Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Lección Administrativa
Eduardo García Gaspar
2 abril 2012
Sección: NEGOCIOS, Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en:


Demasiadas veces son simples modas. Usos que parecen innovadores, pero que son cosas viejas.

Un cambio de palabra las hace ver muy nuevas.

Esto es muy notorio en las innovaciones en la administración de empresas.

Un ejemplo es fascinante.

Para verlo necesitamos regresar unos miles de años atrás. Sí, miles. Es una narración de la Biblia.

Está en el Éxodo (18, 13-27). Y muestra algo de simple sentido común: la delegación de autoridad, como un principio de administración de mero sentido común.

La historia comienza con una situación muy común.

Moisés, que conducía al pueblo judío por el desierto, hacía también labores de juez. La gente presentaba ante él sus asuntos y él los juzgaba.

Mientras, el resto de las personas permanecían de pie, junto a él (una variante de juicios públicos, que en México son una novedad). Eso le ocupaba, “de la mañana a la noche”, dice el texto.

Pero resulta que Moisés tiene un suegro que podría ser hoy un consultor de negocios. El suegro se acerca a Moisés y le interroga.

“¿Qué significa eso que haces con el pueblo? ¿Por qué lo haces tú solo, mientras la gente se queda de pie junto a ti, de la mañana a la noche?”

Moisés responde que es su deber resolver los asuntos de la gente. Se siente indispensable.

Podemos imaginar al suegro moviendo la cabeza delante de Moisés, quizá sonriendo ante el que cree que todo es responsabilidad suya. El suegro, entonces, le da un diagnóstico de la situación:

“Lo que haces no está bien. Así quedarán completamente agotados, tú y toda esa gente que está contigo. Esa tarea es demasiado pesada para ti, y tú solo no puedes realizarla”.

Un buen consultor que primero habla sin tapujos. Después vino la definición del papel de Moisés:

“Yo te daré un consejo, y que Dios esté contigo. Tú debes representar al pueblo delante de Dios y exponerle los asuntos de la gente. Al mismo tiempo, tienes que inculcarles los preceptos y las instrucciones de Dios, y enseñarles el camino que deben seguir y la manera cómo deben comportarse”.

Y aquí entra lo bueno. El suegro dice,

“tienes que elegir, entre todo el pueblo, a algunos hombres capaces, temerosos de Dios, dignos de confianza e insobornables, para constituirlos jefes del pueblo: jefes de mil, de cien, de cincuenta y de diez personas. Ellos administrarán justicia al pueblo permanentemente”.

El suegro se anticipa sabiamente a la posible objeción de Moisés:

“Si hay algún caso difícil, que te lo traigan a ti, pero que juzguen por sí mismos los casos de menor importancia. De esa manera, se aliviará tu carga, y ellos la compartirán contigo. Si obras así, y Dios te da sus órdenes, tú podrás resistir y toda esa gente regresará en paz a sus hogares”.

El asunto bien vale una segunda opinión para apuntar que lo que es mero sentido común en todos los tiempos, en algunos es visto como algo novedoso al usarse alguna palabra llamativa.

La idea del suegro es ahora llamada delegación de autoridad y es simplemente el darse cuenta de que nadie puede hacer todo, todo el tiempo.

La narración cuenta que Moisés hizo lo que su suegro había sugerido y tuvo buenos resultados. El administrador con el problema le hizo caso al consultor de empresas. No es común que suceda.

Muchas soluciones de consultores son demasiado idealistas y muchos de sus clientes son tercos en extremo. Todos conocemos a esos a quienes les es imposible delegar creyéndose indispensables.

No sé a usted, pero partes de la Biblia como la que trato aquí me resultan fascinantes por la universalidad que tienen y el sentido común que demuestran.

Esto es algo que a las religiones en general se les niega, pero que en el caso de la Biblia posee en cantidades enormes. Y eso que sólo vimos un caso de una lección en administración.

Si usted aplica la misma idea de delegación de poder, terminaría en una situación de libertad del ciudadano para hacer por él mismo la mayoría de las cosas, acudiendo a la autoridad sólo en casos excepcionales que no pueda él resolver.

Esto es buena parte de lo que me ha hecho opinar que en el Cristianismo, que es mi religión, existe una gran dosis de lógica y razón.

Negar que posee esas cualidades es otra moda de nuestros tiempos, gracias a la que perdemos lecciones universales, no sólo como ahora de sentido común, sino de creencias.

Post Scriptum

En columnas anteriores he tratado sobre la Biblia, como en la narración de la curación de Naamán, una historia que reta las expectativas humanas, como lo apunté en Retrato de la Humanidad.

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