Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Frase, Rica, Breve
Eduardo García Gaspar
2 agosto 2012
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No creo que se le ponga atención. Pero es un tema vital.

¿Que hacer con la libertad?

Para los defensores de la libertad es un problema.

Sí, la defendemos en contra de socialistas y otros, pero qué hay al final de esa defensa.

Defender la libertad de las personas significa promover su soberanía, su talento, su capacidad para hacer cosas, las que ellas decidan hacer.

Es parte de nuestra naturaleza ser libres. Por eso podemos pensar y actuar. Sin libertad no tiene sentido tener capacidad de razonar. Hasta aquí, las cosas son las estándares. No hay complicación.

Es lo que hace criticar, por ejemplo, al intervencionismo estatal, al socialismo, a las dictaduras de todo signo, a los monopolios, a las leyes asfixiantes, a los impuestos altos, al estado de bienestar.

Es lo que hace promover al libre mercado, al comercio libre, a la democracia, a las libertades de expresión, religión y a la propiedad privada.

Perfecto, pero al final todo se convierte en la decisión de una persona de hacer algo concreto y específico, lo que sea. Y eso es en realidad, una rendición de la libertad.

Un ejemplo lo aclara: el matrimonio, si es libre y voluntario, es una decisión de dos que rinden su libertad a las condiciones de ese matrimonio (fidelidad, compromiso y demás).

Es decir, los actos libres son al final de cuentas acciones en los que la libertad se pierde en alguna proporción. Si decido libremente escribir esto, ello es una renuncia a mi libertad posible para andar de perezoso escuchando a Mozart.

Todo acto libre supone pérdida de libertad, al menos en ese momento, y por decisión voluntaria.

No es una idea simple. Cuando la he expresado, los mismos defensores de la libertad parecen no entenderla en su efecto final. Una frase de hace muchos siglos, que encontré hace unos días, trata el tema admirablemente. Ella dice,

“Procedan como hombres verdaderamente libres, obedeciendo a Dios, y no como quienes hacen de la libertad una excusa para su malicia” (1San Pedro, 2-16).

Aunque usted no sea religioso verá la riqueza de la frase. En pocas palabras lo expresa mejor que yo.

La persona realmente libre es la que se pone a las órdenes de Dios, dice allí, la que lo obedece. Pero la misma libertad es la que puede llevar a ponerse bajo el dominio de otras cosas.

Esto es una gran paradoja humana. Realmente impresionante.

Veamos esto desde el otro lado. Digamos que una persona, la que sea, por medio de actos y decisiones libres, se convierte en un criminal.

No hay duda de que ha sido libre, de que sus decisión pudo haber sido otra, pero no lo fue. Su libertad le sirvió para tornarse en alguien que obedece a todo eso que lo convierte en criminal.

La criminalidad es ahora la que domina su libertad, con un añadido fascinante: puede usar esa misma libertad para dejar de ser criminal.

Por consecuencia, la libertad es algo que se rinde ante cada una de nuestras decisiones. La mantenemos sólo para seguir siendo lo que queremos, o para cambiar.

Vuelvo a la carta de San Pedro. Allí se define a la libertad verdadera como una paradoja: ser libre es obedecer a Dios. En cambio, la otra libertad, la falsa, es la libertad que sirve de pretexto para hacer el mal.

No sé usted, pero a mí me entusiasma encontrar estas nociones tan reveladoras, puestas en palabras que todos pueden entender. Es eso de “todo puedes hacer, pero no todo debes hacer”.

Desde que comencé a escribir columnas de opinión, por allá en 1982, si no recuerdo mal, he defendido a la libertad. Muchas veces me he preguntado qué sentido tiene hacerlo. Mucho, según yo.

La libertad es parte de nuestra misma naturaleza. Pero dudé también, porque defendía, por extensión, libertades de mérito dudoso, como la pornografía, o el consumo de drogas.

Supongo que en realidad, al final de cuentas, defender la libertad sea defender la oportunidad que todos tenemos de hacer lo bueno. Y si es que hacemos lo malo, defender la oportunidad que tenemos para corregirlo y enmendar la situación.

Esto tiene consecuencias profundas: significa que la libertad necesita por definición un código moral que le sirva de guía. Sin reglas éticas nuestra vida en libertad sería una serie desordenada de actos sin sentido final.

Lo que me maravilla es que una sola frase haya podido resumir tanto.

Post Scriptum

L. Girondella trató este mismo tema, mejor que yo, en Los Momentos de la Libertad. Dice allí que se intuye que,

la libertad presenta el dilema de rendirla frente a decisiones morales o éticas a las que se considera superiores. Es el poder ser libre de hacer cualquier cosa y al mismo tiempo, de manera voluntaria, sujetar esa libertad rindiéndola ante lo que la persona considera que es más alto que la libertad de hacer todo.

Quiero añadir un elemento que puede ser extraño para muchos: en nuestra Antropología, el estudio de nosotros mismos, siempre debe considerarse esa capacidad que tenemos para hacer cosas terribles al mismo tiempo que podemos hacer cosas admirables.

Poner la atención en los actos reprobables y crueles de los que somos capaces, nos lleva a la desesperante visión de un ser humano bajo e innoble. Si hacemos lo opuesto y vemos sólo las grandes cosas que podemos realizar, eso nos lleva a una visión soberbia y altiva de nosotros mismos.

Es el considerar ambas posibilidades lo que nos pone en alerta cuando usamos la libertad. No conozco otra teoría antropológica que la Cristiana, que esté tan basada en esta visión combinada de posibilidades.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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