona línea de izquierda suavizada.

Luego, en 1986, la Conferencia Episcopal publicó Justicia Económica Para Todos —un documento cuyo 25 aniversario pasó sin pena ni gloria en 2011, y que tenía todas las características de la influencia de personas que pensaban que los “dos Johns” (Rawls y Keynes Maynard) habían dicho la última palabra acerca de la justicia y de la economía, respectivamente.

A diferencia de la Justicia Económica, el Espíritu de Novak sigue proporcionando inspiración hoy en día —algo que no se ha limitado a los estadounidenses.

Su traducción y publicación clandestina por parte de disidentes en la Polonia comunista en 1986, reflejó el hecho de que no sólo los que realmente experimentado al socialismo real en toda su mortal mediocridad sabían que había fracasado el colectivismo, sino que también se entendió que no había una “tercera vía”.

Al mismo tiempo, los europeos del centro y del este no estaban impresionados con argumentos meramente utilitarios o de eficiencia de los mercados. Ellos querían plantar a las economías libres en una visión más amplia y más rica de la persona humana. Muchos de ellos encontraron lo que estaban buscando en el Espíritu.

Naturalmente, partes del libro de Novak han sido superadas por acontecimientos, como la derrota del comunismo en Europa del Este y la ex Unión Soviética, el colapso virtual de la teología de la liberación en todo el mundo católico y el surgimiento de nuevas generaciones de obispos y sacerdotes que saben que la política económica es en gran medida una cuestión de criterio prudencial para los laicos.

Y sin embargo, los puntos fuertes del Espíritu se conservan. Estos incluyen a una mente católica que toma en serio

• a las perspectivas económicas y filosóficas de Adam Smith;

• a la afirmación de que los mercados deben estar fundados sobre particulares hábitos e instituciones morales, políticos y jurídicos;

• a la atención sobre cómo el conocimiento de la realidad del pecado nos debe prevenir contra la utopías económicas;

• y, quizás por encima de todo, al esfuerzo sostenido para localizar al capitalismo democrático dentro de una visión de Dios y del hombre, dándole así sentido teológico auténtico.

Todas estas incursiones intelectuales ayudaron a facilitar una reconsideración seria de los méritos morales de la economía de mercado, no sólo por parte de los católicos sino también de otros cristianos.

Muchas de las hasta entonces predominantes visiones del capitalismo, como las concepciones completamente inadecuadas y engañosas promovidas por Weber y Marx, de repente parecieron muy discutibles. En todo el mundo, en libros y artículos comenzaron a aparecer las ideas que Novak había expuesto.

En retrospectiva, es difícil de disputar la trayectoria entre los temas particulares contenidos en el Espíritu, y algunas de las declaraciones positivas sobre la economía de mercado que se encuentran en 1991, en la Encíclica Centesimus Annus de Juan Pablo II. ¡De hecho, fue la izquierda la primera en señalarlo!

Pero el efecto más importante y subestimado del Espíritu estuvo en miles de líderes de negocios y empresarios de todo el mundo. Novak había logrado poner en palabras algo que instintivamente sabían: que su trabajo diario no era un mal necesario, ni algo intrínsecamente inmoral.

En lugar se eso, los negocios podrían ser entendidos como un Deus vocans ab —un llamado de Dios que permitió, a la gente dedicada a la literal transformación del mundo, a transformarse ellos mismos en la dirección del bien.

En breve, no era sólo que, dada la configuración adecuada, los negocios y los mercados libres son las maneras más rápidas para disminuir la pobreza. También era posible encontrar una chispa de lo Divino en la misma actividad de la propia empresa.

No es sorpresa que el Espíritu de Novak sigue atrayendo a los críticos de hoy en día. Algunos en la izquierda lo castigan como un esfuerzo insidioso para la santificación de un sistema esencialmente inmoral.

También causa escozor en aquellos que tienden a idealizar un mundo perdido de gremios o que persisten en la promoción de modelos económicos corporativistas en la creencia errónea de que éstas son las únicas visiones económicas que pueden ser promovidas por los cristianos fieles.

En todo caso, sin embargo, la trayectoria actual de la política económica en EEUU y gran parte de Europa occidental nos dice lo mucho que en la actualidad necesitamos las ideas del Espíritu y libros similares.

Incluso después de la Gran Recesión de 2008, no es difícil justificar económicamente a los mercados.

Pero por ahora, los conservadores y los partidarios del libre mercado deberían haber aprendido (pero en muchos casos aparentemente no lo han hecho) que tienen que tener argumentos morales más fuertes y más persuasivos en los debates acerca de la economía política, en vez de tratar esos temas como “subjetivos”, “relativos” o “no científicos”.

Y esto no es simplemente un asunto de tácticas inteligentes en lo que seguramente será una batalla incesante contra los que ponen su fe en la democracia social con planificación de arriba abajo, el estado de bienestar, o la emotividad de “esperanza y cambio” e ilusiones.

La moralidad es parte tanto de la verdad acerca de la realidad como la oferta y la demanda. Los economistas más perspicaces, desde Adam Smith a Wilhelm Röpke, siempre han entendido esto.

Y aquí puede estar el significado de largo plazo de El Espíritu Del Capitalismo Democrático. Sigue pidiendo a todos los que se preocupan por la libertad a mirar hacia arriba y ver que la verdad sobre el hombre —económica, cultural, política, moral y teológica— es, por su propia naturaleza, indivisible.

Debemos aceptar los riesgos de negar cualquier parte de esa verdad.

Nota del Editor

Es grande el mérito de S. Gregg al enfatizar el impacto de la obra de M. Novak. En lo personal, confieso, fue esa obra, leída al principio de los años 80, una de las mayores influencias intelectuales que recuerdo y causa de un aún mayor interés en asuntos políticos.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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