Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Utopías en Oferta
Eduardo García Gaspar
30 marzo 2012
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Al final de cuentas, las elecciones son eso, utopías en oferta.

Mundos ideales a la venta.

Cada partido, cada candidato, las ofrece: “si me eligen, la nación será salvada, viviremos todos en un mundo ideal… si soy yo el elegido”.

La idea tiene su historia.

Comienza ella con la propuesta de que en algún momento se vivía en el mundo ideal o natural, en donde todo era maravilloso. Pero la sociedad, se piensa, cambió al ser natural en el hombre y, para corregir esa maldad es necesario tener un gobierno.

Esa historia y sus consecuencias son todo un marco mental. Allí están, en general, muchos de los pensadores que con sus ideas nos influyen, como Séneca, o Rousseau.

Es como un contraste entre el mundo ideal y el real, con la adición significativa de que el gobernante hará posible el regreso al mundo natural bueno.

Las campañas electorales son un producto de ese marco mental. Usted puede verlo con facilidad. Las propuestas de gobierno de los candidatos son un ofrecimiento a una mejor vida que sólo es posible si alguno de ellos es elegido. Tienen ellos sus proyectos de nación, sus plataformas políticas.

Y entre ellas el votante selecciona con su voto la que más le atrae. Al final de cuentas, esas son las elecciones democráticas.

Hay, sin embargo, un pequeño problema, que bien merece una segunda opinión. Veamos esto con calma y brevedad.

Primero, la idea de un mundo anterior, una especie de estado natural benéfico y bondadoso. Esta muy bien representado en la historia Cristiana del paraíso original.

Segundo, la idea de que en la realidad ese paraíso no existe más. Las dos cosas, unidas, llegan a lo obvio: el deseo de volver a ese estado maravilloso de cosas.

Es entonces cuando las cosas se ponen interesantes, con la adición de otro elemento, la creencia de que eligiendo a cierta persona o cierto partido se podrá retornar al mundo ideal.

No sé cómo dar la mala noticia, pero la verdad es que no importa a quién se elija, ni quien gobierne, ese estado ideal de cosas no regresará. Ningún hombre tiene esa capacidad. Ninguno.

Es una cuestión de simple sentido común. Llevamos varios miles de años de historia humana, sin que ningún gobernante lo haya hecho posible. Cierto, ha habido unos cuantos gobiernos dignos de admiración, pero la regla es la de gobiernos imperfectos.

Realmente no ha habido gran adelanto gubernamental. Los gobiernos sufren los mismos problemas de hace siglos y milenios.

Esto debería tener consecuencias en la manera de pensar de los ciudadanos. La primera de ellas es la natural: no crear expectativas exageradas en las elecciones. Ningún candidato es garantía de nada en realidad. Sus ofertas de utopías son meras exageraciones de marketing persuasivo.

La segunda consecuencia es bastante menos obvia que la primera. Se refiere a pensar en una regla proporcional: cuanto más salvador se sienta el candidato, más probabilidad hay de un mal gobierno. Cuanto más soñador, utopista, parezca el candidato, peor será la realidad que tenga su gobierno.

Piense en la utopía ofrecida por el comunismo y la realidad de la URSS o China, o Cuba. Piense en el socialismo personalizado de Hugo Chávez.

Cierto, son ejemplos extremos, pero eso mismo se presenta en todos los candidatos. Por lógica, el candidato que menos piense ser la encarnación de la voluntad nacional, será el menos malo de todos al momento de gobernar.

De otro lado, piense en esto. Es cierto que nuestro mundo está lejos de ser perfecto y que la causa de esto es la propia imperfección de cada uno de nosotros.

Si esto es cierto, resulta irracional seleccionar a un ser humano, que es imperfecto, para lograr un mundo perfecto e ideal. Los gobernantes no son mejores que el resto de nosotros. Tampoco tienen la capacidad de realizar utopías.

Hay al menos otra consecuencia: el votante debe tener una actitud con buena dosis de escepticismo ante los candidatos a gobernantes.

Creerles como máximo la mitad de lo que dicen, pensar que sólo podrán realizar la cuarta parte de lo que prometen si es que les va bien y aceptar que tienen motivaciones personales de casi cien por ciento.

Claro que en los momentos cotidianos es muy posible que toda esta prudencia de olvide en medio del entusiasmo electoral, o de la indiferencia que cree. Al final, todo es mero sentido común.

Post Scriptum

Las ideas anteriores son una consecuencia inevitable de la libertad política que tiene el ciudadano para seleccionar gobernantes y gobiernos. No es una libertad gratuita que pueda ejercerse sin la contrapartida de la responsabilidad de ser prudente.

Dentro del Cristianismo, la vuelta al paraíso sólo será realidad con el regreso de Jesucristo. Mientras tanto, no es posible. Para el no cristiano, aunque esta creencia no importe, no le queda otra opción que la de ver como imposible la realización de mundos ideales implantados por gobernantes humanos.

La imperfección humana se manifiesta en (1) la posibilidad de error en las decisiones y (2) la posibilidad de realizar actos indebidos. Nadie está exento de esas dos posibilidades. Véase la idea de J. M. Luis Mora.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Utopías en Oferta”
  1. andres Dijo:

    Estoy de acuerdo, pensar que alguien te va a solucionar la vida es algo ilogico y cada personaje en este mundo es tambien otro mundo completo. Sí se pueden dar cambios, pero ellos nunca estaran en el sufragio, arrancan en uno, terminan en uno y favorecen a uno. El mundo de cada ser humano es la forma en que se percibe y se actua en el.





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