Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Cuestión de Carácter
Eduardo García Gaspar
26 abril 2012
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SEXUALIDAD
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La persona defendió a los matrimonios de personas del mismo sexo.

Lo hizo como si fuera la más natural de las opciones. Su tono era el de una obviedad.

Encerraba un desprecio notable por quienes piensan diferente.

Otro caso que es irresistible de ver más de cerca.

Primero, porque no es algo tan simple. Lejos de eso, merece examinarse. No es algo obvio, ni algo lógico que deba aceptarse sin cuestionarse.

Es mejor ser prudente y reconocer que aceptar matrimonios de personas del mismo sexo es algo serio, con consecuencias. Seamos organizados.

Comencemos por la opinión tradicional. En esta visión del matrimonio y la familia, ellas se entienden como instituciones vitales que tienen una naturaleza heterosexual. Los actos sexuales son naturalmente reproductivos, crean vida nueva que debe desarrollarse integralmente.

Un hombre y una mujer proveen ese ambiente de largo plazo necesario para el desarrollo de sus hijos y el complemento mutuo en el resto de su vida. La historia apoya esta idea, la solidez familiar crea mejores seres humanos.

No se puede jugar con redefiniciones de familia y matrimonio sin pensar en consecuencias de largo plazo y quizá desconocidas.

Vayamos a la opinión progresista, la que apoya a los matrimonios de personas del mismo sexo. Es muy diferente a la anterior. Su idea central es que el acto homosexual puede ser una manifestación amorosa igual a la heterosexual y que, por eso, merece ser vista también como un matrimonio.

Para quienes piensan así, el potencial reproductivo pasa a segundo plano, o incluso es ignorado. No importa que sea imposible tener hijos, dicen, existe el amor entre personas del mismo sexo que justifica el sexo entre ellas y, más aún, legitima la existencia de ese tipo de matrimonio y familia, totalmente diferente a la tradicional.

Es obvio que entre las dos opiniones existe una oposición total, esencialmente originada por las relaciones sexuales.

El argumento más usado por la opinión tradicional es el de calificar a los actos homosexuales como opuestos a la naturaleza humana, corporal sobre todo. Los órganos sexuales se usan de manera distinta y, por supuesto, es imposible la concepción.

Esta es la razón por la que la opinión tradicional también rechaza los actos sexuales “desviados” heterosexuales, porque hacen lo mismo, usar los órganos sexuales de manera distinta a la que llevaría a la creación de vida. La misma razón por la que el sexo solitario es reprobado de acuerdo con esta opinión.

Sea la que sea su opinión, lo que creo que vale esta segunda opinión es al menos evitar la posición soberbia de creer que el asunto no tiene discusión posible y que el matrimonio homosexual es la opción tan natural que el tema ya no merece ser discutido. Por supuesto que lo merece.

No es nada claro que el matrimonio de personas del mismo sexo sea lo obvio y natural. Representa un cambio sustancial, de consecuencias que ni siquiera sabemos que puedan tenerse.

Es toda una redefinición de la sociedad y su continuidad. Cambiar la noción de matrimonio implica modificar la estructura tradicional de la familia. La sociedad es una estructura muy sensible, que resulta afectada con eso.

Más aún, resulta también en una modificación de nuestras ideas sobre la naturaleza humana. Un cambio sustancial.

La sociedad se torna más permisiva, más inclinada a los goces materiales, menos virtuosa, más irresponsable. Más hedonista y materialista, más inclinada al corto plazo. Menos atenta al largo plazo.

No sólo eso, resulta también que discusiones morales como ésta terminan siendo decididas por gobernantes bajo la presión de grupos de interés de uno y otro lado. Los gobiernos, por esto, se convierten en árbitros morales últimos y convierten a sus leyes en el más alto estándar ético. Lo bueno y lo malo terminan siendo definidos por mayorías activistas y opiniones superficiales.

A lo que temo es a la destrucción de la idea del ser humano como algo alto, digno, que se construye con esfuerzo y sacrificio, que rehuye los placeres y gozos momentáneos y materiales.

Temo al síndrome del niño mimado, al que se le cumplen sus caprichos y fantasías, sin medir las consecuencias en su carácter. Temo al ablandamiento de la voluntad y al triunfo del deleite inmediato e irresponsable.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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